Lo mejor de 2016 por… Alejandro García

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Llega el final… La red se desborda de tops despidiendo el año. La/el mejor (película, canción, fotografía, famoso, yogur, botón…) del dos-mil-algo. Todo lo que te interese tendrá un magnifico TOP 10 que puede hacerte pensar, por unos segundos, que si conoces esas 10 referencias ya sabrás todo lo que tenías que saber sobre el tema correspondiente. La cultura del top es un acercamiento bastante pobre, que al final te impide profundizar en las cosas, investigar y adentrarte por todos los rincones de lo desconocido. Pero siempre es más cómodo quedarte en la superficie, chapoteando entre tus 10 referencias, con un halo de objetividad falsa ya que no hay nada más subjetivo y personal que el hecho de querer hacer una lista de 10 referencias de mejor a peor.

Llegando a donde teníamos que llegar… Ya ha acabado el año y me toca hacer mi TOP 10 de mis películas favoritas del año. En España (país donde no llegan a las salas una cantidad considerable de películas) se han estrenado unas quinientas-y-pico películas (el número exacto da lo mismo). Casualmente la mayoría de tops de la red suelen coronar siempre aquellas películas de la industria que han invertido lo suficiente en publicidad como para ganarse un puestecito —¿Qué nos pensábamos…? ¿qué hablábamos de cine? Esto es cuestión de números…—. Pero es lógico, lo que no sale en televisión, no cuelga de un autobús, no es estrenado en Cinesa o nominado a los Goya… No puede ser lo mejor de año.

Siguiendo la filosofía de este blog, la lista de referencias que he escogido caminan al margen de la gran industria, películas que experimentan con la narrativa y la forma, explorando nuevos terrenos que a la industria suele asustar. Estas son mis 10 películas malditas del 2016 algunas vistas en festivales (quizás se estrenen en 2017, pero a saber…).

 

10 — Las mil y una noches Vol.1, Vol.2, Vol.3 (Miguel Gomes)

¿Cómo hacer una película cargada de fantasía pero que al mismo tiempo sea el testimonio de la cruda realidad social que vive Portugal?. Este es el reto que se plantea Miguel Gomes en su última película de 381 minutos de duración que han sido divididos en tres partes, por intereses de distribución. Una obra dotada de una gran imaginación, que consigue criticar y denunciar la situación política de Portugal al mismo tiempo que llena la pantalla de ilusión, magia y humor.

Cabalgando entre la realidad y la ficción, Miguel Gomes transporta al espectador a un mundo fantástico del que no será fácil salir. Una obra compleja pero cargada con la ilusión de un niño, la única salida de la crisis está en los sueños como forma de evadirse de la realidad, pero sin despegar en ningún momento los pies del suelo. Para cambiar la realidad, es necesario estar dotado del espíritu revolucionario de un soñador. Esta es la salida de Miguel Gomes a su crisis personal y social en una adaptación libre de la obra literaria «Las mil y una noches» con una narrativa donde las historias se van encadenando una tras otra.

 

 9 — Historias de dos que soñaron (Andrea Bussmann, Nicolás Pereda)

Andrea Bussmann y Nicolas Pereda nos ofrecen el retrato de un bloque de viviendas en Toronto, a través de la historia de una familia hungáro-romaníes que se encuentra a la espera de conseguir asilo fuera de Toronto. La familia filtra su realidad a través de los sueños de un niño. Una imagen en blanco y negro que es coloreada con la imaginación de Alex, que un día al despertar se da cuenta: que en vez de boca tiene pico y su cuerpo está lleno plumas. Una realidad gris que es dibujada a través de la ficción re-construida con la narración teatralizada que entremezcla los sueños con la vida. La falsificación se impone a la realidad, terminando por ser un reflejo más profundo de la vida en el bloque.

Una familia sin lugar, despojadas de sus raíces y que se aventura a encontrar su sitio entre los laberínticos sueños de un niño. Con mucha naturalidad esta obra cabalga entre el género de lo real y la ficción, desnudando los dispositivos del cine y mostrando las condiciones de vida de la familia. Una historia gris que es forzada a representar el color a través de la ficción, consiguiendo hacer escapar las ansias de volar de la familia que aún busca un lugar donde asentarse. El tiempo de la realidad se desvanece para dejar al espectador sumergido en el tiempo ficcional, un limbo producto de los sueños.

 

8 — Cemetery of Splendour (Apichatpong Weerasethakul)

8-Cemetery of Splendour

No podía quedar fuera del top la última obra del director tailandés Apichatpong Weerasethakul, que invita al espectador a sumergirse en una experiencia de hipnosis, un viaje al mundo de los sueños… El director provoca una especie de trance donde conseguimos soñar despiertos. A través de sutiles metáforas, con planos fijos y con un ritmo lento Cemetery of Splendour nos habla del amor, la política, la religión y las relaciones humanas.

