Lo mejor de 2017 por… Rubén Redondo

2017 ha sido un año crítico para un servidor. Tanto a nivel cinematográfico como sin duda a nivel personal. Un año de pérdidas, de descubrimientos y por tanto de cambios. A nivel particular mi año estuvo marcado por un triste acontecimiento que jamás olvidaré. Un hecho que ha variado mi forma de sentir y de pensar, dando más aún si cabe importancia a las pequeñas cosas sobre las insignificantes y grandes. Y ligado a mis vivencias personales han viajado mis experiencias cinéfilas. Con unos primeros nueve meses en los que devoré una ingente cantidad de películas y con un último trimestre donde los visionados se redujeron drásticamente. Hecho que etiqueta al cine que he visto como ese refugio al que van a parar las penas y tristezas cuando los vientos vienen amargos y como un oasis de disfrute con más calma cuando la luz parece asomarse al final de túnel. Es por eso que sigo afirmando que este invento es el más grande arte jamás ideado por el hombre y que por ello sobrevivirá a pesar de las decisiones de sus magnates. Pese a ese egocentrismo que parece conquistar el mundillo de la crítica cinematográfica y al de sus seguidores y empero la falta de productos realmente estimulantes y perdurables que aqueja a la producción de los últimos años.

Y este 2017 no ha sido diferente a fechas anteriores. Una cosecha caracterizada por la carencia de excelencias y sí por una multitud de cintas notables y alguna muy, muy buena. La medianía triunfando sobre la genialidad. Ese término medio que asienta el sentimiento cinéfilo al contar con una multitud de artículos que disfrutar, pero que en mi opinión le falta un poco de sazón al escasear esas prendas que quedan grabadas en la memoria hasta el fin de nuestros días. Y ese es un punto alarmante que lleva reproduciéndose los últimos años y espero, para el bien de este arte, pueda ser superado en las siguientes temporadas.

Repasando el año destaco el buen hacer de Kathryn Bigelow con su Detroit. La nueva entrega de la saga Star Wars. Un Tom Cruise que sigue en plena forma. La sorpresa de Jordan Peele y su Déjame salir. Un Denis Villeneuve que mantuvo el tipo con la secuela de Blade Runner. El retorno de Darren Aronofsky con mucha polémica. La locura de Ozon con ese Amante doble a lo Brian De Palma. Y en general el buen estado de forma del cine europeo (con buenos aportes de Rumanía, Hungría y los países del este) y latinoamericano así como del cine de animación procedente de todos los rincones del planeta en particular.

Sin más os paso a resumir las diez películas que he querido resaltar del resto de estrenos de cine en España durante el 2017. Cada una por un motivo que la hace especial. No quiere decir ello que sean las mejores, pero sí las más especiales para un servidor. Allá vamos.

 

10 — El otro lado de la esperanza (Aki Kaurismäki)

La destaco por suponer el retorno de uno de esos viejos rockeros que animan siempre los conciertos. Un Aki Kaurismäki que llegó del frío hace más de cuatro décadas para afianzarse como uno de los autores más importantes de la historia del cine europeo, poseedor de un universo muy propio y característico. Con El otro lado de la esperanza el finés vuelve a deleitarnos con una tragicomedia que hurga en las heridas de esa Vieja Europa con miedo a esos desconocidos que arriban de otros lugares del mundo. Una historia que aglutina ese sentido del humor lacónico y mágico de Kaurismäki que sabe sacar provecho de situaciones rocambolescas con ese retrato social contemporáneo que nos hace pensar en nuestra propia sustancia de un modo distendido a la vez que profundo. Quizás no sea su mejor película. Ni siquiera en mi opinión está en su top 5. Pero la resalto por nostalgia, porque quiero que el cine de Kaurismäki siga vigente por muchos años. Por su compromiso. Por su sensibilidad y por su prosa siempre generosa e inteligente. Por su fidelidad al amor y a la camaradería como último refugio de los outsiders. Porque a pesar de hablar de temas deprimentes siempre queda en su cine un canto en favor de la esperanza.

