Notes on the Circus (Jonas Mekas)

El reciente fallecimiento de Jonas Mekas ha supuesto un duro golpe para aquellos amantes del cine más alternativo y divergente, pues Mekas no era el típico cineasta que pasaba desapercibido, sino que más bien fue un revolucionario que hizo saltar por los aires los paradigmas más apegados al lenguaje cinematográfico convencional. Lejos de la soledad y olvido que suele acompañar a los artistas que apuestan por recorrer los márgenes de la narrativa clásica, al menos el viejo Mekas se ha marchado disfrutando de un unánime reconocimiento por parte tanto de sus compañeros de profesión como de ese público joven ávido de explorar los senderos más provocadores del séptimo arte. La influencia de Mekas fue, es y será infinita, aunque dudo que nadie pueda igualar su mirada ya que esta fue única e intransferible fundamentalmente debido a su anárquica manera de radiografiar la realidad.

Su cine es inclasificable y por ello a veces complicado de digerir. Un cine no apto para todos los estómagos y paladares, esencialmente poético e intimista, alejado de modas aceptadas, transgresor como les gusta denominar a todo lo que suena raro a los ‹hipsters› de turno. Como todo poeta humanista, Mekas amaba captar la realidad del momento, sin trampa ni cartón y por consiguiente sin inyectar efectos impostados. Los sonidos de sus películas resuenan como exhalaciones fugaces de un instante concreto. Así, en su obra más popular (Reminiscencias de un viaje a Lituania), el maestro jugueteaba con su memoria e identidad, algo que exploró igualmente en otros títulos de su filmografía como The Song of Avila, haciéndonos partícipes como espectadores de su particular relación de amor con el cine, un ente sanador que se convirtió en el peculiar Dios que dictó los pasos en este universo terrenal del autor de The Brig.

Partiendo de dos de las obsesiones de Mekas (la captación inmortal de un momento que supone la imagen cinematográfica y la ruptura visual como opción de exposición de ésta última), en 1966 el maestro sacó adelante un corto bastante pintoresco que presenta buena parte de los patrones habituales de la primera etapa de su carrera. Y es que Notes on the Circus se eleva como una rara avis atractivamente consciente de sus propuestas desobedientes y revolucionarias. Un corto de tan solo 12 minutos de duración, filmado en un único espacio (un circo poseedor de todos y cada uno de los espectáculos habituales de este arte centenario), pero radiografiado sin ley ni orden.

Poco se puede decir de su sinopsis. Es la imagen la que contiene todo el sentido: aquí veremos a trapecistas, equilibristas, malabaristas, payasos, domadores y fieras ejecutar su espectáculo. Pero eso no es lo importante, el verdadero espectáculo lo representa la cámara de Mekas. Una cámara fuera de sí, inquieta, acelerada y mareante. Mekas reparte juego como un experto tahúr mediante angulaciones, rebobinados, imágenes aceleradas y desenfrenadas que se encadenan sin ningún sentido lineal, encadenando fundidos sin parar que hacen convivir en el mismo espacio a tigres con trapecistas y también con fakires lanza llamas. Unos fundidos que fueron moldeados para ser exhibidos al ojo humano como fogonazos de inspiración. Para quienes les guste ese cine más apoyado en imágenes sensoriales que diálogos, es posible que Notes on the Circus les evoque ese cine pretérito del dadaísmo europeo con nombres como René Clair, Man Ray o Hans Ritcher como primeros espadas. Pero etiquetar a este corto como un experimento dadaísta sería reducir su significado a la mínima expresión, pues este es un corto difícil de encasillar precisamente por la falta de adscripción de Mekas a un patrón común seguido por una misma doctrina.

Sí, está claro que este corto adopta la forma de un experimento que trata de irradiar una pequeña realidad sin importancia, al más puro estilo Mekas el cual como es sabido se hacía acompañar por una cámara con el objetivo de registrar lo que se cruzaba en su camino con la esperanza de que el material recogido tuviera potencial para ser convertido en cine. Una forma de documentar un recuerdo efímero que bajo el poder del cine puede alcanzar la inmortalidad. Notes on the Circus ambiciona este objetivo: convertir a seres insignificantes en importantes por unos minutos, penetrar en los misterios de un arte tan fascinante y mágico como es el circo, hipnotizando el espectador con toda una serie de imágenes subliminales que escapan al simple ojo humano por la agilidad de un montaje conscientemente nervioso y electrizante. Una deformación de ese cine ojo de Vertov en la que un simple parpadeo significa la pérdida de una coyuntura precisa.

Mekas adquiere la forma de un sastre, cortando e hilando un patrón amorfo y para nada rutinario; manipulando nuestra conciencia a través de una percepción abstracta de la existencia. Mekas destruye pues la narración del relato, dinamitando cualquier conato de literatura tradicional, sirviéndose de la imaginería del mundo del circo para construir un caos perfectamente dominado por quien maneja el objetivo de la cámara. Martilleando nuestro cerebro a partir de pequeños brochazos de genialidad al más puro estilo de los pintores surrealistas, que comparecen como breves llamaradas de un resplandor eterno. Y es que Notes on the Circus representa un perfecto compendio de las bondades y maldades coetáneas al cine de uno de esos genios a los que echaremos de menos.

Para nuestro regocijo, siempre nos quedará su imperecedera obra para recordarnos que en la vida, y por ende también en el cine, todo es posible, nada está escrito. La inmortalidad está al alcance de aquellos que osan reventar las líneas de juego aceptadas por la mayoría, se gane o se pierda en el intento.