Climax (Gaspar Noé)

Antes de entrar en materia una pequeña reflexión y/o crítica al entorno generado con las películas de Gaspar Noé. No es quizás este el lugar para poner en tela de juicio el criterio de compañeros críticos pero hay comentarios que parecen fuera de lugar, es decir, criticar una película como Climax en base a su estética o recurso formal es desconocer dónde se va a meter uno o directamente entrar con un prejuicio que impide ejercer una valoración objetiva (si es que existe tal cosa) más allá de las propias fobias. No se trata de decir, sin embargo, que todas las películas de Gaspar Noé son buenas solo por afiliación autoral. De hecho el que firma este texto criticó duramente su anterior film, Love 3D.

Todo esto viene a colación de las impresiones finales que genera Climax, un film que es plenamente reconocible al respecto de las obsesiones temáticas y formales del director pero que, precisamente por ello, empieza a sonar a radiofórmula en vías de extinción. Efectivamente Climax parece un canto del cisne en la exploración de los recovecos (in)morales de una Francia en proceso de descomposición social que han trufado la filmografía del director de origen argentino. En esta ocasión Noé se centra en un retrato coral, con personajes de diversa procedencia, orientación sexual o status social pero que al fin y al cabo comparten un acerbo (y un odio) común: Francia y sus símbolos.

La bandera gigante y los crucifijos son símbolos de la contradicción del país galo. Un estado que se considera laico, republicano y culturalmente avanzado, pero cuyo trasfondo es una mera apariencia de colorines que tratan en vano de ocultar un fondo oscuro y desolado que está criando y/o creando unos monstruos que amenazan con destruir desde dentro este decorado. Una visión que entronca directamente con esa trastienda del ‹American Dream› que ofrecía Spring Breakers, pero despojada de cualquier viso irónico de neon-pop.

Es evidente que Noé vuelve a plantear su film en base a sus enunciados poderosos, sus estructuras de inmersión inversas y que, en este caso, transgrede incluso a los créditos de las productoras con un corte que es toda una declaración de intenciones al respecto de lo que piensa sobre lo “independiente”, lo “alternativo” o cualquier formulismo que pretenda asociarse con la mal llamada alta cultura. De hecho, si algo demuestra Noé, es que es conocedor de lo que es la cultura de la calle, de lo que piensan, viven y sienten los jovenes. Da igual que sus formas no sean comerciales, de hecho sus planteamientos ponen de manifiesto una mayor relación comunicativa y empatía con su mensaje que muchas de las películas formulaicas de la cinematografía francesa actual.

De hecho, aunque asistimos a una reformulación de lugares comunes, a un descenso a los infiernos, a una pesadilla mal rollera (muy conectada, por cierto, a estructuras, lugares e iluminación de sus anteriores films) que desata esencialmente en el manejo de la cámara en el último tramo, lo verdaderamente potente en el film de Noé es asistir a lo que piensa cada uno de los personajes antes de estar bajo el efecto de las drogas. Es en este momento de lucidez en el que detectamos la gravedad del asunto en comentarios sexistas, degradantes, fuera absolutamente de los valores de la ‹grandeur› francesa (de la cual se mofa constantemente). La droga no es una excusa, es solo el pomo que abre la puerta a esa jauría de bestias que se pasean, bailan, agreden, insultan y vejan durante todo el metraje.

Se podría acusar a Noé de chauvinismo negativo, de galocentrismo pesimista, de autor centrado en una sola realidad y aunque en cierta manera puede que así sea, Climax ofrece una visión que va más allá de las paredes donde se desarrolla. Sí, fuera de ellas hace frío, mucho frío y la salida no es tal sino un salto al vacío (Enter The Void) que en ausencia de amor (Love 3D) crea una situación de soledad individual (Solo contra todos) de la que no hay vuelta atrás (Irreversible). Noé pues cierra el círculo concéntrico, la espiral de caos, degeneración y nihilismo tal y como la abrió, con exceso, con provocación, con la contundencia de un vómito en un salón de belleza, con la rabia y el asco por bandera. ‹Esclavage, inégalité, inimitié›.



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