El pájaro de papel (Anja Breien)

El pájaro de papel (1984) es un thriller con tintes de drama dirigido por la directora noruega Anja Breien. Es el sexto largometraje de una cineasta que se había alzado ya con varios premios y nominaciones importantes como a la Palma de Oro en Cannes o el León de Oro en Venecia, y cuyas obras por tanto ya eran reconocidas. Breien opta una vez más por una película que contiene un fuerte componente dramático, pero creando una tensión diferente, con elementos que supuran una extraña ansiedad, a los que la directora no acostumbra tanto. Además, está basada en un libro del novelista noruego Knut Faldbakken, que colabora en el guión de la obra junto a Anja.

Una vez más, Breien abre la película con una escena de gran impacto en la que conocemos a nuestra protagonista, Helen, que descubre que su padre acaba de fallecer tras caer desde su piso. De esta forma, la directora genera un gancho para el público, captando su atención y construyendo una fuerte tensión desde el inicio. A lo largo de la obra este suspense es algo intermitente, y se mantiene un ritmo pausado y marcado por pequeñas píldoras de información y pistas que se nos van dando sobre el caso. Mientras, Helen desarrolla una historia de amor con el policía que lleva el caso de su padre, Pal, interpretado por un enorme Bjørn Floberg. Desde el aspecto narrativo, hay ciertas claves que cabe destacar. Para empezar, es fundamental cómo se construye la historia, con una estructura que se podría entender como circular debido a que acaba en el mismo punto que empieza, pero con una serie de detalles derivados de la investigación (la cual acaba por ser la película en sí misma), que van transformando su significado.

Posiblemente de lo más remarcable en este aspecto sea la evolución narrativa del filme. Partimos de una base en la que nos identificamos con la protagonista ya que no sabemos nada acerca de lo sucedido (aparentemente, igual que ella). De forma gradual, Anja y Knut comienzan a dar a conocer al público información importante e incluso pequeños indicios. En paralelo al caso, se desarrollan otras tramas dentro de la historia, como la aventura amorosa entre Helen y Pal, el descubrimiento progresivo de la relación que guardaba Helen con su padre (un tema que va ganando importancia durante la película) o la irrupción de las drogas. Es entonces cuando el film se eleva pero a la vez se enreda de alguna forma e incluso parece ir por caminos que terminan por no suponer una aportación a la trama principal, y esto puede generar confusión en el espectador. Aun así, en casi todos ellos se tratan temas importantes e incluso se emiten potentes mensajes que sí mantienen gran relación con el resto de la cinta, planteando en ocasiones preguntas muy relevantes a las que la historia no da respuesta de forma intencionada. La identificación que genera Breien en el público con la protagonista es fundamental, y esta va ganando cada vez más notoriedad y terreno a medida que la película avanza (aunque sin incidir demasiado en ella, sus motivos o aspiraciones), hasta el punto en el que el clímax final rompe con la evolución de su personaje a lo largo de la obra y genera, de esta forma, un mayor impacto.

A título personal, creo que lo más remarcable de la película es sin duda la fotografía, desde la puesta en escena hasta la composición de los distintos planos. El trabajo entre Breien y Erling Thurmann-Andersen (el director de fotografía del film que nos ocupa y con el que más ha colaborado la directora noruega) alza e incluso transforma la obra. Así, las imágenes, gracias a los colores, la composición o los distintos aspectos que engloba la puesta en escena, marcan el tono durante prácticamente toda el metraje, con otros usos determinados como la creación de emociones o la mezcla de estas mismas. Breien se sirve de este tipo de herramientas (además, también de la música, que juega un papel fundamental en este sentido) para introducir al espectador en la historia, creando imágenes tan sorprendentes como emotivas. De manera que el aspecto visual y sonoro de la película no son meros acompañantes sino que cumplen funciones narrativas esenciales como establecer las atmósferas emocionales, definir a los propios personajes o alimentar los picos de incertidumbre.

Mediante todo esto, la directora noruega nos ofrece una propuesta ambiciosa y valiente que, como todas sus obras, cuenta con grandes puntos fuertes y nos plantea muchas preguntas y reflexiones acompañadas de un valeroso discurso. El pájaro de papel es toda una experiencia caracterizada por la tensión y el enigma que consigue jugar con el espectador y atraer su atención.

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