Tiburoneros (Luis Alcoriza)

El desconocimiento existente en España (en términos generales)  acerca de la figura de Luis Alcoriza es uno de los casos más llamativos de la historia del cine.  Pacense de nacimiento el joven Luis mamó desde pequeño las simientes del arte al venir al mundo en el seno de una familia de artistas de ideología republicana. El estallido de la Guerra Civil española obligó a los Alcoriza a exiliarse en México, país que acogió con los brazos abiertos al joven e inquieto Luis, el cual no tardó en hacer buenas amistades con otros compatriotas emigrados al país norteamericano, especialmente con otro artista de reconocido prestigio con el que Luis estableció una estrecha colaboración y amistad: nada más y nada menos que su tocayo Don Luis Buñuel. Alcoriza firmó los mejores y más premiados guiones mexicanos del genio de Calanda: Los olvidados, El gran calavera, El bruto, Él o El ángel exterminador llevaban en su seno el personal sello de Luis Alcoriza. Precisamente El ángel exterminador fue la última colaboración entre ambos Luises, iniciando Alcoriza a partir de ese momento una esplendida y fructífera carrera como realizador, legando de este modo alguna de las obras más singulares, revolucionarias y transgresoras de la historia del cine azteca.

Quizás su película más buñuelesca  sea Tlayucan (obra que podría pasar sin ningún problema por su temática y puesta en escena como una cinta de Buñuel). Su obra más personal y valiente, en mi opinión, es Tarahumara, cinta en la que Alcoriza, como ya hiciera Fritz Lang en EEUU, construye una película de raza puramente mexicana desde la extranjería de su pasaporte, demostrando que la mirada del extraño es la que mejor retrata las costumbres y raíces del país de acogida. Sin embargo la cinta que he decidido incluir para recordar la figura de Alcoriza en Cine Maldito ha sido Tiburoneros. ¿El motivo? Porque es una obra maestra del cine mundial que va más allá de nombres o nacionalidades, una película que me hipnotizó y que elevo mis niveles de entusiasmo hasta cotas insospechadas. Una película que mezcla con total naturalidad el cine neorrealista más cruel con la comedia grotesca, la sátira y la personalidad pícara y salvaje de México, a la vez que logra esbozar un profundo retrato sobre los angostos caminos que debe recorrer el hombre para alcanzar la libertad personal aunque vaya en contra de los convencionalismos socialmente aceptados. Una obra que es incomprensible que no halle más espacios ni cinéfilos que glorifiquen y conmemoren su arte supremo.

Tiburoneros es una película que tiene el alma del mejor cine de Luis Buñuel. En ella encontraremos escenas de un elevado fetichismo y sexualidad, dos de las temáticas favoritas del maestro del surrealismo, así como secuencias cómicas dentro de un ambiente de tremendo patetismo en el cual se mezclan la realidad más humana con la irrealidad más onírica. Resulta complicado acotar el género que mejor se adapta a la historia narrada por la cinta. Tras observar los primeros minutos de la película parecería que nos vamos a encontrar con un film neorrealista extremo dado que Alcoriza rueda, con una crueldad impropia en la actualidad, secuencias en la que contemplaremos a los intérpretes protagonistas pescar tiburones. La brutalidad empleada en la captura de los escualos, secuencias éstas rodadas en los escenarios naturales de la costa de Tabasco (lugar en el que se sitúa la sinopsis), recuerda mucho a dos de las obras cumbres del neorrealismo La tierra tiembla y Stromboli, obras que incluían en su metraje (como la cinta reseñada) salvajes escenas de pesca.

No obstante, conforme avanza la trama el ambiente de extremo realismo en el que la miseria vence a todo lo demás, deja paso a otro en el que la picaresca, la comedia de atmósfera arrabalera y la crítica social en contra de la vida burguesa y en favor del retorno a los orígenes más primitivos del ser humano como paraíso habitado por la felicidad acaban conquistando el cosmos del film. Alcoriza idea una historia  en la que hay cabida para la sordidez, la sexualidad o el adulterio, pero igualmente hay cabida para la melancolía, el amor sincero y los vínculos fraternales surgidos por medio de la solidaridad y el duro trabajo diario, elaborando desde el profundo respeto a los usos y costumbres un cocktail  enraizado con la idiosincrasia de los campesinos y pescadores del México profundo que habitaban Tabasco y cuya vida repleta de necesidades obligaba a los mismos a tratar de ganarse el pan alejados de las comodidades y el progreso residentes en las grandes urbes mexicanas. El director pacense plasma un universo hipnótico a través de una fotografía en blanco y negro prodigiosa de reminiscencias soviéticas en la que los cielos abiertos, la mar y sus sonidos y las calles rebosantes de vida e inmigrantes (genial es la descripción de la familia de origen coreano) consiguen el magno efecto de fascinar al espectador.

Ésta es otra de las magistrales temáticas que toca la cinta: la idea del progreso como retroceso desde el punto de vista de las relaciones humanas. Así mientras que los desventurados moradores de Tabasco, ajenos a la tecnología, las vanguardias y la moralidad existentes en las grandes ciudades establecen relaciones profundamente humanas regidas por la amistad incorruptible, el diálogo, el sentido común y los instintos primitivos (tanto en cuanto a la resolución de conflictos y peleas, como sexualmente hablando), los urbanitas son retratados en la cinta como seres despojados de alma, despreocupados por el mal del vecino, envidiosos y codiciosos, vacíos de todo sentimiento primario y visceral, gracias al ambiente nihilista destructor de moral y libertad que impregna los rincones de la sociedad moderna y urbana.