 

9 — Clash (Mohamed Diab)

Una grata sorpresa originaria de la tierra de los faraones, nación tradicionalmente productora de gran cine que parece se halla inmersa en una enriquecedora era de resurgimiento y esplendor. Clash nos sitúa en el verano de 2013, pasados dos años de las revueltas que desembocaron en la caída del Régimen de Mubarak. Dos años en los que todo sigue igual. Ahora las revueltas surgen tras la destitución por parte del Ejército del islamista Morsi, jefe de los hermanos musulmanes y todo este engranaje político se recogerá en el minúsculo habitáculo de un furgón policial que encierra diversas opiniones y personalidades en su recinto. Desde mujeres que luchan por sus derechos, familias islamistas, manifestantes laicos, jóvenes revolucionarios que miran a occidente como su última ilusión y simpatizantes de los Hermanos Musulmanes. Todos ellos destinados a convivir y entenderse para sobrevivir en un mundo caótico repleto de peligros ocultos. Con un ejercicio del lenguaje cinematográfico ciertamente innovador, una fotografía grandilocuente y precisa y un reparto creíble que sabe lo que se trae entre manos, Clash se asoma como un ejercicio vanguardista y sobrecogedor que golpea directo a la mandíbula del espectador a través de su combinación de cine de acción y entretenimiento con ese cine social que trasciende fronteras.

 

8 — En este rincón del mundo (Sunao Katabuchi)

Los efectos del Holocausto Nuclear aún siguen vigentes en el Japón del siglo XXI, aunque pretendan ser enterrados por políticos y poderosos. En este rincón del mundo intenta ser un fresco del Japón previo al lanzamiento de las bombas nucleares. Con un dibujo arcaico, sencillo y para nada recargado, sí muy cuidado y tierno, que denota el cariño de Sunao Katabuchi por sus personajes, a los que adora sin límites poniendo todo su alma en el empeño. Se trata de un anime que huye de la grandiosidad, que ahonda en el costumbrismo del Japón de los cuarenta sin efectos ni engaños. Dejando que la historia repose poco a poco, a fuego lento. Dando la sensación fundada de que nada pasa. Tan solo se nota el tic tac del reloj, el discurrir del tiempo, pero sin acción que destaque. Y eso es lo maravilloso de esta película. Transcribir a lo largo de dos horas la vida de una familia en ese Japón carcomido por las tradiciones en los que la mujer debía arrodillarse ante los designios familiares, reflejando la lucha de las mismas y su valía ante la ausencia de hombres capaces de gobernar. Me encanta cómo a medida que el metraje avanza el humor y la dulzura van encharcándose de amargura y dolor. Puesto que En este rincón del mundo destaca por ofrecer un testimonio realista y cruel de los misterios que envuelven nuestra existencia.

 

7 — La región salvaje (Amat Escalante)

Presentada en el Festival de Venecia de 2016, el camino seguido por La región salvaje no ha sido para nada fácil. Cinta maldita que pasó de puntillas por la taquilla española e igualmente por la mexicana, su país de origen, donde a fecha de hoy aún no ha sido estrenada. En mi opinión se trata del trabajo más solvente y grandioso de Amat Escalante, un realizador inconformista como pocos, amante del riesgo. Aquí se la juega en una especie de conglomerado que toma prestadas referencias de Roman Polanski, David Cronenberg y sin duda de La Posesión de Zulawski. Todo este revoltijo guiado con el estilo peculiar del mexicano, con abundancia de violencia seca y de sexo muy realista. Aprovechándose de los recursos del cine de ciencia ficción para tejer un relato social muy cercano al neorrealismo latinoamericano que hace aflorar los miedos y mezquindades de una sociedad alienada por la falsedad, las tradiciones y la violencia. Haciendo uso de una poesía que prefiere las metáforas a lo evidente y explotando las vertientes retorcidas de un relato que perturba por su morbosidad próxima, Escalante sacó adelante un proyecto abocado al fracaso comercial pero que en mi opinión con el paso del tiempo se convertirá, gracias al boca a boca, en una cinta de culto.

