Entrevistamos al equipo de La buena hija: su directora, Júlia de Paz Solvas, quien también escribe el guion junto a Núria Dunjó y su protagonista, la joven actriz novel Kiara Arancibia durante el D’A 2026, donde se presenta la película como clausura tras recibir varios premios en Tallinn.
Rubén Collazos: Nos gustaría que nos contaras de dónde surge la idea de rodar La buena hija.
Júlia de Paz Solvas: Pues la historia vino porque una de mis mejores amigas trabajaba en un punto de encuentro familiar como mediadora y me explicaba lo que veía desde la frustración de tener que cumplir una ley en la que ella no creía. Como mediadora ella acompañaba a niños y niñas que debían continuar visitando al agresor, en este caso al padre, porque al no sufrir violencia física ni sexual no eran considerados víctimas de la violencia machista, que estaba más centrada en la madre.
A partir de aquí, con Núria Dunjó, que es la productora de la película, empezamos a entrevistarnos con mujeres supervivientes de violencia machista y vimos que la gran mayoría de ellas compartían un miedo enorme por sus hijos e hijas, porque debían continuar visitando al agresor por no ser consideradas víctimas de la violencia. Empezamos a hacer un proceso de investigación que duró entre 5 y 6 años que nos ha llevado a la película actual y que viene de un querer defender que estos niños y niñas tienen que ser escuchados y se tienen que tener en cuenta sus derechos y lo que realmente quieren en un conflicto como es la violencia vicaria o la violencia machista.
R. C.: De hecho, el tema central que es la violencia de género se ha representado en multitud de ocasiones en el cine. Más allá de la experiencia propia, ¿cómo surge esta idea de exponerlo desde el punto de vista de la menor, de la persona que percibe desde fuera toda esta violencia y que al principio parece que no lo acaba de asimilar y poco a poco lo va asumiendo?
J. P. S.: Pues justamente viene del darnos cuenta de nuestra propia ignorancia de esta problemática, de cómo estos niños y niñas no están siendo para nada escuchados, no solamente a nivel judicial, sino también a nivel social, cultural y político. Nosotras teníamos claro que queríamos narrar la historia desde el punto de vista de Carmela, de la niña, justamente por esto, para reclamar o dar este espacio que no se les está dando y el enseñar el cómo esta violencia afecta a la infancia, de tal manera que hemos buscado una conversación con el espectador o espectadora para que el mismo público haga este viaje que hace Carmela del amor al desamor con el padre.
Núria Dunjó: De hecho, sí que hay películas en las que se representa más la violencia machista, pero si te fijas, realmente, que hable de los niños o que ponga en el punto de vista de los niños no es tan común.
R. C.: Suele ser desde el punto de vista del adulto…
N.D.: Y ahí es donde estaba lo interesante y donde se nos generaban muchísimas preguntas y por eso nos atrevimos a lanzarnos a hacer la película.
R. C.: La película empieza de una forma más distendida, con todo el mundo de la protagonista, con sus compañeras y su rutina, y poco a poco va deformando su perspectiva a través de la mirada de Carmela, dándose cuenta de todo lo que hay detrás en la relación rota de sus padres. ¿Cómo habéis trabajado esto tanto a nivel de guion como Kiara a nivel actoral?
N.D.: A la hora de escribir era muy importante para nosotras que Carmela no fuera solo esta violencia. Sí que era el eje central de la película, de su conflicto y de lo que le está pasando, le está marcando en todo, pero para nosotras era muy importante que no solo fuera eso su personaje. Cuando tuvimos la oportunidad de hablar con niños que habían estado en estas situaciones, muchos nos hacían referencia a estas ganas de identificarse no solo en esa violencia, no querían tener solo esta etiqueta, «yo soy muchas cosas más» nos decían. Entonces, a partir de aquí sale la idea de generar este núcleo que rodea a Carmela y que la sostiene y que es parte de su resiliencia final, por eso era muy importante para nosotras también acabar con el final con el que acabamos, con las amigas, porque nos daba este mensaje que queríamos resaltar al final, dar un poco de luz, representación y sororidad.
J. P. S.: A nivel de dirección teníamos muy claro que no queríamos generar situaciones o espacios de violencia en la película. La película enseña momentos de violencia, pero no queríamos que al rodarse generase esta violencia, por eso lo que hicimos fue trabajar mucho que los actores y actrices pusieran los límites, que ellos decidieran hasta qué punto rodábamos e incluso cómo rodábamos en ciertos momentos, y concienciar mucho al equipo de qué tipo de película estábamos haciendo, y lo que hicimos con Kiara fue el trabajo del personaje de Carmela, no con aspectos o capas personales de Kiara, sino el diferenciar mucho el personaje y a la persona, y hacer el ejercicio, gracias también a Tamara Casellas, que es la ‹coach› de Chiara, de entender al personaje de Carmela, entender sus miedos, entender sus luces, entender qué es lo que quiere, qué es lo que no quiere, hicimos más un trabajo así.
