Glorious Summer (Helena Ganjalyan, Bartosz Szpak)

El verano es luminoso, aventurero, esperanzador. El verano es inolvidable. El verano nace para que el tiempo se detenga y a un tiempo pase sin apenas poder disfrutarlo.

El verano que Helena Ganjalyan y Bartosz Szpak han inventado es diferente. Tiene mujeres, tejidos vaporosos y tiempos muertos que rellenar con naderías pero todo nos invita a pensar que no tiene fin, y eso lo diagnosticamos como un fallo en el sistema. Tres mujeres sin nombre y sin pasado repiten ejercicios de memoria, juegos infantiles, y todo tipo de momentos de silencio y tranquilidad, y eso es todo lo que debemos saber. El resto es un escaparate de rostros bonitos, pieles perfectas, luces cálidas y elementos decorativos que nos transporten una y otra vez a nuestros ideales de belleza. Y aunque todo sea cálido, amable y calmado, el tic en el ojo no tarda en aparecer, pues con tan pocos elementos, la extrañeza es una especie de vía de escape.

Hay objetos que tienen cierta tendencia al frío, hay voces que pese a su dulzura repiten frases mecánicas y hay movimientos casi imperceptibles que muestran la incomodidad de esta microsociedad reducida a tres personas. La preparación infinita de un glorioso verano dentro de un espacio seguro donde nada perturba la normalidad puede ser tan asfixiante como encontrarse en medio del caos, al mismo tiempo que la ignorancia, ante un mínimo de intelecto o curiosidad, es una tortura que nubla cualquier signo de felicidad. A partir de este punto, este pequeño sentimiento compartido con el espectador, Glorious Summer nos deja ver un pequeño avance en su, por otra parte, anodino pero intrigante ‹statu quo›. Poco a poco entendemos esos pequeños movimientos aberrantes por parte de estas mujeres, que con diferentes implicaciones miran el exterior como una diferencia a lo que conocen que también quieren experimentar.

Esta distopía barroca con tintes de ciencia-ficción propone un juego algo más peligroso que el que comparten ellas tres. El problema radica en que su falta de información nos implica directamente. Lo que ellas desconocen es un misterio, pero también aquello que parecen haber deducido, esto consigue que su repetición diaria reste efecto a la monotonía donde quieren resaltar una crítica social. El envoltorio es magnífico, pero el contenido se niega a revelarse en algún momento, consiguiendo un arranque capaz de enganchar a cualquiera que no desea cumplir con nuestras exigencias. No dejan de ser loables sus actuaciones donde lo estéril es capaz de ser camaleónico, o una fotografía impecable donde remarcar esos frutos prohibidos, pero la crueldad silenciosa no deja de ser un pasatiempos si no involucra algún otro aliciente que el visual.

Al finalizar seguimos sin comprender el mundo en el que se encuentran atrapadas y el camino que ellas terminan por elegir cuando siguen sin informarnos de sus opciones. La preciosa jaula cierra las puertas y nos deja fuera, sin posibilidad de entrar, solo podemos observar sus movimientos. El lenguaje queda vacío de significado cuando prometía gritarnos algún emblema de libertad o pérdida absoluta de oportunidades. En cambio opta por seguir con lo establecido, con las variantes mínimas que no terminan de expresar realmente si lo malo está dentro o fuera.

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