Un grupo de soldados han contraído la enfermedad del sueño, han sido trasladados a un hospital donde los han conectado a unas máquinas, que se aseguran de que su sueño no se altere y descansen tranquilos. Llegará una médium, capaz de escuchar los pensamientos de los soldados dormidos, lo que permitirá a la mujer encargada de sus cuidados poder comunicarse con uno de los soldados. Una película difícil de describir con palabras, cargada de sensaciones en un viaje por un mundo surrealista, para el espectador que sea capaz de conectar con ella.

 

7 — Those Who Jump (Moritz Siebert, Estephan Wagner, Abou Bakar Sidibé)

Cuando Siebert y Wagner contactan con Abou, un joven de Mali que lleva 15 meses viviendo en una montaña cercana de Melilla intentando saltar la valla, le dan una cámara para que deje constancia de todo lo que sucede en sus vidas mientras intentan llegar a Europa. Durante un año Abou graba su forma de vida, los intentos de saltar la valla, los partidos de fútbol, las huidas de la policía marroquí y sus reflexiones más íntimas. Cada tres meses los directores daneses visitaban a Abou para recoger las tarjetas, pero sin tocar la cámara en ningún momento. La cámara nos muestra una realidad, que puede parecer que conocemos por las continuas imágenes de los informativos, pero Les Sauteurs nos muestra una realidad completamente desconocida, nos lleva a presenciar en primera persona las dificultades a las que hacen frente estos jóvenes por tener la posibilidad de un futuro mejor.

Observamos como la cámara de Abou evoluciona, deja de guiarse por instintos para dejar constancia, de su mirada de cineasta. La experiencia con la cámara, le ha enseñado a expresarse a través de la creación imágenes, a mirar de una forma distinta la realidad. Mediante una voz en off, el personaje reflexiona sobre lo que graba. Con un sentido poético, plasma sus ideas y sentimientos, que de la mano de las imágenes dan fruto un largometraje realizado en el infierno, pero de una increíble belleza. Abou tiene la necesidad de registrar sus vivencias en las montañas de Marruecos y nos regala un fiel testimonio cargado de naturalidad, humor y sentimientos.

 

6 — Dead Slow Ahead (Mauro Herce)

Mauro Herce nos ofrece una visión muy distinta de la navegación. En su primer film como director, Dead Slow Ahead nos conduce hacia una experiencia vivencial, con la combinación de imágenes y sonidos nos sumerge en la inmensidad del mar. Un ritmo pausado con el que crea una atmósfera oscura y desconcertante que te atrapa y desorienta. El espectador es trasladado al interior del barco donde siente el tambaleo, la pérdida de rumbo y el movimiento inerte de la máquina. Su mirada se pierde en el horizonte infinito —donde el mar se entrelaza con el cielo— generando una sensación de vacío, una pérdida de referencias, de una realidad que no reconocemos como si nos encontráramos en otro tiempo, atrapados entre las paredes de una fría prisión.

Un film sensorial que sin necesidad de utilizar las avanzadas técnicas de la industria del cine consigue sumergirte en una realidad —sin apenas esfuerzo— con solo sonidos e imágenes. El silbido del viento, los pitidos del carguero y el rugir de las olas consiguen arrastrarte hacia la profundidad del océano. Mauro Herce consigue hacer pasar al espectador por su propia vivencia en el carguero, hacerle sentir lo mismo que el sintió cuando observaba la tierra disolverse en el horizonte. Un documental que no te cuenta, sino que te dice «¡Siéntelo!, vive en primera persona la soledad, el aislamiento de la sociedad, la deshumanización, la pérdida de contacto con la naturaleza, la continua presencia de las máquinas…». Una prisión fría donde la monotonía se apodera del ser. La opresión de la naturaleza y la vida por el resonar y la fuerza de un vampiro de acero que absorbe todo a su paso, para devolverlo sin vida.

 

5 — Caballo Dinero (Pedro Costa)

5-Caballo Dinero

Como no podía ser de otra forma la última película del director portugués Pedro Costa, no ha dejado indiferente a nadie, siguiendo fiel a sus principios de rodar en digital, sigue explorando la historia del barrio de Fontainhas. Haciendo uso de la propia realidad lo que podríamos decir que es propio del documental, pero en Cavalo Dinheiro se hace uso de esta realidad para crear una historia metafórica y onírica. Un recorrido por la memoria, la historia y los miedos.

