La jungla interior (Juan Barrero)

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Tras dirigir el cortometraje 1939 y participar en el documental Entre el dictador y yo, ambas con una temática centrada en la Guerra Civil española, Juan Barrero nos presenta esta arriesgada y valiente ópera prima (un híbrido entre documental y ficción), en la que mediante una poética visual sin concesiones a los cánones de la estética fílmica reinante, desarrolla un trabajo de experimentación, en el que la vida se torna cine y el cine se torna vida.

Este largometraje, exhibido ya en la Viennale, en l´Alternativa de Barcelona y  recientemente premiado en la sección Nuevas Olas de Sevilla, es apto para todas aquellas personas que busquen una estimulación que vaya más allá del mero entretenimiento, pues durante los escasos 72 minutos que dura su metraje, La jungla interior te embarca en una experiencia única.

La jungla interior, película producida por Labyrinth films y Luis Miñarro, productor de cineastas como Isabel Coixet (con quien abrió su productora, Eddie Saeta), productor también de la película de Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Lung Boonmee raluek Chat), del director tailandés Apichatpong Weerasethakul, galardonada con una Palma de Oro en el Festival de Cannes y además crítico de cine durante años de la consagrada revista de cine “Dirigido por” (acérrimo defensor de lo que él denomina “cine de resistencia”), nos habla de un modo inusual y sorprendentemente evocador de las transformaciones interiores que experimenta su pareja protagonista, integrada por Juan (papel interpretado por el propio director, Juan Barrero) y Gala (papel interpretado por Gala Pérez).

Inesperadamente, La jungla interior consigue a través de una fabulada y simbólica composición, que viajemos a lo primario, a lo primigenio, a lo ancestral, a través de las búsquedas experienciales y emocionales de Gala, su protagonista femenina. No en vano, Juan Barrero comienza este film adentrándonos en la jungla de una isla perdida en el Pacífico. Lo hace utilizando una voz en off mientras, de fondo, transcurren sugerentes imágenes aéreas de una selva en apariencia impenetrable. El narrador nos desplaza en el espacio y en el tiempo a través del relato de un hecho insólito acaecido en la isla. Un hecho descubierto por Darwin y que versa sobre la extraña simbiosis creada entre una orquídea y un mosquito que no podía volar. La orquídea consigue emular a la hembra del mosquito, con un único objetivo, favorecer la inseminación de su flor.

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Tras esta introducción el narrador nos presenta, como parte de la fauna terrestre, a los únicos protagonistas de esta historia, Juan y Gala. Él es un reportero gráfico de National Geographic que deberá viajar a la isla para descubrir si la orquídea y el mosquito todavía existen o si se por el contrario se han extinguido. Ella es una violinista en paro con ansias de cambios en su vida.

Antes de partir hacia la isla, Juan decide llevar a Gala  a la antigua casa de su tía Enriqueta, una casa que guarda recuerdos de su infancia y secretos del pasado. Esa casa lo cambiará todo, pues en ella descubrirán que entre ambos existe una diferencia casi insalvable.

Durante el transcurso del viaje a la isla, Juan recibe una noticia inesperada. Gala se ha quedado embarazada.

Cinco meses después de su partida, regresa, aunque su presencia se va desvaneciendo  hasta convertirse definitivamente en  “ojo-cámara”. Protegido tras su objetivo, se comunica con esa nueva Gala, madre, tierra y vida. La observa atónito. La estudia, a veces con una sensación de repulsión fascinada por la capacidad de transformación primaria que posee, otras con la frialdad del científico que estudia una revelación. Se avecinan cambios para los que Juan no se siente preparado, mutaciones internas que le asustan y de antemano rechaza; pues Juan es ese “yo” masculino atrapado en un Edén estático, un paraíso en apariencia sin pulso, en la que la manzana permanece intacta. Y Gala, ese “yo” femenino generador de cambios, la sangre nutriente que circula. La prolongación cárnica del deseo corruptor de la naturaleza en constante búsqueda de equilibrios activos. La manzana mordida.

Aunque muchos tacharán esta obra de exhibicionista y obscena, sin duda nos hallamos ante un sorprendente ejercicio de libertad artística, una oda a la vida, en la que su director nos propone un viaje a las intimidades cotidianas del cuerpo y de los sentimientos de la pareja, no como un acto de provocación, sino como una pretendida recuperación de esa belleza natural que obvia el peso de una cultura milenaria. Para aquéllos y aquéllas que quieran adentrarse en una frondosa jungla.

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