The Difficult Bride (Rubaiyat Hossain)

La belleza con sangre entra

No resulta especialmente complicado entender qué temas nos propone Rubaiyat Hossain en The Difficult Bride. Religión, opresión machista, imposición de cánones de belleza femeninos obligatorios y, sobre todo, una exposición de cómo ante este panorama es necesario reivindicar —no solo como feminismo genérico— la importancia, casi diría que revolucionaria, de imponer el derecho a la autonomía corporal. A romper unas obligaciones estéticas que, de alguna manera, son el primer eslabón de la atadura social.

Un drama terrenal frente a La sustancia

De hecho, aunque de una forma más enfocada al drama social, este es un film que no está tan lejos de lo que proponía un producto como La sustancia (The Substance, Coralie Fargeat), pero dejando de lado todo el aspecto del show para ofrecer una visión más terrenal, más a pie de calle, más alejada del foco del ‹show business›. Algo que, también por comparación, sitúa el problema no solo para aquellos que viven de su imagen, sino que supone un problema cotidiano para todo el mundo, especialmente para las mujeres.

Y esto cobra especial importancia en una sociedad retratada como machista. Palabra que puede parecer incluso banalizada últimamente, pero que engloba toda la problemática expuesta: falta de autonomía (ni para comprar tabaco), libertad vigilada bajo la excusa de la seguridad, vestimenta bajo lupa, corrupción policial y un largo etcétera de elementos que quizás, aunque expuestos en su totalidad, se van difuminando paulatinamente en pequeños comentarios al margen que restan cierta potencia al conjunto en favor de una cierta iteración de subrayados situacionales.

El reto del fantástico y el simbolismo local

Sin embargo, el principal problema de The Difficult Bride, o al menos para el espectador occidental, aparece cuando la película flirtea con el fantástico. El film viene cargado de simbolismos, metáforas y elementos localistas que, si bien no impiden comprender el texto fundamental de la obra, sí dificultan la comprensión más global de la misma. La sensación es que en realidad estamos rascando solo la superficie de lo que se nos está contando, perdiéndonos matices que podrían enriquecer más la experiencia. Obviamente no pedimos occidentalizar la visión de la obra, por supuesto, pero quizás algo más de contexto hubiera sido útil.

Esto, sin embargo, queda como un mal menor a tenor del resultado final, sobre todo cuando se reflexiona sobre ella a ‹posteriori›. Y es que, a pesar de que sus temas no son especialmente originales, hay que apreciar su capacidad para transitar entre un realismo al que no le importa mostrar tanto lo socialmente degradado como las imperfecciones corporales, y una suerte de atmósfera onírica que se mueve en territorios de fantasía luminosa de idealización, pero también en lo pesadillesco, en lo brumoso.

En algo que, al igual que en las calles de Bangladés, parece acechar peligrosamente sin saber muy bien dónde situarlo. Quizás porque el peligro está en cualquier parte, en cualquier momento, adoptando formas variadas como animales considerados repugnantes (gusanos, babosas, serpientes), pero también en una esteticién sonriente, en un policía corrupto o en aquella verruga, aquel grano que es visto como una condena. Así pues, The Difficult Bride es una propuesta inteligente y mordaz que, puede que pierda algo de potencia a medida que avanza su metraje, pero que resulta más que necesaria.

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