 

6 — La vida de Calabacín (Claude Barras)

El cine de animación goza de un estado de forma espectacular. En todos los ámbitos. Desde el más comercial al más subterráneo. La vida de Calabacín es uno de esos milagros de la animación europea que hace reposar sus cimientos en el relato de una historia deprimente, pero desde una atmósfera distendida y para nada derrotista. Es una tragicomedia que despierta nuestras risas y lágrimas con la misma facilidad que un caramelo desaparece a las puertas de un colegio. Un stop-motion añejo que no trata de innovar en los aspectos formales, pero sí en los espirituales. Una golosina tierna y deliciosa que vierte una mirada infantil en las lindes de un universo adulto y maduro. Un examen divergente y valiente de los terrenos de la marginación social, en este caso tiznados con la caligrafía de la orfandad, pero lejos de ser complaciente ni almibarada, La vida de Calabacín salva todos los obstáculos en los que podía haber caído desde la sublimación de la humildad, la sencillez y el humanismo. Un cuento de hadas agrio donde los príncipes y princesas ostentan ojeras y camisas rasgadas en lugar de coronas y trajes de seda.

 

5 — Los últimos años del artista (Andrzej Wajda)

Obra póstuma de uno de los gigantes del séptimo arte europeo, y todo un testamento de una forma de hacer cine pretérita que desgraciadamente ya no se cosecha. Wajda se fue del cine por la puerta grande, legando una película cruda y tierna, apostando siempre por el ser humano y sus derechos como centro y fin de su temática. Reivindicando las libertades sobre todas las demás virtudes. Narrando los últimos días de Wladyslaw Strzeminski, un pintor liberal y libertino que fue presa de la dictadura comunista en el momento en que decidió cuestionarse algunos de sus dictados. El maestro se apoyó en esta historia real para tejer un drama que cocina esa reclamación de la genialidad individual frente a la colectividad totalitarista. Una obra madura, distinta, protagonizada por hombres y mujeres que han atravesado la mejor etapa de sus vidas, haciendo gala de su madurez consciente. Poseedora de ese estilo marca de la casa de la escuela polaca, con un uso de la grúa portentoso que permite captar unas panorámicas de vértigo. Aquí cada plano tiene un sentido aunque no lo parezca. Gracias a esa forma de hacer cine tan fácil y natural que prodigaba Wajda. Y es que como comentaba mi compañero Pablo Vázquez en la reseña que hizo para la web del film, quizás Wajda no era consciente de que esta iba a ser su última película. Sin embargo la misma refleja de forma cristalina las simpatías y grafías de uno de los grandes genios del cine europeo.

 

4 — Your name (Makoto Shinkai)

Tachada por muchos como un pastel que empacha por su exceso de azúcar, por otros como una genialidad a la altura de las grandes obras de Miyazaki. En mi opinión Your name no es ni lo uno ni lo otro. Se trata de una obra que camina a través de los límites del exceso. De un dibujo recargadísimo y luminoso que entra por los sentidos, un trazo marca de la casa Shinkai, un animador para el que el lujo prevalece sobre lo modesto. Por ello es una cinta hermosa y bellísima desde un punto de vista formal. Para poder disfrutarla en toda su plenitud no hay que tomarse muy en serio su trama, la misma tan solo es una excusa para verter las pretensiones pictóricas y simbólicas de un realizador que abusa de lo superficial. Sin embargo sus maneras ligeras y traviesas elevan el resultado final a cotas de gloria absoluta, combinando el realismo con la fantasía tan necesaria en nuestros días, pecando de emplear ciertos códigos que pueden resultar algo cargantes para quienes no estén muy familiarizados con las reglas del anime japonés. Dando rienda suelta a una imaginación desbordante en la que no existen ataduras ni prebendas. Deslizándose con destreza y arrojo por un trayecto que exige una total adhesión a su método de expresión. Y si conseguimos adentrarnos en sus entrañas, Your name será sin duda uno de los filmes más gozosos del año.

