Luces de París (Marc Fitoussi)

Aquellos que siempre hemos vivido en entornos urbanos desconocemos lo que supone crecer en un ambiente natural. Por este motivo, cuando un individuo de ciudad acude a pasar unos días al campo y presencia cosas como el parto de un animal, tiende a apartar la vista o a calificar dicha acción como “un asco”, lo cual lógicamente es un error y casi diríamos que una incongruencia, pero que resulta entendible hasta cierto punto dado el gran promedio de escrúpulos que existe entre las personas que llevan (llevamos) una apacible vida burguesa. Lo que sí es incomprensible es que esos mismos urbanitas se rían de los individuos del campo que, tras llegar a la ciudad para pasar unos días, quedan asombrados con aspectos del día a día que a nosotros nos parecen ya asumidos. Por ejemplo, cuando Brigitte ve cómo la policía echa abajo el puesto de fruta de un inmigrante indio se queda estupefacta, pero el propio agente obvia explicar su acción por considerar que todo el mundo ya conoce el porqué. La perplejidad de Brigitte al presenciar tal escena, por cierto, resume bastante bien la confusión que apodera su interior.

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Luces de París (La ritournelle), película dirigida por Marc Fitoussi, muestra la inexplicable fragilidad de un matrimonio en el que sus dos miembros parecen quererse con locura. El motivo, como pronto descubriremos, es que la emancipación de sus dos hijos ha dejado desamparada a la pareja. El punto de ebullición se alcanza cuando Brigitte conoce al joven Stan en una fiesta que da su vecina. Días después, la mujer abandona el hogar de Normandía para acudir a la capital francesa con el pretexto de ver a un dermatólogo que le trate los eccemas que constriñen su espíritu más que su salud. Una excusa que a su marido Xavier no le termina de convencer…

La cinta aparenta ser una comedia dramática en la que Fitoussi no rebaja el tono agradable, pese a que lo que el cineasta galo nos quiere contar tampoco admitiría demasiadas bromas. Un recurso a priori arriesgado pero que se lleva a la realidad de una manera bastante acertada, al situarnos en el contexto de la vida de Brigitte en primer lugar para posteriormente acercarnos a diversos pasajes que acaecen en París. La protagonista está caracterizada por una Isabelle Huppert como siempre fabulosa, convirtiéndose en una figura que trasciende su propio personaje para representar a cualquier ser humano que sienta que debe de salir de la cargante atmósfera en la que vive, por mucho que algunos urbanitas consideremos la vida en el campo como pacífica y apacible. Merced a la construcción de secundarios con una atrayente personalidad propia –ni el guapo es siempre maravilloso ni los extranjeros son sospechosos de ser pervertidos–, la trama funciona mientras Brigitte está pisando suelo parisino.

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Pero Luces de París adolece de un defecto muy perceptible como es su atropellado final, donde el director intenta mezclar demasiadas cosas que no casan demasiado bien entre ellas y, además, lo hace a un ritmo vertiginoso en el que ni siquiera da tiempo a paladear la única toma buena de los últimos minutos, un plano donde Huppert demuestra su ya sabida calidad interpretativa. Parece como si Fitoussi hubiera querido rizar el rizo uniendo varias situaciones en un conjunto que peca de muy artificial, obviando el auténtico ritmo de su propio trabajo. Por fortuna son sólo diez minutos sobre los 99 que componen el metraje total, pero representan sin ninguna duda lo peor de la cinta.

Dejando de lado este lunar, Luces de París es un film que posee un aspecto bastante pulido, en el que todo casa y se entrelaza correctamente durante su primera hora y media. Una película que parece dejarse ver apaciblemente, pero cuya fachada ligera en realidad está ocultando un trasfondo bastante dramático. Fitoussi pretende así evitar lo exagerado y triste para centrarse en una pequeña y agradable comedia dramática que, en mayor o menor medida, varios de sus espectadores habrán experimentado en la vida real.

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