Kiara Arancibia: Sí, sí, sí, no tuve miedo, sólo me leí una vez el guión, y estuvimos dos meses en los que iba cada día a ensayar.
R. C.: ¿Cómo fue de exigente rodar esas escenas más tensas, en las que comentas que pusisteis unos límites? Hay incluso una escena más física en la piscina que se revela en pantalla como asfixiante.
J. P. S.: Pues mira, la de la piscina fue muy mecánica.
K. A.: Como una coreografía.
J. P. S.: Exacto, había una coreografía donde Kiara tenía una señal para marcarle a Julián, y a nivel emocional fue la que más trabajamos de lo que surgía en ese momento, porque era todo más técnico, trabajamos mucho la coreografía. Y la del coche sí que fue la más complicada, porque ya de por sí emocionalmente era muy difícil, era muy difícil también porque lo que parece ser una conversación en verdad es un monólogo por parte del padre, entonces era muy importante la escucha por parte de Kiara, porque lo que no daba con la voz tenía que darlo con la mirada y con los silencios. Entonces no hicimos muchas tomas, la verdad, como mucho hicimos dos tomas, tres.
N.D.: Y eran larguísimas, claro.
K. A.: Eran súper largas.
J. P. S.: Se rodaron en plano secuencia, y lo que era muy importante y que ha sido muy importante en todo el proceso era acompañar no solamente a entrar emocionalmente la secuencia, sino a salir emocionalmente. Esto para nosotras era incluso más importante, ¿no?
K. A.: Sí, salíamos con música, nos poníamos ahí a bailar.
N.D.: También se creaba un equipo muy bonito, ¿no? Entre todos. Yo recuerdo que cuando Kiara acababa de rodar una escena tan fuerte, venía, ¿no? Y era como “esto, no sé qué, tal”.
J. P. S.: Creo que se generó también en el equipo, que es en parte gracias a Kiara porque también lo ha generado ella, pero creo que se generó un equipo muy bonito en donde nos íbamos sosteniendo, ¿no?
K. A.: Sí, porque siempre estuve muy acompañada.
R. C.: Kiara, tú que estás empezando en el cine, ¿cómo fue tu relación sobre todo con Julián Villagrán, que es cuando tienes las escenas más intensas? ¿cómo te ayudó en este proceso?
K. A.: Pues al principio, cuando Carmela idolatra a su padre, yo creo que lo tuve fácil porque admiro muchísimo a Julián, entonces fue fácil quererlo. Y ya después, bueno, ya sabía que Julián cuando se concentraba en su parte, sabía que estaba en personaje, entonces lo dejaba ahí en paz porque también me venía bien esa distancia para hacer la escena. Pero muy bien porque Julián se mete en el papel, también me mete con él y vamos ahí como fluyendo ambos, ¿no? Y después salir del papel fue fácil.
R. C.: La buena hija es una película que trata un tema más social, pero huye de lo que son las directrices típicas del cine social. Es en ese sentido una película más luminosa, más apegada a la cotidianeidad, como por ejemplo las escenas de Carmela con sus compañeras. ¿Cómo lo enfocasteis esto en un principio para que fuera así?
J. P. S.: Claro, ya desde guión, lo que ha comentado antes Núria, sobre todo cuando hablábamos con estos niños y niñas que nos decían yo no quiero sentir que mi identidad es la violencia, vivo o he vivido en este conflicto, pero yo no soy esto. Entonces para nosotras era importantísimo el enseñar estos espacios de luz, sobre todo para defender el cómo deberían vivir estos niños y niñas, ¿no? El derecho que tienen a vivir el primer amor, el vivir con las amigas, el poder evadirse, el poder reír.
Entonces era esencial encontrar un equilibrio entre esta luz y la oscuridad que ya conlleva el propio conflicto en los momentos con el padre, con la madre, justamente para también dar un poco este mensaje de que con un buen acompañamiento hay posibilidad de resiliencia. Nos encontramos mucho que también vivían mucho con este estigma de si yo soy hijo de un maltratador, voy a ser maltratador, si yo soy hija de una víctima, voy a ser víctima en el futuro, ¿no?
