Joseph Cedar … a examen

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El estreno de la cinta israelí Pie de página nos trae como director de la semana al israelí-estadounidense Joseph Cedar, junto a la que quizás sea su película más reconocida hasta la fecha: Beaufort, film por el que Cedar fue premiado con el Oso de plata al mejor director en el Festival de Berlín de  2007 a lo que se añadió una sonada nominación al oscar a la mejor película de habla no inglesa de ese mismo año. Beaufort se enmarca dentro de lo que podríamos denominar el nuevo cine bélico realista que tan de moda se encuentra en los últimos años, esto es, un cine bélico que huye de la acción y del heroismo presente en los orígenes del género (no olvidemos que además de la esencia propagantística que caracterizaba al gran cine bélico clásico, igualmente los directores no hacían ascos a realizar grandes escenas de batallas, muchas de ellas influenciadas por el western americano)  para mostrar la cara más (in)humana de la guerra a través de la mirada nihilista e introspectiva de los veteranos que sufren en sus propias carnes la terrible experiencia de participar en tan abominable acontecimiento.

La película adapta la novela del mismo nombre firmada por Ron Leshem, narrando con un mensaje y puesta en escena de estilo apocalíptico los últimos días vividos por el batallón de soldados israelíes que defendió con uñas y dientes el mítico Castillo de Beaufort momentos antes de su voladura por el propio ejército israelí. No podemos dejar pasar en la reseña el contexto histórico de la trama. Beaufort fue una fortaleza de origen medieval emplazada en lo alto de una montaña sita en las cordilleras del sur del Líbano que fue construida en el siglo XII por los Cruzados desplazados a Oriente Medio y que tras la Guerra del Líbano en 1982 aún permanecía en manos israelíes. La historia que desarrolla la cinta se sitúa en el año 2000 en medio de la retirada israelí del sur del Líbano.

Un grupo de soldados resisten atrincherados y aislados del mundo exterior en la fortificación. Ésta se ha convertido a lo largo de los años en un auténtico bunker dotado de la más moderna tecnología y diseño ostentando unos tenebrosos pasillos que intercomunican las distintas posiciones del Castillo que se asemejan a los de las naves espaciales de las películas de ciencia ficción. Los soldados únicamente disponen como medio de comunicación con el mundo externo una vetusta televisión así como la radio militar a través de la cual reciben las ordenes de sus superiores.En medio de la retirada los soldados sufren el continuo bombardeo de los misiles caseros lanzados por Hezbolá que truenan en el ambiente tal como si del traqueteo monótono y tedioso de las manijas de un reloj de pared se tratara. A lo largo del film los soldados sufrirán el aislamiento, atisbarán en primera persona la muerte de sus compañeros y la indiferencia de sus mandos superiores, debiendo luchar por su supervivencia contra un enemigo invisible e igualmente contra sus propias fobias y la contradictoria política militar de su país.

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La película tiene muchos puntos de interés. Por un lado acierta en el hecho de no mostrar al enemigo, siendo éste un ente invisible que únicamente sale a la luz a través de los misiles que caen sin descanso en las inmediaciones de la fortificación. Este recurso emparenta la cinta reseñada con la mítica La patrulla perdida de John Ford por el hecho de utilizar al enemigo como un mero medio para exhibir los miedos más profundos que atenazan al ser humano en una situación de extrema tensión vital. Otra clara virtud de la cinta es su espectacular fotografía con unas espectaculares tomas en grúa desde lo alto del promontorio que hacen ostensible la belleza lunar del paisaje así como su ambientación  influenciada por el cine de ciencia ficción. Podríamos calificar a Beaufort como una cinta bélica de ciencia ficción (a pesar del tratamiento realista que caracteriza al guión). El diseño del vestuario de los soldados los cuales están equipados con ultramodernos dispositivos de visualización y protección, el ya comentado diseño del interior del Castillo el cual se asemeja al de la más moderna nave espacial y el paisaje exterior de atmósfera lunar, dada la ausencia de vegetación y moradores en los alrededores de la fortaleza, proporcionan un cosmos claramente sci-fi.

Otro aspecto muy positivo de Beaufort es la sensación de aislamiento y asfixia que consigue insuflar en cada secuencia. Los soldados actúan como autómatas incapaces de mantener una conversación personal (relaciones impersonales que únicamente son transgredidas en un residual momento de esparcimiento de los soldados en el que se atreven a hablar de sus familias a través de la excusa del tatuaje con nombre de mujer que posee en su brazo uno de ellos). No se nos informa de la procedencia ni personalidad de la amplia mayoría de los uniformados que ni siquiera muestran sentimientos ante el paulatino fallecimiento de sus compañeros fruto de las explosiones de los misiles en pleno centro del Castillo. Los soldados vagan como zombies entre los pasillos y estancias del edificio ejecutando misiones sin sentido que únicamente provocan la muerte entre los integrantes de la cuadrilla.

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La cinta opta por una narración que fluye con extrema lentitud centrando la atención de la cámara en mostrar la asfixia que sufren unos soldados desorientados atenazados por el profundo vacío existencial que conlleva la rutina y el aburrimiento. La guerra no se muestra como un ente dinámico en el que no hay cabida para el tedio, al revés se revela como un sin sentido que termina demoliendo los frágiles resortes emocionales de aquellos que viven la experiencia en primera persona. Sin embargo un aspecto que se puede achacar a la cinta es el de no lanzar un enérgico mensaje antibelicista, ya que la cinta no apuesta por la plena desmitificación de la guerra, sino que peca, tal como pasaba en cintas como Jarhead o En tierra hostil de querer abrazar el realismo más extremo, esto es, un realismo en el que no hay cabida para juicios de valor ni apuestas subjetivas por parte del realizador. Hay que añadir, del mismo modo, la influencia del cine de Amos Gitai en Beaufort, sobre todo de una película seminal del cine bélico israelí de nuevo cuño como es Kippur, cinta con la que la película reseñada comparte estilo gélido y tono realista que huye de cualquier espectáculo pirotécnico incrustado en la sustancia del metraje.

Este distanciamiento emocional mencionado puede provocar ciertos recelos entre los espectadores acostumbrados a contemplar cine de denuncia combativo. Igualmente el retrato que Cedar efectúa de los personajes es gélido como un témpano de hielo por lo que esta falta de calidez y humanidad puede incitar que no empaticemos con los protagonistas de la historia. Este hecho unido a la ausencia de escenas de acción igualmente puede originar cierta desafección hacia la película entre aquellos cinéfilos afines al cine de puro entretenimiento o al menos al cine poseedor de un ritmo dinámico en el que la trama no se enrede dando vueltas sobre el mismo eje.

En definitiva, Beaufort es una película que posee la enorme cualidad de no dejar indiferente a nadie y por tanto resultará muy atractiva para los espectadores que deseen acercarse a un asunto tan espinoso como el conflicto de Oriente Medio a través de un ejercicio de cine bélico rodado con una exquisita calidad técnica que se centra en reflejar el dolor emocional que una disyuntiva de estas características plantea en la psicología del ser humano. Sin duda una cinta más que interesante y muy recomendable.

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