Danis Tanovic… a examen

Desde que su debut en el largometraje con En tierra de nadie supusiera un tremendo éxito al estrenarse en Cannes y ganar entre otros el Oscar a la mejor película extranjera, la poco prolífica carrera del bosnio Danis Tanovic se ha caracterizado por un estilo heterogéneo, rodando tras aquella fuera de su país natal dos productos tan dispares como un guión intimista escrito por Kieslowski (El infierno) y un drama bélico de producción irlandesa con Colin Farrell (Triage). Finalmente, su regreso como director a Bosnia después de nueve años dio como resultado Cirkus Columbia. Se trata de una adaptación de la novela homónima de Ivica Dikic que narra las consecuencias del regreso de un hombre llamado Divko a su pueblo natal tras su exilio de veinte años en Alemania, como consecuencia de la caída del comunismo, y de su intención por recobrar lo que considera suyo, para lo cual no dudará en someter a su esposa Lucija a un desahucio forzado con el objetivo de recuperar su casa. Mientras tanto los pequeños enfrentamientos y disturbios presagian el inicio de la guerra.

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Cirkus Columbia supone, por tanto, el regreso de su director a la esfera temática que englobaba su primera película, aunque en esta ocasión desde una perspectiva distinta, tratando de retratar el ambiente de crispación e incertidumbre previo al desencadenamiento de la guerra y propio del difícil período de transición tras la caída del régimen comunista. Este contexto político proporciona un escenario muy característico, que sin embargo aparece subordinado a la trama principal, un drama familiar con toques de coming-of-age que se centra en el conflicto personal que conlleva el regreso de Divko, tanto en Lucija como en su hijo Martin, quien se debate entre apoyar la causa de su madre y su atracción por la joven novia de su padre.

En tono de tragicomedia, pero resaltando más la perspectiva dramática que En tierra de nadie, la cinta presenta un mundo de interacciones marcadas por la convulsión política y social, un caldo de cultivo de lo que no tardaría en llegar, así como las consecuencias para las nuevas generaciones de las rencillas todavía existentes entre las viejas. En su perspectiva eminentemente antibelicista, tratando de denunciar el absurdo de los enfrentamientos, Tanovic probablemente adolece de una cierta falta de ecuanimidad al retratar a los diferentes bandos y facciones. Producto tal vez de lo complejo de su estructura y de la dificultad de tratar todos los puntos de vista, parece observar a unos con mayor simpatía y comprensión que a otros, aunque nunca lo llega a concretar y eso permite que la película funcione con eficacia como un retrato global.

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Con todo, y a pesar de su profunda carga temática, la que nos ocupa es sobre todo una película de personajes, y con ello, de multitud de interacciones bruscas y viscerales, que no podría funcionar como lo hacen sin la maravillosa labor actoral conjunta. Poco se puede añadir a la excelente interpretación de Miki Manojlovic como Divko, creando un personaje que llega a hacerse odiar pero que logra conservar una imagen dignificada y una contundencia que lo hacen fascinante, lo cual es de gran utilidad para cuando se empieza a observarlo desde otra perspectiva a medida que avanza la trama. No menos intachable es la actuación de Boris Ler como el joven Martin, que clava un papel que en un principio puede resultar bastante estereotipado, pero logra transmitir de manera efectiva toda su ingenuidad y su padecimiento por encontrarse en medio del conflicto entre sus padres.

El resultado de esto es una cinta de grandes virtudes a nivel narrativo, aunque inevitablemente irregular por su estructura, con dos frentes que pueden diferenciarse claramente y que no dan la sensación de lograr armonizarse de manera adecuada. Éste es tal vez el mayor pero que se le puede poner al filme: podría desglosarse en varias películas distintas manteniendo una cierta interdependencia entre ellas y desarrollando de esta forma con más énfasis ideas que aparecen algo más diluidas de lo que sería preferible. A pesar de ello, si algo queda en claro de Cirkus Columbia en comparación con sus largometrajes anteriores es que Tanovic se encuentra a su mejor nivel cuando se centra en un entorno que conoce bien, como es en este caso el advenimiento de la Guerra de Bosnia, dando rienda a una visión personal que sin lugar a dudas tiene mucho que ofrecer. Sin llegar a alcanzar las cotas de su magistral En tierra de nadie, sí es una película sólida y en muchos aspectos y pequeños detalles fascinante, que consigue en poco más de hora y media retratar buena parte de la estructura compleja e intrincada que condicionó la profunda inestabilidad de la Yugoslavia de inicios de los años 90.

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