Lars Von Trier… a examen

Epidemic

Von Trier es uno de esos directores que fascina ya no sólo por su obra formal, sino por la obra que hace de sí mismo como personaje. A pesar del reconocimiento académico, Von Trier es inseparable de la polémica. A veces cuesta separarle de aquella parodia que le hicieron los chicos de Muchachada Nui en la que, pletórico, gritaba al mundo «¡¡Lo estoy petando!!».

Así que en este momento en el que, efectivamente, “lo está petando”, ya que ha encandilado a muchos con la primera parte de Nymphomaniac y somos muchos los que esperamos ansiosos la segunda parte, podemos ponernos a examinar una de sus primeras obras: Epidemic.

Epidemic (1987) es la segunda parte de la llamada Trilogía Europa, que comienza con su primer largometraje, El elemento del crimen (1984), que ya recibió una mención en Cannes, y se cierra con la más popular de las tres; Europa (1991).

La película tiene grandes valores para los fetichistas de Von Trier (se irán mencionando a lo largo de esta reseña) y se podría emplazar en su etapa más cruda, línea que es algo complicada de trazar. Pero la ausencia de medios y el caos técnico de ella nos revelan rápidamente que aún quedaba mucho para el Trier preciosista de Melancolía (2011).

Epidemic

Estamos en Dinamarca y el propio Von Trier y su habitual en el reparto Udo Kier son los protagonistas. Han de entregar un guión y deciden entregarse a una película sobre epidemias, mientras una verdadera plaga parece estar asolando Europa. Ellos no se enteran de nada y, aparte, no llevan nada de trabajo hecho y a golpe de cerveza tratan de sacarlo adelante, construyendo una película dentro de la película. Estos elementos meta y la relación cachonda de Von Trier con el séptimo arte adelantan la muy futura Cinco Condiciones (2003). Parece una película hecha para ver enfermo, en la que saltamos de una escena a otra con una conexión débil, aunque el todo no se pierda de vista. Una mirada alucinada sobre una situación con un sinnúmero de momentos estúpidos y, parecía inevitable, zooms absurdos. Esto incluye la intriga que asalta a Von Trier y Kier sobre cómo funciona la pasta de dientes con dos colores: sí, les podremos ver diseccionando un bote y extirpando sus misterios. Y hay un guión que entregar…

Resulta muy “meta” que Von Trier, en un momento dado diga algo así como que “el protagonista es alguien puro y lleno de buenas intenciones que arrastrará el caos y la plaga allá por dónde vaya”. Especialmente divertido pues, de nuevo, faltaba mucho para Bailar en la oscuridad (2000), Dogville (2003) o incluso Los Idiotas (1998). El protagonista de la película, pero también de la metapelícula es, cómo no, el propio Von Trier. La metapelícula sobre la plaga trata sobre un eminente epidemiólogo que decide desoír las advertencias del resto de sus colegas y abandona la ciudad fortificada para asistir a los que han quedado fuera. Por asombroso que parezca, la metapelícula acaba teniendo ecos de otro danés… del mismísimo Dreyer.

Epidemic

Si bien el producto no conforma ninguna obra maestra a ningún nivel, no carece de interés y mucho menos de encanto, con su blanco y negro hecho polvo, con su extraño sentido del humor y con su habitual desesperanzada visión de la humanidad europea. Para el que quiera seguir la pista a uno de los más interesantes realizadores contemporáneos.



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