La trama dibujada por Alcoriza la podemos resumir de la siguiente manera: Aurelio es un trabajador que ha tenido que abandonar a su familia en la gran ciudad para ganarse el sustento propio y el de los suyos laborando como pescador en la costa mexicana de Tabasco. Con su esfuerzo y tesón poco a poco ha ido ahorrando el suficiente dinero como para enviar remesas monetarias a su mujer e hijos en la ciudad como para comprar un nuevo cayuco con el que poder incrementar sus capturas y su capital, a través de la contratación de empleados que trabajan para él. Aurelio comparte sus vivencias con su socio y el pequeño huérfano Pigua, al cual Aurelio ha adoptado evitando de este modo el abandono del pequeño a su suerte. Igualmente Aurelio mantiene una salvaje relación amorosa con Manela, una muchacha mucho más joven que el pescador e hija de un colega coreano empleado de Aurelio. A pesar de la miseria que brota en el ambiente Aurelio es feliz pasando su vida ente tiburones y el placentero sexo que le proporciona Manela. Sin embargo, una carta enviada por su mujer inducirá a Aurelio a vender sus propiedades para retornar con su familia a la gran ciudad dejando abandonado el pequeño universo de felicidad que había construido.

Sobran las palabras para describir la magistral puesta en escena llevada a cabo por Alcoriza. Los actores están sencillamente insuperables en sus respectivos roles. Especialmente reseñable es la performance de Julio Aldama como Aurelio,  e igualmente las de David del Carpio como Pigua y Dacia González como Manela. Es increíble el acento puramente tabasqueño de los intérpretes, lo cual consigue el efecto de tele-transportarnos al irreal y selvático ambiente de Tabasco. La cámara de Alcoriza apuesta por los espacios abiertos tanto en la mar, en la playa como en la ciudad,  para dejar un fiel testimonio de la forma de vida agreste y primitiva de la costa mexicana. Pero mis escenas favoritas son las secuencias de alto voltaje erótico protagonizadas por Aurelio y Manela. La química que desprenden tanto Aldama como Dacia González es indescriptible. Las poderosas y hermosas piernas de Dacia unido al torso desnudo de Aldama hacen saltar chispas en las secuencias más fetichistas y sensuales de la cinta.

Culmino la reseña alabando la maestría de Alcoriza, un cineasta de gran talento, no solo a la hora de escribir guiones sino también a la hora de narrar en imágenes sus escritos que debería ser más reivindicado en su país de origen. Con Tiburoneros, Alcoriza sacó a la luz una obra honesta, sincera y bellísima tanto visual como intelectualmente. Una cinta que sublima los esquemas del neorrealismo transgrediendo los límites de la comedia cotidiana mexicana. Un film personal y cautivador que recomiendo a todo aquel que desee acercarse al particular universo del cine puro mexicano de Luis Alcoriza.

3 comentarios sobre “Tiburoneros (Luis Alcoriza)”

  1. buenas tardes : cuando vi por primera vez la pelicula quede impactado por la trama desarrollada , era como sumergirse en cada uno de los personajes , el mar, las calles que son tan comunes en las ciudades , , uma de las escenas que me gusta mucho es cuando el ayudante de urelio pesca un pargo y se lo va a guisar , me imagino estar comiendo ese pescado ; cuando pongo una y orea vez la película me deja una gran enseñanza para mi vida, la película la desgloso en cada escena y la adecuo a mi vida , pareciera que yo soy aurelio , cuando se va para la ciudad se encuentra con las cosas tan fáciles , pero no se adapta , por que recuerda a cada uno de sus amigos tan leales y a su novia manela , y también que las cosas se hacen con documentos y allá solo al palabra vale . eso es una gran enseñanza para , deja toda una escuela de trabajo .
    cuando hay alguna persona que no encuentra el por que de las cosas , le recomiendo esta película con la finalidad de que tome algo que le sirva

  2. Hola, es mi película preferida por que me transporta al los dos mundos que estaba viviendo Aurelio y me siento identificado con las situaciones que pasan. Yo vivi un tiempo en Puerto Angel, Oax y me recuerda como se viven esos dos mundos; el urbano y el rural-costeño, película increíble.

  3. Esta película está basada en la vida de mi padre, Julio D’Alva Villagrán, que en efecto, fue un pescador muy reconocido, que se desempeñó en Tabasco y Campeche. Es un film formidable pues expone un conflicto humano del que yo soy parte, pues soy hijo, simbólicamente hablando, de Manela. Julio, el tiburonero, falleció hace 15 años en la Cd del Carmen, Campeche. Pero yo me encuentro viviendo en la CDMX desde 1967,cuando llegué a vivir a la casa de mis abuelos, los padres de mi papá, Julio. Es decir, soy hijo de esa relación que Aurelio tuvo con Manela y que describe la película formidablemente.
    De esa relación nacimos 10 hijos, más 3 que tenía mi padre y que vivían con sus abuelos en la CDMX y a los que conocí cuando nos visitaron, antes de que me fuera a esa ciudad.
    Película que con frecuencia veo y disfruto porque yo tripulé el pequeño barco tiburonero que era de mi padre.
    Saludos.

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