Barbacoa de amigos (Eric Lavaine)

Barbacoa de amigos

Realmente Barbacoa de amigos no es de por si una mala película. Es algo peor. Es innecesaria. Podríamos meterla en el saco de ese conocido subgénero llamado “al prota cabrón/aburrido/tonto le pasa algo —normalmente un infarto— y se replantea su vida”. Un subgénero tan limitado como la defensa del Betis de la pasada temporada. O igual no, pero es a lo que la mayoría de ocasiones estamos acostumbrados (tanto los béticos como los amantes del cine).

No hay ningún atisbo de sorpresa en el relato. Ni siquiera no ya una huida por el territorio conocido, sino que se sumerge con una inocencia que asusta en los giros de guión y en la construcción de personajes y sus relaciones. No se espanten. Comedieta simpática con algún toque de drama de esos que mal llaman “sencillos y bonitos”. Avisados quedan.

Empleando una de mis frases más utilizadas tanto para el cine francés como para las cintas que no me gustan, que suelen ir de la mano, no todo es malo en la cinta. Hay una subtrama, la infidelidad de uno de los personajes, que está resuelta de manera inspirada. Bueno, más que inspirada de manera diferente a lo habitual, pero que deja un poso de cierto conservadurismo del que hablaré más tarde. Por lo demás, todas las tramas se cierran como uno espera tras diez minutos de proyección. Lo que queda entonces es un paseo agradable lleno de tópicos. El cineasta intenta crea una tormenta sorda en un vaso de agua que está condenada a estallar.

Así pues, tenemos a un grupo de amigos que deciden pasar unas vacaciones en un lugar de ensueño después de un infarto por parte de nuestro protagonista, que decide cambiar su percepción del mundo. Será el protagonista la nota disonante en la falsa armonía, que intuimos se quebrará. Y será él quien precipite la caída y la posterior catarsis.

Barbacoa de amigos

Como decía, sorprende la inocencia desde el libreto con unas subtramas trilladas al máximo. Una dirección que tan sólo se preocupa de contar una historia bonita termina por impedir levantar el vuelo a la cinta. Repito, no es una mala cinta. Y seguro que hay quien sabrá saborearla en su justa medida. Pero me gusta pensar de mi mismo que exijo algo más a una cinta simpática y sencilla.

De todas formas sí considero de interés la condición social y como nos es mostrada la vida y la moral de los amiguetes de turno. No cabe duda que desprenden el encanto de la burguesía acomodada bien arrinconada en una vida llena de apariencias. Sus subtramas son buena muestra de ello. Y más significativo es descubrir (sin sorpresas) como se soluciona cada una de ellas. Aquí admito mi total ignorancia sobre si se trata de algo intencionado o no, pero no deja de chocar esa historia del hombre arruinado y sin un duro que finge que todo le va bien sin contarle nada siquiera a su mujer, y como tras una mentira prolongada, consigue no sólo salir airoso, sino que es aplaudido por ello en vez de condenado. En suma, como el fin (recuperarse y de paso forrarse) ha justificado el medio (mentir aún a costa de poner en peligro a los demás). Pero el problema no es que el cineasta y su guionista habitual nos hablen de ello. El problema es que un servidor, ahora si, no ve ninguna intención real. No es que se trate de una ironía sobre la mentira, ni parezca posicionarse a favor o en contra (me resultaría harto interesante un tratamiento en positivo o incluso inmoral sobre esta cuestión, no se crean. Algo así como la versión chunga-positiva de La vida de nadie o El empleo del tiempo), es simplemente que se usa como un recurso narrativo más. Una subtrama que si la sacas ni te das cuenta. Cada personaje debe tener su historia. Nada más.

Ya habréis descubierto que no soy precisamente el mayor fan incondicional de la película. Pero no os preocupéis. Lo mejor y lo peor de la cinta es que no es de por si una mala película. Tampoco se puede decir que sea fallida.

Es una peli bonita y sencilla. De las que intento no ver nunca.

Barbacoa de amigos



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