His Master’s Voice (György Pálfi)

Una conspiración, un charlatán auspiciado por el pueblo y un país oculto tras barras y estrellas donde todo parece cobrar una nueva dimensión. Si toda esa conjunción de factores les parece familiar es puesto que, en efecto, no resulta tan lejana a la realidad que vivimos. György Pálfi se adueña de los avatares de la ciencia ficción clásica en su nuevo trabajo para proponer aquello que, sin embargo, nos trae de vuelta a esa mentada realidad, y hasta se permite sustraer una visión sarcástica de esos parámetros a los que se ancla el género.

Lo que podría suponer un reto para cualquier cineasta, adaptar la novela de un escritor de la talla y repercusión de Stanislaw Lem, queda predispuesto en manos del húngaro como uno de sus jugueteos con el medio, así como la consecuente reflexión que se produce de ello y de una perspectiva que ya se antoja indisociable de su autor. Pero no nos llevemos a engaño, puesto que por más que Pálfi continúe experimentando con la forma —del factor estético a una música extradiegética que cobra un significado distinto al habitual— como modo de extrapolación de un carácter propio, ensimismado en ciertos temas y motivos, ello no significa que el pretexto arrojado por la obra originaria se quede en eso, una simple base desde la que alimentar su naturaleza. La sci-fi no es ni mucho menos un componente desechable en esta His Master’s Voice, y hasta podría decirse que traza un vínculo mutante con el cine del autor de Taxidermia: por más que en su obra se suscite una realidad patente (incluso, si mal no recuerdo, comprendida por la historia en su segundo largometraje), los desvíos a un componente extraño, disuasorio de esa realidad, no hacen sino apuntar a escenarios desconocidos, ficcionalizados en el más puro de los sentidos.

Así, tanto la disposición de un escenario natural en Hukkle, como la antología familiar en Taxidermia o, ya de manera más evidenciada, el seguimiento de los últimos instantes de vida a través de mosaicos ajenos, el cine del húngaro siempre ha transitado terrenos colindantes con un universo que sí, quizá podamos identificar, pero no deja de escurrirse constantemente entre la concepción de aquello que vinculamos a nuestro ideario. Algo debido, además de al indudable sentido extravagante de las composiciones que suele proponer Pálfi, también a un imaginario tan insólito como inconfundible al mismo tiempo.

El sello visual de Pálfi continúa expandiendo su mirada, pues, en esta His Master’s Voice gobernada especialmente por su tono: la ironía latente en un film que señala de nuevo a USA como punta de un iceberg que parece inútil querer abarcar, se deduce no sólo de su imperante sentido del humor —ese «Welcome to America» que le regala un personaje mientras rocía el helado del protagonista con Coca-Cola—, sino también de un imaginario al que ni siquiera se resisten ya los formatos —de los archivos fotográficos a la webcam, pasando por el aspecto del que se reviste el ámbito televisivo—, y refuerzan ese sentido mordaz que posee el conjunto. Porque más allá del tan obvio espacio desde el que trazar conspiranoias y hallar individuos que ven el mundo transitar a su alrededor —incluso la madre del protagonista, Peter, reprende al hermano de este por expresarse empleando palabras malsonantes que no suele usar— por estar en suelo americano, el relato establece vías adyacentes a la disposición de una ciencia ficción cuya autoría deviene precisamente de algunos de los códigos del cine norteamericano; no obstante, Pálfi no los emplea sino a modo subversivo; tanto en la forma de transitar determinados lugares comunes —como ese brillante diálogo cuando Peter llega a su destino y topa con un lugareño que dice conocer los movimientos de todo aquel recién llegado—, como en una (re)formulación de elementos ligados al suspense común de ciertos pasajes —el húngaro sabe deformar momentos cuya concepción natural se comprendería desde una óptica más trascendental—, His Master’s Voice se sumerge en un terreno que va más allá del calado metafísico que proponen algunas de sus secuencias e indaga, con singulares hallazgos visuales —como ese coche-Ovni o el recorte fotográfico “viviente”—, en un género al que Pálfi sabe sacar partido.

His Master’s Voice funciona así como visión cáustica acerca del influjo de un país como Estados Unidos —conclusión que ya engarzaba con tino en su Taxidermia—, pero también a modo de espejo de una sci-fi juguetona que ahonda en la memoria, en el pasado —destacable en ese ámbito como el cineasta interpela tanto a sus personajes como al espectador a través de la imagen— para avanzar hacia nuevas parcelas inconcretas, pues al fin y al cabo la absurdidad y la estupidez humanas no parecen contener otro límite que no sea el del ego propio, aunque el único resultado posible se asemeje a algo que ni siquiera se sepa demasiado bien si es un resultado. Pálfi en estado puro.