Un trabajo que parte de los retazos de Ventura, personaje que ya participó anteriormente en La juventud en marcha. Pedro Costa viaja desde la actualidad de Portugal a la Revolución de los claveles en 1974, a través de las oscuras pesadillas del personaje. La historia es mirada por los olvidados, por aquellas personas que han vivido la historia desde el margen. Un poema dedicado a los parias, un viaje lleno de fantasmas del pasado y del presente, una canción personal llena de recuerdos y miedos.

 

4 — The Tribe (Miroslav Slaboshpitsky)

La película ucraniana de Miroslav Slaboshpitsky está realizada completamente en lenguaje de signos. Durante algo más de dos horas, no escuchamos una sola palabra (tampoco se hace uso de subtítulos) pero no es necesario en absoluto. Porque el lenguaje que se desarrolla en la película es universal. La comunicación no verbal es más poderosa y sincera que cualquier otro lenguaje, solo con gestos y movimientos somos capaces de conocer y comprender el interior de los personajes y las relaciones que existen entre ellos.

Slaboshpitsky nos muestra la entrada de un adolescente a un internado controlado por una mafia, viéndose obligado a participar en los diferentes actos delictivos a los que estos se dedican (prostitución, venta de drogas…). Con el tiempo el joven se enamora de una de las chicas del líder, lo que le lleva a rebelarse contra la organización.

Una reflexión sobre el silencio —ausente de palabras, pero cargado de bullicio—, obligando al espectador a permanecer atento a todos los sonidos que enriquecen la trama, y siendo conscientes que los personajes no pueden percibir estos sonidos. Una obra cargada de suspense por la información que conoces y el personaje desconoce, al igual que la intriga por la información que desconoces pero el personaje conoce.

 

3 — La academia de las musas (José Luis Guerín)

Una obra que no pretende ser maquillada: con una imagen tosca, sin música dramática para acompañar los diálogos de los personajes y sin ocultar las tomas incompletas. Guerín sumerge al espectador en la academia haciéndolo cómplice de su cámara, que acompañara a los protagonistas por sus contradicciones internas, sus dudas y sus temores. Sin invadir el espacio privado de los personajes con planos a través de los cristales generando simbolismos y permitiendo percibir el espacio sin alejarnos de lo verdaderamente importante: la palabra.

Guerín nos propone un juego donde la realidad se disfraza en la ficción, para desnudarse ante el espectador. Tomando como referencia la obra «La pirámide humana» del cineasta francés Jean Rouch, los personajes parten de la realidad para generar la ficción. Un excéntrico profesor de literatura establece una relación muy cercana con sus alumnas a las que les propone formar una academia de musas, toda esta situación es observada por la mujer del profesor que no comparte sus ideas sobre el amor, la literatura y el papel del profesor. Un drama con momentos cómicos, donde el director no juzga a sus personajes más bien les da libertad para que se desarrollen, dejando al espectador el papel de juez.

 

2 — Transeúntes (Luis Aller)

Transeúntes es un viaje lleno de miles de instantes, más exactamente 7.000 planos, que construyen un universo aparentemente caótico. Los continuos saltos en el tiempo, en la historia y en los personajes es reforzado con los cambios técnicos en el color y el formato. Un trabajo personal donde el autor se ha implicado directamente en todas las partes de la producción: desde el guion al montaje, tomando como referencia el modo de trabajo de cineastas del periodo mudo como Chaplin, Eisenstein y Griffith. Rompe con las diferentes etapas de elaboración de un film combinando todas ellas (escribir – rodar – montar – escribir – rodar – montar). Esto otorga al director la capacidad de moldear con manos de artesano la obra, consiguiendo un resultado complejo que es capaz de conectar a la perfección cada elemento. Dentro del caos de la ciudad.

Es un cine para dejarse llevar sin prejuicios, donde es necesario sentir las emociones e ideas que generan esa combinación de imágenes y palabras que es Transeúntes. Como espectador debes estar libre de reticencias que te obsesionen con buscar un orden clásico. No hay que pretender captar toda la información que te ofrece ya que parte de esta es casi imperceptible por los sentidos. Lo que Luis Aller crea es una nueva forma de ordenar llamada desorden.

