Entrevista a David Ilundain, director de B

Una de las mayores virtudes del cine es hacer llegar a la gente diversos sucesos históricos que de otra forma no seríamos capaces de ver, incluso aunque hayan sucedido a escasos kilómetros. Algo así nos ofrece B, la obra cinematográfica sobre aquella comparecencia de Luis Bárcenas ante el juez Ruz del 15 de julio de 2013, cuando el ex tesorero del PP empezó a tirar de la manta implicando en el asunto a los más altos cargos del partido. David Ilundain, director de la cinta, ha tenido la amabilidad de atender unos minutos a Cine Maldito para comentar los entresijos de su ópera prima.

David Ilundain

¿Cuál fue el primer momento en que pensaste hacer una película sobre Luis Bárcenas?

Fue cuando vi la obra teatral previa en el Teatro del Barrio. Ese montaje que habían hecho con el texto original reconstruido a través de las palabras literales de Bárcenas ante Ruz hizo que tanto yo como los que me acompañaban saliésemos como muy impactados. Lo digo en el sentido de que, aunque todos tengamos una idea sobre lo que pasó, se trata del cómo más que del qué. No das crédito. La volví a ver dos meses después y ahí ya sí se lo propuse a Manolo, a Pedro y a Alberto San Juan, que era el director de la pieza teatral. Todos se prestaron y aquí estamos.

¿Tenías claro que querías hacer una adaptación literal del texto?

En el proceso de adaptación de la dramaturgia al guión hubo versiones y tentaciones de buscar otras herramientas y cosas exteriores a la sala. Pero ahí estuvo acertado Jordi Casanovas, autor original de la obra teatral, al decir que “hagamos lo que hagamos, no podemos estar a la altura”. Lo que está en el papel es tan fuerte, tan explícito, tan cómico, tan estrambótico, etc., que escribirlo tiene el riesgo de que no sepamos hacer algo tan verosímil y que se vea como algo manipulado o llevado a algún sitio. Así que corrimos el riesgo de basarnos en lo literal y creo que las risas, incomodidades y rumores de determinados momentos son buena señal de que la película atrapa al público y lo mantiene ahí, a pesar de que en teoría podría parecer algo complicada pero no lo es, sino que es bastante accesible.

Precisamente acerca de las risas, te quería comentar acerca de ese vídeo de archivo que introduces al final…

Bueno, no hagamos spoiler (Risas). En la versión teatral existían unos rótulos proyectados de comienzo y de final situando al espectador. Entonces era una forma cinematográfica de replicar un poco esa idea y de acabar de rematar ese punto de enganche con la realidad. Quiero decir, nosotros hemos utilizado actores, pero esos actores están reproduciendo un texto real, así que salir con ese toque documental mediante un plano que es real, considerábamos que era un buen epíligo. Me recordaba a lo que hacían los británicos, que son mucho más doctos que nosotros en este tipo de cine, con Margaret Thatcher. Ese final engancha con tu realidad inmediata.

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Comentabas en unos apuntes tuyos sobre la película que fuiste a ver la obra de teatro con unos amigos y a ninguno les aburrió, más bien al contrario. Y, de hecho, la película a poco que al espectador le interese el tema, tampoco se hace pesada. ¿A qué crees que se debe este hecho? ¿Al interés público, al propio personaje…?

Creo que se debe a que somos así realmente. La risa muchas veces es algo nervioso, lo que se suele decir “reír por no llorar”, es incomodidad, es alucinación, es un poco el shock de ver lo que se dice o lo que no se dice. Y probablemente porque no somos extraños al personaje, Bárcenas es un tipo muy español: simpático, buena pose, incluso “galán”, pero que te está robando en tu cara. Así que esa dicotomía que hace que los villanos atraigan creo que sucede en esta película.

Buena parte del peso de la cinta lo lleva Pedro Casablanc, el actor protagonista. ¿Qué te llevó a elegirle para ese papel?

Manolo y Pedro ya eran los actores que hacían la obra de teatro y eso para mí era muy claro. Es decir, si yo tenía que intentar hacer esto con otros actores, iba a ser muy difícil encontrar alguien a ese nivel de profesionalidad que hiciera algo parecido a eso, pero sobre todo es que tendría que haber trabajado desde cero, lo cual era un sinsentido porque ellos ya tenían la obra memorizada y los personajes muy controlados, además de una dirección previa muy buena de Alberto San Juan. Entonces yo tenía que extender eso a una parte que no tiene nada que ver con la obra teatral, como son las anécdotas que ocurren en la sala y que se introducen en la película, pero los personajes ya estaban. Por tanto, no los elegí yo, sino que fueron elegidos en su día por Alberto San Juan y lo que yo hice fue apostar porque ellos también hicieran estos papeles en la película.

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Leí un comentario tuyo en el que decías: “No soy estúpido, sé que Bárcenas no es buena persona”. Sin embargo, y sobre todo en la parte final, ofreces varios planos cortos mostrando el sufrimiento de Bárcenas, lo que puede provocar que el espectador empalice con él. ¿Realmente no ha cambiado tu opinión sobre el personaje?

No sé donde lo habrás leído, pero ahí me estoy apropiando de las palabras de Pedro Casablanc, que ha tratado de darle alma a Bárcenas, convertirlo en un personaje dramático. Él decía: “A estas alturas tengo cierta empatía con Bárcenas como supongo que Anthony Hopkins la tiene por Hannibal Lecter”. Es decir, no es alguien con el que se iría de marcha o de copas, pero es su abogado defensor como actor y por tanto tiene que creer en su verdad, su forma de ver las cosas y el mundo. Esa empatía quizá pueda ser contradictoria con el sentimiento de cada uno, pero creo es algo muy bueno ya que tiene cierto impacto en el espectador, que tiene el icono de Bárcenas como alguien muy malo y al que además se ha caricaturizado mucho en TV o incluso en cómics, pero nosotros no hemos hecho eso, sino que tratamos de ser muy escrupulosos y respetuosos con todos los que estuvieron aquel día en aquella sala. Creo que todos ellos se pueden sentir muy cómodos con la película. Cada uno de ellos representa lo que estaba en juego y qué tenía que defender cada uno y creo que esto lo hemos sabido reflejar en la obra.

