Flesh City (Thorsten Fleisch)

Flesh City, del hasta ahora cortometrajista Thorsten Fleisch, es un artefacto curioso.

Influencias que se van recogiendo (puede que imaginadas o reales) a medida que la película se despliega:

— Gaspar Noé, desde los ‹glitching credits› combinados con electrónica.
— Cyberpunk (el japonés y el que no. Nos vamos a acordar bastante de Tetsuo)
— Aphex Twin, por diversos motivos.
— David Firth, que va de la mano del anterior, tenemos un momento que es casi literalmente Salad Fingers.
— Cosmotropia de Xam, por su amor por los parajes urbanos que no nos podemos creer que existan, aunque Thorsten maneja más presupuesto y también maña.
— La ‹vaporwave›, estética (o ‹aesthetic› si lo preferís) en este caso empleada con un carácter más siniestro que reconfortante o nostálgico.
— Cronenberg y la nueva ‹fleisch›.

¿Y qué se está desplegando? Pues poca idea podemos tener, pero Fleisch (que por cierto quiere decir carne en alemán, ¿es ésta la ciudad de Thorsten?) no es un experimentador de estos perezosos a los que no les importe el acabado “oye espectador, imagínate que esto está bien hecho, que esto es una película experimental y no tengo un duro”: no. Parece empeñado en conseguir algo concreto y, muy importante, es consciente de las limitaciones que tiene en cuanto a efectos especiales, pues su historia acaba exigiendo muchos. Habrá un tramo —¿quizá cómico?— en el que sí que se permite un absoluto desmadre dentro del After Effects, pero por lo demás veremos efectos prácticos bastante logrados.

La dirección y el guión están en un duelo a muerte. La Narrativa (bastante moribunda, si no, no podríamos colgarle a la peli lo de Experimental) está inflada a Valiums y la dirección y el montaje están hasta arriba de las pastillas que nos sugiere la música, uno de los elementos más importantes de la película. El espectador contempla como una (lenta) salida de un recinto se explica en seis planos, tres de ellos aberrantes y tres con lente macro.

Lo de que la música es fundamental en esta película es además porque Thorsten (que por si lo dudabais es director, guionista, director de fotografía, productor y compositor de algunas piezas) interrumpe la historia a cada tanto para emitir un programa de videoclips de estética ‹vaporwave› en el que se nos pinchan curiosos vídeos para curiosas bandas. Algunos mejores, otros peores.

Este tipo de cosas hace que nos desentendamos de la débil (pero también indescifrable) historia, así que no queda más que agarrarse a lo visual, que es bello e inquietante en muchas ocasiones, pero el agotamiento se acaba haciendo patente pese a que la película no llegue a la dogmática hora y media de duración.

El conjunto supura Serie B por los fotogramas (tentáculos perforando ojos, etc.) pero las formas experimentales nos dejan con la intriga de si había un indescifrable mensaje detrás de todo esto o sólo un tipo que ha juntado todos sus videoclips y ha puesto por en medio un mediometraje en el que lucir imaginería visual.

Se puede recomendar, entonces, si se tienen las ganas y el aguante para ver un súpervideoclip bastante pasado de vueltas. Personalmente, una película que tiene tantos planos macro de insectos y satanistas de por medio me debería haber gustado más. En cualquier caso, seguiré los pasos de Thorsten.



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