V/H/S/Mixtape (Ernest R. Dickerson, Flying Lotus, Tobias Forge, David Moreau, RZA, Renee Zhan)

Batiburrillo de contradicciones

Con V/H/S Mixtape, la saga cumple su novena entrega. Y al igual que suele pasar en este tipo de películas episódicas, la franquicia ha pasado por fases de tocar fondo —como V/H/S/85, la que parecía ser el último clavo en el ataúd de la saga— hasta un resurgimiento inesperado con sus dos últimas entregas, V/H/S/Beyond y V/H/S/Halloween. Justo por eso mismo, esta entrega, apellidada Mixtape, merecía un voto de confianza. ¿Volvería a las andadas decadentes o seguiría con esa línea ascendente de los últimos tiempos?

El desvío de la MTV y los monstruos de Gwar

Hay que apreciar que, en este caso, el film se aleja de intentar copiar estructuras habituales e intenta crear algo diferente: episodios en diferentes formatos, animación, ‹found footage›, terror infantil analógico y, eso sí, con un eje central entre episodios que en esta ocasión se presenta como una especie de ‹reality show›, muy al estilo MTV, a cargo de la banda Gwar como monstruosos maestros de ceremonias. Es decir, buscaba realizar algo reconocible pero huyendo de repeticiones que puedan dar sensación de agotamiento.

El problema, sin embargo, es que todas estas buenas intenciones acaban siendo un catálogo de despropósitos. La mezcla nunca acaba de funcionar bien. De hecho, todo se siente acelerado, metiendo formatos sin ninguna intención real más que la de seguir ciertas tendencias en el género. Pero más importante que esto es que las historias se sienten atropelladas, mal resueltas, sin tiempo para que respiren y se desarrollen apropiadamente. El ejemplo más claro lo tenemos justamente en su último capítulo. Un segmento que, precisamente sin ser nada extraordinario, sí se toma el tiempo para construirse y, por tanto, actúa como espejo para el resto.

Un tono molesto entre el absurdo y el hartazgo

Otro de los inconvenientes está en el tono. El horror, propiamente dicho, se siente muy poco desarrollado en favor de un humor que pretende ir de lo negro hasta el absurdo y que acaba siendo francamente molesto. Sobre todo, el segmento principal tiene la “virtud” de sacarte absolutamente del film con unos monstruos que, en su intento de epatar, acaban por no dotar de ningún sentido a la propuesta. No se ofrece, pues, una transición entre capítulos satisfactoria, sino más bien unos insertos molestos que ayudan a la desconexión y, por qué no decirlo, al hartazgo.

Y es que no hay que olvidar que V/H/S nace con la idea de ofrecer una suerte de antología de terror que, con el tiempo, ha podido derivar en cine festivalero, cierto; pero que, para ello, tiene que cumplir la función de ser fiel tanto al género como al público que espera “celebrarlo”, no aburrirse con él.

Confundir la variedad con la amalgama

La diferencia está, pues, en confundir la variedad con la amalgama, en distinguir una antología de una mezcla mal realizada. No deja de ser paradójico que justo la entrega que presenta voluntariamente mayor variedad y que quiere reivindicar la última trinchera de lo analógico acabe siendo prácticamente la que lo reduzca a parodia, convirtiendo la reivindicación en un manifiesto de lo desechable.

A V/H/S/Mixtape se le nota poca maduración, mucha prisa por ser realizada y una necesidad de cubrir metraje al precio que sea (la inclusión de un videoclip es el sumun del descaro). ¿La peor de la saga? Si no lo es, está muy, muy cerca.

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