Entrevista a Cyril Aris, director de Un mundo frágil y maravilloso

Entrevistamos al director libanés Cyril Aris, que tras presentar su película Un mundo frágil y maravilloso en el Festival D’A 2026 llega a cines con una carta de amor a Beirut y a aquellos que la aman.

Rubén Collazos: Antes de empezar a hablar de la película en sí, me gustaría que nos hables un poco sobre la colaboración continua con Mounia Akl, que aquí es la actriz protagonista, pero ha montado cortos tuyos, ha habido un constante intercambio artístico entre vosotros.

Cyril Aris: Nos conocimos cuando ella era estudiante de arquitectura y yo estudiante en ingeniería. Y en realidad queríamos hacer películas, éramos muy apasionados, así que cogimos una cámara y empezamos a hacer cortos muy ‹amateurs›, pero con mucho amor y mucha pasión. Desde entonces hemos evolucionado, pero siempre estamos en el mismo círculo los dos. Colaboramos, ella lee todos mis trabajos, yo leo los suyos. He producido sus cortos, ella ha actuado en mis cortos y en el documental Dancing on the Edge of a Volcano (2023). He montado su filme Costa Brava, Líbano (2016), y bueno, para mí es un alma gemela creativa.

He querido ponerla frente a la cámara, porque pensé que era la única persona que podía jugar a Yasmina con todos sus matices y todas sus complejidades.

R. C.: Dentro de un contexto tan desfavorable como es la situación que se vive en Líbano, donde siempre se transmite desencanto en el cine, pero la idea que transmite Un mundo frágil y maravilloso va quizá en un sentido más opuesto, es una película más enérgica, más alejada del drama, ¿cómo lo afrontas? ¿cómo surge esta idea?

C. A.: Sí, es una buena pregunta, porque cuando uno piensa o ve el cine generalmente libanés o árabe, pues tenemos tendencia a pensar más en dramas, en tragedias, en pelis de guerra, y es verdad que refleja una realidad de forma indudable. Pero hay otras películas en las que se transmite una cierta alegría de vivir, hay un calor humano, hay humor, hay comedia. Por tanto, creo que es bastante reductivo minimizar toda la situación o bien toda la realidad que vive la sociedad a dramas y tragedias. Es verdad que en Líbano la gente, en su forma de vivir, utiliza mucho la comedia y el humor como una herramienta de supervivencia.

Somos capaces de reír incluso durante las tragedias, y creo que es nuestra manera de enfrentar todo lo que sucede. Para mí fue una manera de ser muy fiel a la atmósfera real del Líbano y de su capital Beirut, ya sea en épocas de paz, de prosperidad, de reconstrucción, que son épocas de optimismo, o en épocas como la que estamos viviendo ahora, una de violencia inútil y de drama.

R. C.: Entre los dos personajes protagonistas hay una contraposición. Ella está desencantada con la situación del país y él, en cambio, abraza un poco ese caos, todo lo que están viviendo está integrado en su vida. ¿Es esta idea un reflejo de lo que se vive en Líbano? Personas que prefieren irse y otras que deciden quedarse sabiendo que es lo que les ha tocado vivir porque es su tierra, ¿Gira la película en torno a estas miradas?

C. A.: Creo que todos los libaneses se encuentran en ese espectro. Lo que vemos a través de los dos personajes, es donde cualquier libanés de casi de cualquier generación se ha situado en algún momento de su vida, según la situación socioeconómico y política, es como una balanza entre las dos. Hay gente que decide ser optimista, y creo que el optimismo es un elección. No es necesariamente un trato de carácter, es realmente un elección y es la elección más noble el que decide creer en este país.

Y es ahí cuando nos preguntamos si no es una especie de denuncia o casi una ilusión continuar amando, queriendo creer en este país. Yasmina, por otro lado, es más pragmática, más cínica, pero también un poco más fatalista, y creo que es la elección más perezosa. En fin, efectivamente, refleja la realidad de las cosas y estamos constantemente enfrentados a este test de querer continuar con el sueño de crear un futuro, porque cuando nos fijamos un poco en la historia del país, vemos que todas las generaciones anteriores pasaron por crisis, dramas y guerras profundas. Pero sí, creo que todos pasamos por el sentimiento de ellos dos, esta dualidad, y creo que hay nobleza en el optimismo, pero también hay realidad en el pesimismo.

Cuando empecé a escribir la película me identificaba completamente con Yasmina y cuando llegó el final del rodaje me acerqué mucho más a la visión de Nino, pero ahora estoy en un momento en que, otra vez por la situación, me siento muchísimo más como Yasmina.