¿Qué te gustaría que pensase Luis Bárcenas al ver la película? Si es que finalmente la ve, claro.

Buf, no tengo ni idea. Es que especular sobre lo que piensan otros es algo que trato de evitar siempre. Lo único que creo es que es importante que trasluzca que esta es una obra respetuosa, no es una parodia ni algo acusatorio o cicatero. El público es muy maduro para sacar sus conclusiones de la obra. Quiénes están representados en la obra dicen lo que realmente dijeron, es cierto que las cosas se pueden decir de una manera u otra, nosotros tenemos el texto pero no lo demás, lo cual es nuestra aportación. Pero el texto es lo que dijeron, así que es una herramienta muy rotunda como para que sea un trabajo serio y cada uno saque sus propias conclusiones.

Tu película ha sido financiada mediante crowdfunding. ¿Este sistema es una necesidad ante la crisis o una oportunidad para que el autor goce de mayor libertad a la hora de desarrollar su obra?

Bueno, aquí hay que hacer tres distinciones. En primer lugar, el crowdfunding no es la panacea, no es la salvación a todos nuestros problemas. Financiar una película por crowdfunding es prácticamente imposible porque las cantidades que necesitas para hacer una película, por muy pequeña que ésta sea, son importantes y necesitan un cierto apoyo industrial. No lo estábamos consiguiendo, así que salimos a hacer el crowdfunding un poco “a la desesperada” como última herramienta para al menos rodar. Pero la verdad es que fue muy bien, nos planteamos que si no teníamos el apoyo del ‹statu quo› había que saltar directamente al público y preguntar si nosotros éramos unos chalados o si ellos estaban interesados en el proyecto y estarían dispuestos a apoyarlo. Funcionó maravillosamente y eso ya nos dio muchas pistas. Además, nos abrió puertas, ya que se demostraba interés. A partir de ahí fue un poquito más fácil, ya que no sonaba tan extraño lo que queríamos hacer y había un apoyo claro por parte del público. Por tanto, esta es la segunda vertiente del crowdfunding: te da el contacto directo con quienes son tu público objetivo. Pero como solución a la crisis no creo que funcione, ya que es un poco engañoso. Sin embargo, sí que es muy útil para determinado tipo de proyectos, sobre todo si están focalizados en una comunidad concreta. Es decir, si en Internet tú ya tienes una comunidad interesada por un determinado tema, la herramienta de reunir dinero a través de Internet puede funcionar muy bien. Pero hay que cumplir ciertas condiciones. Pensar que tu primera película muy personal acerca de un trauma de tu infancia pueda ser financiada mediante crowdfunding es algo complicado.

¿Volverías a recurrir al crowdfunding en tu próximo proyecto?

Como he dicho, no creo que el crowdfunding sirva para todo, así que primero habría que ver cuál es el próximo proyecto y comprobar si puede ser útil. Es verdad que es una herramienta que te da libertad porque demuestra interés y nadie salvo tú mismo te va a coartar, ya que el dinero lo manejas tú y nadie más que tú tiene el poder decisión sobre quién está en la pantalla, cómo dice su papel o si hay que desechar tal o cual plano. Pero insisto en que una película, por muy pequeña que sea, consta de 100 o 200 trabajadores, a los cuales hay que remunerar, así que son cantidades que necesitan de un apoyo industrial. Artesanalmente se pueden desarrollar ciertos proyectos pero van a ser eso, piezas artesanas. No soy militante de la marginalidad, por decirlo de alguna manera. Hay películas que se sitúan ahí y son muy buenas. Yo veo cualquier tipo de película, no me gusta cerrarme puertas, pero cada película necesita su presupuesto en función de lo que pretende, no va a ser apreciable ni por ser muy pequeña ni por ser muy grande, es decir, hay una línea mucho más importante en ese proyecto que es la honestidad con la que lo abordas. Hay películas gigantescas que son alucinantes y otras que son bodrios en los que se mezclan cosas para ver si funciona, de la misma forma que hay películas pequeñitas que son maravillosas referentes a apuestas personales o estupendas investigaciones del lenguaje cinematográfico y hay otras que son infumablemente torpes o pedantes y que no interesan más que a quien las ha hecho. Lo que quiero decir es que no está en el presupuesto el problema de una película, de hecho debería ser intrascendente hablar de dinero. Como dicen algunos, es de muy mala educación (Risas).

¿Cuál es tu película maldita favorita?

Es relativamente conocida, no voy a decir algo como de muy cultureta, pero a mí me parece que una película que pasó relativamente desapercibida y que sin embargo es un peliculón sobre la situación actual y el origen de todo esto es Margin Call. A mí me gustan mucho las películas que se autoimponen ejercicios en plan “esto sucede en una sola noche” o “todo pasa en la misma localización”, lo cual es básicamente un trabajo de guión y actores. Para lo que es el cine norteamericano, se trata de una película muy pequeña y lo que cuenta es espeluznante. Además, cuenta con un casting espectacular: Kevin Spacey, Jeremy Irons… En fin, una barbaridad. A mí me parece muy recomendable porque se ve muy fácilmente y me gusta mucho cómo cuenta el principio de la caída del castillo de naipes.

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