Del rosa al amarillo (Manuel Summers)

Del rosa al amarillo

Hay películas imposibles de etiquetar, por mucho que los cinéfilos y críticos cinematográficos se empeñen en catalogarlas dentro de un género o corriente cinematográfica en concreto. Existen igualmente películas que traspasan la pantalla para impregnarse en el alma y en el corazón del espectador de manera indeleble, aquellas marcadas a fuego en nuestro imaginario por más que pase el tiempo y pese a que en nuestra memoria se almacenen más películas de las que nuestro cerebro pueda asumir. Este es el caso de esta obra maestra del cine español y mundial que es Del rosa al amarillo, quizás la película más intimista y personal que ha generado el cine español en toda su historia, una obra que brota del imaginario de una personalidad única del arte español: el a menudo infravalorado Manuel Summers, un autor maldito que ejerció su maestría tanto en el universo cinematográfico como en el del humor gráfico. Descendiente de una familia irlandesa afincada en España, onubense de corazón y madrileño de adopción, Summers fue quizás el cineasta con menor apoyo por parte de la crítica más sesuda de esa generación de autores españoles que en los años sesenta revolucionaron la forma de hacer cine en este país dentro de ese movimiento que se denominó El Nuevo Cine Español y que estaba compuesto, entre otros, por nombres como Carlos Saura, Mario Camus, Basilio Martín Patino, Francisco Regueiro o Miguel Picazo.

Me siento orgulloso de exponer el absoluto enamoramiento, platónico y visceral, que siento por esta película. Para mí es una de las cintas que mejor han sabido expresar lo maravilloso y a veces doloroso que es el amor, y esto lo hace de una forma genial, es decir, sin apostar por la virulencia ni el fatalismo, sino eligiendo la ironía, el buen humor y la nostalgia como armas para construir un poema en verso cinematográfico que huye del pesimismo y el mal rollo para hablar de uno de los temas que más pesimismo y mal rollo ha generado en el ser humano a lo largo de su existencia, esto es, el desamor, el desengaño y el amor en general. Porque Del rosa al amarillo es una de las más bellas poesías que se han escrito al amor entendido como una acto demoledor de la inocencia que habita en nuestros corazones, la cual tras el advenimiento de las artes de Cupido, es dinamitada una vez descubierta la amargura que habita el mundo dominado por los adultos.

Del rosa al amarillo

En pleno proceso de industrialización y cambio tras la rúbrica del Plan de Estabilización de 1959, transformación apoyada con un incipiente cine crítico con el Régimen, Summers -el cual siempre actuó como un niño grande que se negaba a que el desencanto se apoderara de su vida- optó por debutar en el cine con una obra alejada del tono trágico de sus compañeros de generación, un film que solo podría salir de la mente de un adulto y melancólico Peter Pan crítico con el entorno que le rodeaba. Y esto es así porque Del rosa al amarillo encierra una mordaz crítica construida desde el humor contra la hipocresía y el puritanismo mal entendido, sobre todo a través del uso de la caricatura burlesca para retratar la personalidad de los adultos que aparecen en la trama (desde profesores pasando a curas, monjas, cuidadores y padres de los infantes), los cuales carecen de la sensibilidad necesaria para entender y transformar el mundo que les rodea.

Una idea fascinante que ostenta la película es la de emparentar, a través de dos episodios independientes pero íntimamente relacionados, las dos épocas vitales en las que la inocencia gana la partida a la madurez, que no son otras que la infancia pre adolescente y la solitaria vejez, dos universos paralelos separados por los años de experiencia. Y esta conexión se elabora de forma magistral a través del uso de un lenguaje cinematográfico cercano en el que prima la sencillez, la autenticidad, el vitalismo y la (des)ilusión todo ello sazonado con las adecuadas gotas de morriña la cual es rememorada a través de los magníficos boleros de antaño Mirando al mar de Jorge Sepúlveda, ¿Por qué te conocí? de Ricardo Gabi, Toda una vida de Antonio Machín y una especial mención para nostálgicos con los acordes del Yo soy aquel negrito del anuncio del Cola Cao.

Summers traza un emocionante viaje desde El rosa (el espejismo de la juventud y el descubrimiento del misterioso primer amor y sus narcóticos efectos en el discurrir de la vida de un travieso y curioso niño) al amarillo (la vejez, el crepúsculo de la vida y de los sueños que igualmente es un terreno propicio en el que hay cabida para el hallazgo del enamoramiento tardío e ilusionante lejos de los convencionalismos sociales que destierran a nuestros mayores a tristes asilos en los que mueren en vida esperando la llegada de la muerte) estructurando el itinerario a través de dos episodios que reflejan a la perfección la atmósfera descrita.

