El bruto (Luis Buñuel)

Andrés, un avaricioso dueño de una carnicería, trata en vano de desahuciar de un edificio de su propiedad a un grupo de inquilinos con el objetivo de poder demoler la vivienda y obtener así el dinero suficiente con el que construir un nueva residencia de lujo para su familia, compuesta por su joven mujer y su senil padre.

Harto de las trabas legales que impiden su propósito, Andrés (Soler) contratará los servicios como matón de Pedro (Armendáriz), un operario de su fábrica conocido por sus compañeros como El Bruto debido a su descomunal poderío físico y a su escaso intelecto. Andrés alojará al subalterno en su casa compartiendo éste espacio con la hermosa mujer de su jefe llamada Paloma (Katy Jurado).

Pronto se edificará una poderosa atracción sexual entre la visceral joven y el tosco empleado de su cónyuge. Pero un desgraciado accidente inducido por Pedro provocará la muerte de uno de los insurrectos vecinos que se niegan a desalojar la vivienda de Don Andrés. Todo ello dará lugar a un laberinto de pasiones y desengaños que pondrán de manifiesto esas relaciones de dominación que establecen las jerarquías acomodadas en contra de esos pobres desgraciados que no tienen nada que llevarse a la boca, salvo la saliva desprendida por la voz de sus amos.

Un simple vistazo a la ficha técnica de El Bruto podría hacernos pensar que nos encontramos ante la típica película del melodrama de oro mexicano por dos motivos. Por un lado su trío protagonista integrado por los míticos Pedro Armendáriz, Katy Jurado y Andrés Soler. Por el otro en virtud de su argumento en el que los dos protagonistas masculinos del film caerán rendidos en las redes de una mujer temperamental quien manejará a su antojo la débil voluntad de sus para nada inocentes víctimas. Pero nada más lejos de la realidad, pues nos hallamos ante una de las películas más oscuras de la denominada etapa alimenticia del genio de Calanda.

En este sentido, el film ostenta buena parte de los rasgos que marcaron el imaginario de Buñuel: su fetichismo por la anatomía femenina, su obsesión por el sexo, su inconfundible sentido del humor al más puro estilo de la picaresca del siglo de oro español, una interesante denuncia alrededor de los abusos de poder practicados por los poderosos y finalmente una fotografía rica en significado alegórico destacando las tres escenas de sexo que suponemos tienen lugar en la trama que serán fotografiadas fuera de campo situando en su lugar una hoguera como símbolo de la pasión que se está consumando dentro de la habitación.

Y es que El Bruto emerge como una cinta muy turbia. No solamente por su virulenta trama protagonizada por un sujeto que emplea en beneficio de su patrón su tremenda fuerza física en sustitución de las pocas luces que adornan su cerebro, sino por su enrevesada historia en la que las inclinaciones sexuales pivotan en un cuadrilátero amoroso al más puro estilo de las novelas negras de James M Cain, dibujando una figura dotada de intrincadas relaciones familiares ocultas a los ojos de los protagonistas.

Uno de los puntos más llamativos de la película es su mezcolanza de géneros. Aunque en el arranque parece que el relato se inclina hacia derroteros propios del neorrealismo italiano – con un inicio que se asemeja como un espejo con las imágenes fotografiadas por Vittorio de Sica en su magistral Milagro en Milán– conforme la narración va desarrollándose la trama va tiznándose haciendo suyos los dogmas del cine negro que triunfaba por aquellas fechas en los Estados Unidos. De hecho la intriga hilvanada por Don Luis se aproxima sin ningún tipo de disfraz la diseñada por James Cain en su legendaria El cartero siempre llama dos veces. Ya que Buñuel ofreció el protagonismo a un matrimonio disfuncional formado por un viejo comerciante y una joven fogosa cuya rutinaria existencia será interrumpida por la irrupción en el hogar de un joven apasionado y con pocas luces. Otra estratagema empleada por el autor de Nazarín para amoldar la crónica al género negro será el perfil de los personajes que aparecerán en pantalla, todos ellos carentes de bondad y marcados por su innato egoísmo, reflejando de este modo el odio que sentía Buñuel hacia ciertos tics presentes en la burguesía acomodada que se aprovechaba de las necesidades de los más débiles. Tan sólo brotará cierta simpatía en el retrato efectuado por el maestro del anciano padre de Don Andrés, un viejo travieso que aprovechará su demencia para disfrutar de ciertas licencias con su nuera con todo descaro. Suyas serán las frases más divertidas del guión escrito por el propio Buñuel en colaboración con Luis Alcoriza. Un texto repleto de chascarrillos así como de un humor grotesco marca de la casa.

A diferencia del cine pausado e introspectivo de otras cinematografías, en El Bruto los actores no paran de hablar, soltando perlas por su boca a cada segundo de metraje no dando opción de esta forma a que el silencio se apodere de la acción. Buñuel se apoyará en un estilo muy teatral y cuidado ideal para pintar un escenario en el que los actores dispusieron de todas las armas posibles para lucirse sin ningún tipo de ataduras, desplegando su buen hacer moviéndose como pez en el agua en los perfectos encuadres perfeccionados por Agustín Jiménez y conversando con esa gracia inherente a los cómicos del cine iberoamericano.

El maestro hispano-mexicano renunció a su propio lucimiento centrando sus intenciones en una deriva capaz de denunciar con mucho acierto el abuso de poder y las injusticias existentes en la sociedad mexicana de los años cincuenta pero otorgando el peso de su creación al lucimiento del elenco de actores y al puro entretenimiento. Todo ello orquestado con una puesta en escena muy ágil que no se detendrá en complejas discusiones filosóficas ni en esos elementos surrealistas que el genio de Calanda explotaría sobre todo en la década de los sesenta en adelante.

Se comenta que Don Luis nunca tuvo mucho afecto a esta película. Seguramente el hecho de no incluir en su metraje fogonazos conceptuales de puro autor pudo ser el motivo de esta desafección. Da la sensación que la misma fue una obra alimenticia, realizada por encargo. Si bien en mi opinión El Bruto es una obra maestra a la altura de los grandes melodramas de la historia del cine, gozando de ese toque pícaro, innovador y morboso tan representativo de uno de los más grandes artistas que dio el pasado siglo XX: el gran Buñuel.

Originalmente en Los clásicos de la Literatura, Cine y Música, relacionados

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