Lo que buscábamos era enseñar que no tiene por qué reproducirse este canon o no reproducirse este mecanismo, porque es lo que nos hacen pensar, como que nos marcan a nivel social, a nivel cultural, a nivel político, nos marcan un poco nuestra propia identidad y nuestro futuro identitario en este sentido, cuando realmente si te rodeas de un espacio que realmente busca acompañarte, pues hay posibilidad de no reproducir este prototipo, este canon.
R. C.: Sí, supongo que en ese sentido es como primordial todo este espacio que crea con las amigas, estos diálogos, estas escenas más de ‹coming of age›, por así decirlo, sin llegar a serlo, aunque algo se perciba como en la escena del ascensor, ¿no?
J. P. S.: Nos encanta porque todo el mundo nos dice lo del ascensor y rodar esa secuencia fue liviano. En el rodaje había secuencias muy complicadas emocionalmente y esa fue divertida de hacer, con el acompañamiento de la coordinadora de intimidad también, nos daba a nosotras mismas la oportunidad de poder respirar también en el propio rodaje, de disfrutar y de reírnos.
N. D.: Sí, es que ha sido guay retratar también la adolescencia y hacer una revisión de nuestra propia adolescencia, de ver cómo son las relaciones, porque al final es un momento de tanta ebullición, que ha sido también muy divertido hacerlo, ¿no? Yo creo que eso lo hemos disfrutado también.
R. C.: Ahora parece el cine español está en un momento como muy de ebullición, me quedo con esa palabra, y estuvisteis en Tallín, que es un festival muy importante a nivel internacional. Contadnos cómo fue esta experiencia.
J. P. S.: Mira, yo es que pillé la gripe, entonces te lo van a contar mejor ellas. A ver, fue muy emocionante.
N. D.: Yo creo que fue muy increíble, porque fue muy chulo estar ahí, además fue la primera vez que se pasaba la película con público.
K. A.: La primera vez que la veía yo.
N. D.: La primera vez que la veías tú. Sí, ¿verdad? Fue muy emocionante esto, estábamos desbordadas de emoción un poco, entonces hubo muy buena recepción y luego, bueno, lo que no nos esperábamos, nosotros nos fuimos a casa y lo que no nos esperábamos es que había que volver.
J. P. S.: Y nada, ganamos tres premios ahí, fue increíble.
K. A.: Me lo pasé genial, apareció mi madre de repente, de sorpresa, ahí en el cine, que casi me da un telele, pero de tantas emociones. Justo aparece mi familia, en otro país. No, te juro que yo solo recuerdo estar llorando y abrazándome a mi madre. Volvimos y pasados tres días me llamó Júlia por videollamada mientras estaba cenando. Le respondí y me dice: «Que nos vamos a Tallinn otra vez» y yo «¿Qué? ¿Qué hemos ganado?».
J. P. S.: Sólo sabíamos que teníamos el premio para Kiara, porque nos pidieron que ella viniese, pero los otros dos premios fueron una sorpresa.
N. D.: Luego pasó mucho tiempo hasta que la pudo ver gente cercana a nosotras, pero al final la vio gente de todas partes en el festival, y fue genial.
J. P. S.: Fue muy especial, además no sabíamos cómo está el conflicto de la violencia machista en Estonia, y lo que nos encontramos fue que la gente conectó mucho y nos vino a decir que ahí el conflicto también está muy latente.
N. D.: Está más escondido, ¿no? Hablábamos con ellos y al final son sociedades diferentes y comentamos cómo lo lleva cada uno, pero sí que está más escondido, y evidentemente esto estaba por todas partes.
K. A.: Y lo que me sorprendió, cuando recibí el premio y estábamos después en la fiesta, es que vinieron algunas representantes del jurado y otra gente a contarme sus historias personales. Me contaban cómo les ha llegado a ellos la peli, y fue muy emocionante.
R. C.: Para terminar, nuestro medio es Cine maldito, hablamos siempre sobre cine más al margen, más desconocido, y queremos que nos recomendéis alguna película en ese sentido, más desconocida.
J. P. S.: Voy a recomendar un documental que se llama Este cuerpo mío, de Afioco Gnecco y Carolina Yuste, que creo que enseña la transición desde un punto de vista que muestra todos los grises, todas las capas del proceso, del momento de tomar la decisión y de la necesidad también de este acompañamiento a las personas que están en esta situación.
N. D.: Yo también me sumo a esa recomendación.
K. A.: Pues yo recomiendo Polvo serán (Carlos Marques-Marcet), que me encanta, es mi peli favorita.
Entrevista realizada en Barcelona el 27 de marzo de 2026

Larga vida a la nueva carne.