 

1 — Bella y perdida (Pietro Marcello)

1-Bella y perdida

Para terminar el top, la obra que mas me sorprendió de este 201, ha sido esta de Pietro Marcello. Un viaje hacia el Monte Vesubio en la actual Campania, con la misión de salvar a un joven búfalo que se encuentra en el palacio real de Carditello, para de esta forma cumplir el último deseo de Tommaso, un pastor que estaba encargado del cuidado del palacio. Una obra que combina a la perfección un cuento de hadas con la triste realidad. Un viaje lleno de magia, sueños, animales que hablan y humanos que no pueden ver…

Pulcinella ha sido enviado para cumplir la misión de cuidar al joven búfalo, lo acompaña por el país buscando un lugar donde el animal pueda descansar y ser feliz. Pero el destino de un animal, en el mundo real es el de ser un producto para el ser humano (al ser macho su único fin es convertirse en carne). Su vida no tiene sentido en un mundo gobernado por humanos. Nadie se pregunta si este animal está dotado de sentimientos, solo Pulcinella conoce el interior del animal al que intenta salvar. Pero él proviene del mundo de los sueños, en el mundo real este animal solo tiene un lugar: el matadero.

 

Para romper con esta lista limitada de 10 referencias, añado otras tres referencias que me niego a que queden fuera de este recopilatorio:

Oleg y las raras artes (Andrés Duque)

Oleg Nikoláyevich Karavaichuk es la única persona autorizada a tocar piano del Zar Nicolás II, un piano de oro, que se encuentra en el museo Hermitage de San Peterseburgo. A lo largo de su vida Oleg ha compuesto la banda sonora de más de 300 películas, entre ellas se encuentra A Long Goodbye de Kira Muratova por la cual Andrés Duque descubre a este genio ruso y despierta en él la necesidad de descubrir más sobre su obra y su persona. Cuando observa unos videos de Oleg, tocando el piano con la cabeza metida en un saco, toma la decisión de viajar a Rusia a intentar conocerlo en persona, a pesar de las dificultades idiomáticas.

Andrés Duque tiene una habilidad única para plasmar con total naturalidad a los personajes más carismáticos. La capacidad de perfilar con gran sensibilidad y sencillez el retrato de un personaje complejo como si estuviera pintando un cuadro a base de suaves pinceladas a lo largo de 70 minutos. Duque demuestra una gran empatía, con la que consigue transmitir al espectador su misma mirada de comprensión y asombro. Oleg es un incomprendido, pero en esta incomprensión está su genialidad. En su capacidad de romper con las reglas y la normalidad, aunque esto incomode. Eso es el arte, como decía Oleg, sus canciones son incomodas y eso las hace brillantes.

Mañana a esta hora (Lina Rodríguez)

En los primeros minutos Lina Rodríguez convierte al espectador en testigo de la relación familiar, con un cuadro de Adelaida junto a su padre tumbados viendo la televisión, mientras su madre se encarga del trabajo domestico. Todas las responsabilidades recaen en la madre, haciendo que la relación con su hija se encuentre entre continuas tensiones, provocadas por sus intentos de organizar la vida familiar. Mientras que la relación entre Adelaida y su padre, al encontrarse ausente de responsabilidades domésticas, está exento de tensiones, generando aparentemente una mayor conexión con la hija. En plano fijo consigue construir a los personajes y las relaciones entre ellos, de forma sutil, a través de este cotidiano momento familiar.

Un espejo que refleja a través de la pantalla, los comportamientos que desde la perspectiva que da el cine, pueden llegar a parecer incluso irracionales. Un grito para liberarnos de las cargas y candados que nos imponemos. Aprovecha cada minuto, sé tu mismo porque nunca sabes que sucederá mañana. Valora lo que tienes, porque cuando falte te darás realmente cuenta de su valor. La carga de la mujer obligada a mantener el hogar, la que pide que tires la basura, la que te dice que estudies… La que siempre está allí, aunque no aparezca en pantalla. Porque su ausencia manifiesta con mayor fuerza la dependencia que existe hacia ella. Mañana a la misma hora, de nuevo padre e hija se encuentran tumbados en la cama, pero algo ha cambiado, la ausencia de la madre, la hace presente con mayor intensidad en sus miradas, que antes se encontraba perdida en la luz parpadeante del televisor.

ElDorado XXI (Salomé Lamas)

Salomé Lamas viaja en busca del asentamiento más alto del mundo situado en Perú, La Rinconada, un lugar donde se realizan trabajos de minería ilegal. Bajo unas condiciones inhumanas, miles de personas trabajan para extraer el oro de la roca. Por otro lado nos acerca a los rituales y tradiciones de las personas que habitan el lugar. La película puede ser dividida en tres partes bien diferenciadas, una primera más observacional del terreno, observando desde la distancia el paisaje donde se asienta la población. Por otro lado una segunda parte que consta de un gran plano de una hora de duración donde una imagen hipnótica es combinada con extractos de conversaciones y noticiarios de la población de La Rinconada. Por último una tercera parte donde Salomé Lamas se acerca a la población, para escucharlos y conocer sus tradiciones y rituales, entremezclando ciertos momentos observacionales con otros donde se generan pequeñas ficciones.