Del rosa al amarillo

En el primera parte del trayecto, El rosa,  Summers que no solo dirige sino que firma el guión, narra la historia de Guillermo, un pre adolescente muy soñador e imaginativo, amante del arte, los TBO y no muy buen estudiante (sin duda el azote de los pragmáticos profesores de la enseñanza del  Florido Pensil). Guillermo y sus amigos son niños de la calle que juegan al fútbol o al pilla pilla en pleno boulevard madrileño, ajenos a consolas y televisiones. Inmerso en esta atmósfera irreal Guillermo experimentará el nacimiento del primer amor, aquel que incita a dibujar corazones que rodean el nombre de los enamorados, ya que se encuentra perdidamente enamorado de la bella Margarita, una vecina compañera de juegos urbanos unos años mayor que él .

Sin embargo la frágil felicidad de Guillermo se romperá con la llegada del verano y la consiguiente separación de su amada Margarita. Guillermo pasará la temporada en un campamento masculino de verano, mientras que Margarita se trasladará con su familia a la playa. La distancia y la aparición de nuevas amistades que conlleva el verano culminará amargamente para Guillermo, que será testigo del advenimiento de su primer desengaño vital, aquel que nos descubre que la vida no es el camino de rosas que la infancia oculta a nuestros inocentes ojos.

Summers relata con un estilo casi autobiográfico el periplo que abarca los primeros e inocentes juegos infantiles que dan lugar  al primer amor, plasmando con una belleza realista los juegos de niños que desembocan en el enamoramiento. Particularmente bellas son las secuencias en las que Guillermo fascinado al descubrir el vello que adorna las axilas de Margarita atormenta a su paciente hermano con conversaciones sacadas de cualquier habitación habitada por tiernos infantes en la España de los sesenta, así como las ensoñaciones que sufre Guillermo, el cual no puede dejar de pensar un minuto en su amor. Y quizás el pasaje más bonito y enternecedor de la cinta es el el sueño de Guillermo, que separado de Margarita imagina su reencuentro en la playa que ella describe en sus cartas con la canción Mirando al mar ornamentando la secuencia.

Finalizado el trayecto Del rosa, Summers inicia el maravilloso tramo de El amarillo, de duración más breve pero igualmente brillante, en el que se plasma la breve historia de amor de dos solitarios ancianos: Josefa y Valentín que malviven en un asilo sin ningún contacto humano que les surta del cariño que la inocente tercera edad precisa para poder respirar. La vida se reduce a ver transcurrir el tiempo encerrados entre las paredes de la residencia, siendo la asistencia a misa el único momento que permite escapar del enclaustramiento residencial.  Sin embargo, el ambiente tedioso y triste que habita el hospicio es vencido por Josefa y Valentín a través del nacimiento de un pícaro y prohibido amor forjado a través del envío de románticas epístolas en las que se declaran su amor incondicional.

Del rosa al amarillo

Sin embargo el estricto control y rigidez que impera en el hospicio impide culminar definitivamente su relación amorosa. Por ello Valentín, cansado de esperar la oportunidad de iniciar su relación con Josefa, propone a su amor que le acompañe en su intento de fuga de la cárcel vital en la que se ha convertido el asilo para ellos. Summers traza una bellísima historia de amor crepuscular, en la que la edad y el advenimiento de una segura muerte no son obstáculos para seguir creyendo en el amor y en la felicidad más allá del incierto futuro, rompiendo una lanza a favor del amor sin edad ni fronteras.

Sin lugar a dudas Del rosa al amarillo es una de las más bonitas películas de la historia del cine español. Una cinta minusvalorada que merece un mayor reconocimiento e idolatría por parte de la crítica y el público en general. Pocas películas de nuestro cine han elaborado desde un universo estrictamente personal e innovador una metáfora tan hipnótica y subyugante sobre los misteriosos recovecos que recorren el corazón como esta Del rosa al amarillo, que ganó la Concha de Plata en el Festival de San Sebastian de 1963 y que para deleite de los amantes del cine sigue tan fresca, moderna y magnética como desde el primer día. Una cinta atemporal de imprescindible visionado.

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