 

3 — Una mujer fantástica (Sebastián Lelio)

Confirmación de Sebastián Lelio como uno de los pilares del cine latinoamericano contemporáneo, otro paso adelante en una filmografía honesta y coherente que ha hecho de la lucha por las libertades su principal espada. Aquí vuelve a plasmar la sustancia de su aclamada Gloria, ofrendando el protagonismo a otra mujer que debe enfrentarse a la hipocresía y a la falsa moral de una sociedad que sigue despreciando la diferencia. Una cinta de conflictos familiares y sociales, liderada por una Daniela Vega inmensa y poderosa que hace suya la película, apareciendo en casi todos los planos de la misma. Apostando por un lenguaje narrativo dual, clásico y vanguardista, doloroso y cómico. Combinando el drama con la intriga policíaca. Lo sutil con lo evidente. El realismo latinoamericano con el surrealismo onírico. Por esta dicotomía quizás una película chocante que puede resultar confusa para quienes no consigan entrar en su juego. Una obra que apuesta por la defensa de nuestra identidad y derechos en contra de quienes los violentan. Brillante y arriesgada. Una de esas películas que entran por los ojos y se quedan en el corazón.

 

2 — El viajante (Asghar Farhadi)

Farhadi ahonda en las obsesiones que lo han marcado como autor total. Las de la enfermedad que aqueja a las clases medias del Irán de principios del siglo XXI golpeado aún por el férreo control religioso y las tradiciones a pesar de los deseos de libertad de una juventud que mira de reojo a occidente. Un cine urbano, moderno y preciosista desde el punto de vista visual que pretende dar voz a esa pujante clase media iraní afectada por un conglomerado de contradicciones. Ganadora del Oscar a la mejor película en lengua extranjera con todo merecimiento, El viajante establece un complejo viaje a través de las bambalinas del teatro y del arte, sin complejos ni revanchas, sacando a la luz la lucha de las mujeres para ganar espacios de libertad. También las dificultades que aparecen en medio de las relaciones matrimoniales. Asimismo la debilidad de unas estructuras sociales que se tuercen irremediablemente ante la carencia de soluciones a los problemas. Con un subtexto apasionante repleto de simbolismo, con una poesía que lanza una mirada desencantada sobre un país donde la libertad no está en el centro de mandos de los que gobiernan. Con una concepción formal de maestro, El viajante alumbra como una de las experiencias cinematográficas del año.

 

1 — Felices sueños (Marco Bellocchio)

Y llegado a este punto resalto la que para mí ha sido la película del año. Por varios motivos. En primer lugar por ser la prueba evidente de que los viejos maestros siempre tienen algo que decir. Quizás esta sea una de las cintas más alejadas del universo de Bellocchio, no obstante el realizador italiano la sazonó con algunos ingredientes necesarios para dejar constancia de su propiedad. En segundo lugar por amanecer como un relato amargo y nostálgico sobre la elegía rodado con un gusto exquisito. Sobre la soledad. Sobre la pérdida de oportunidades por haber elegido el sendero equivocado. Sobre la redención y el perdón familiar. Profundizando alrededor de los parajes que atesoran la felicidad y las penas. Apuntalada sobre una poesía cinematográfica radical que hace tocar con naturalidad el presente con el pasado. En tercer lugar por ser una cinta que hace descansar su esqueleto en los sentimientos frente a otras opciones más fáciles y recurrentes en el cine actual. En cuarto por esa escena de baile que abre el film que evoca a otras secuencias paradigmáticas legadas por el cine. Y por último por hacerme recordarte a ti en el año en el que me dejaste.