De nuevo otra vez (Romina Paula)

El debut en el cine de la dramaturga, directora de teatro, escritora y actriz argentina Romina Paula se presenta aparentemente como un ejercicio de autoficción que ella misma protagoniza y que cuenta con la presencia de su hijo y su madre, además de estar rodado en la casa familiar. Sin embargo en De nuevo otra vez construye un dispositivo de ficción que, a pesar de tomar elementos de la realidad, se aleja explícitamente de ella lo suficiente para que la propia ambigüedad juegue a un nivel superior del relato. La protagonista Romina es una mujer cercana a los cuarenta años, que se separa una temporada de su pareja y vuelve a casa de su madre mientras reflexiona y decide qué hacer con su vida. Durante este regreso a su infancia y juventud repasando momentos más o menos relevantes del pasado, la cámara de Paula ofrece una exploración de la evolución de una mujer con el tiempo, un estudio de las decisiones, fracasos y aciertos que la han llevado al lugar en el que se encuentra de su existencia. Siempre rodado desde una perspectiva naturalista vemos cómo interactúa con amigas, conocidos y algún interés amoroso.

La personalidad de la directora, guionista y actriz se expande a través de todos los aspectos del material creado y sus imágenes en las que se incluyen fotos de su infancia. El film contiene escenas largas de diálogos en plano fijo con los implicados bien contextualizados en su entorno con una visión de la escena muy rohmeriana y que además transmite una teatralidad siempre alejada del artificio, muy al estilo de lo que el director francés conseguía en sus obras. Intercalados en su metraje se insertan una suerte de monólogos que rompen la cuarta pared con los personajes manifestando sus deseos y motivaciones —dando así al espectador una idea clara de los mecanismos narrativos existentes en la película— y transformando el sentido de las interpretaciones de sus actores, que cobran vida más allá de la trama que sustenta la narración.

Otro elemento característico destacable es un control férreo del punto de vista con la cámara siguiendo a la protagonista en todo momento y elaborando todo desde su perspectiva de las consecuencias de sus actos, la conciencia de su entorno y la dinámica con los demás. Además está presente un uso recurrente de la voz en off a modo de monólogo interior que explica su psicología en primera persona sin tener que justificar las acciones ni sus diálogos y funcionando a otro nivel. Con todos estos instrumentos Romina Paula es capaz de trasladar esa idea de flujo de conciencia literaria tan característico de Virginia Woolf en el que protagonista, narrador y punto de vista parecen ser uno mismo y varios a la vez, en el que las fronteras entre la ficción y la no ficción se encuentran difusas también.

El gran mérito de De nuevo otra vez es que saca partido de toda esta complejidad interna en su aproximación formal y estructura, que se expresa con extrema sencillez para realizar un ejercicio de introspección con su protagonista, sin dejar de lado el uso del idioma con su madre —con la que siempre habla en alemán—, los efectos de la crisis vital o de la mediana edad en una mujer o la imposible separación entre sus necesidades individuales como persona y las expectativas sociales de una madre para con su hijo y las contradicciones asociadas a ello. Esto lo lleva hasta la misma esencia, la propia naturaleza de la protagonista que se cuestiona hasta su orientación sexual a través su conexión con una joven que sirve de proyección de todas esas experiencias ya vividas o no de las que tiene un sentido fuertemente nostálgico que envuelve toda la cinta. La mirada al pasado, el cuestionarse a sí misma, valorar los éxitos y los fracasos, ponderar el presente en función de la satisfacción y también las frustraciones, abre una puerta a un futuro siempre incierto. Porque la vida al final es eso: construir el camino que se toma a medida que se avanza y rectificar cuando uno es consciente de que ha tomado quizá una dirección que no lleva a ninguna parte.