R. C.: El cine libanés, normalmente se acerca más al drama, a poner su foco sobre un terreno más realista, más crudo y, sin embargo, tú te distancias de ello, te diriges más a terrenos de comedia romántica, que se encuentra en el lado opuesto. ¿Cómo enfocaste esta incursión? ¿Crees necesario poner el foco en miradas que no sean tan graves como lo que son habitualmente cuando se habla sobre este tipo de conflictos y situaciones? 

C. A.: Sí, creo que el tono es más poético que se encuentra en nuestra sociedad. Si quieres ver dramas y tragedias solo tienes que encender la televisión y revisar las noticias.  Es un poco nuestra función, yo creo que como artistas, en este caso como cineastas, no solamente hay que documentar nuestro día a día, sino también añadir un poco de ensoñación, de lirismo, hay que poner un tono poético que hay en la realidad de la sociedad libanesa. También porque el idioma árabe es muy poético.

También es cierto que la primera vez que me enamoré fue en Beirut, y recuerdo haber creído en ese momento que era la ciudad más bella del mundo. Yo creo que hablar de una ciudad a través del romance o del carácter romántico permite ofrecer una distorsión, un prisma de cara a la realidad que es oscura, como lo vemos en este trasfondo de los personajes que a través de las mariposas que pueden sentir y esta relación les cambia un poco la percepción de la ciudad, en este caso de Beirut.

R. C.: A nivel visual, Un mundo frágil y maravilloso es una película que tiene una línea muy marcada: el color saturado, los planos cerrados, incluso existen los cambios de formato. ¿En qué te has inspirado para darle forma a la película?

C. A.: El lenguaje visual era muy importante para mí, he trabajado con la directora de fotografía libanesa Joe Saade, que es maravillosa. En realidad queríamos que en la primera parte, cuando están enamorados, que se vea Beirut en todos sus colores, con mucha saturación, con una cámara que mueve mucho. Queríamos transmitir todo ese sentimiento a través de las imágenes y del lenguaje visual; mientras que en la segunda parte, cuando Beirut está en declive, se siente que se pierde un poco toda la saturación, se pierden los colores, la cámara está en el trípode, toma una especie de distancia y se vuelve un poco más observadora. En contraste, se siente que la ciudad muere, igual que la relación e igual que la atmósfera en general.

En términos de inspiración, bueno, me gusta un poco de todo. Me gusta mucho el cine italiano, por ejemplo, sobre todo el cine de Antonioni y de Fellini, y ese aspecto tan onírico que tienen en sus películas. Pero también me gusta mucho el cine americano independiente de Cassavetes, o incluso un poco más contemporáneo, el de Paul Thomas Anderson. Y, obviamente, creo que hay inspiraciones bastante claras del cine asiático, como el cine de Wong Kar Wai.

R. C.: Entre los dos protagonistas hay mucha química, y hace que esta “fantasía”, que viven se sienta más realista. ¿Cómo trabajasteis esta conexión?

C. A.: Estamos toda la película pegados a las espaldas de los dos personajes y para mí era importante no solo encontrar a los actores por separado que me convencieran sino la alquimia entre los dos, tanto a nivel de gestualidad como a nivel de miradas. Una vez que acabé el casting de los dos, empecé a ensayar mucho. En el trabajo de los personajes hicimos repeticiones sobre toda la relación. Nunca hicimos repeticiones sobre las escenas en concreto, fue un trabajo para crear este magnetismo entre ellos, para que sientan que cuando lleguen a la grabación y se pongan frente a la cámara, existe esa relación de veinte años de atracción entre ellos. Hablamos mucho de su vida personal y de sus propios secretos, de sus secretos más íntimos, para que yo pueda ingresar un poco en su vida personal y hacer una especie de sustitución para que realmente sientan las emociones reales de los personajes.

En otras ocasiones les pedía que se apropiaran del escenario y que reprodujeran el diálogo de su manera, con su forma de hablar. Finalmente, no había ninguna escena en la que no estavieran al 100% convencidos de lo que decían o de lo que el personaje estaba viviendo. Fue igual, para los niños, pudieron apropiarse del escenario para ver cómo ellos lo veían, cómo vivían y cómo le dirían las cosas.

R. C.: ¿Nos puedes recomendar una película desconocida o al margen?

C. A.: Voy a tener que pensar mucho, espero que no sea demasiado desconocida. Por quedarme en el cine libanés, recomendaría el documental Whispers de Maroun Bagdadi, una película de 1980 que cuando la ves puedes creer que está rodada en la actualidad. Esa es la verdadera tragedia, que resulte tan contemporáneo a pesar del paso del tiempo.

R. C.: Muchas gracias por tus respuestas.

Entrevista realizada en Barcelona el 27 de marzo de 2026

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