La mif – La familia (Frédéric Baillif)

Como hombre heterosexual que va a escribir sobre una película protagonizada casi por completo por mujeres de varias edades, interesado por lo que acabo de ver, he aprovechado para buscar a la persona que había escrito y dirigido La Mif (La familia en español). Durante mi apasionante investigación, he descubierto que, detrás de unas actuaciones tan aparentemente reales y un guion tan natural y expresivo, se esconde la figura de otro hombre, Fred Baillif. Este hecho, teniendo en cuenta que he sentido una cierta verdad al ver su obra, me ha llevado a investigar un poco más sobre el rodaje. Lo primero que he sabido es que se basa en su propia experiencia pasada como trabajador social. Lo segundo, que el reparto está integrado por actrices no profesionales. Nada que no hayamos visto antes, pero será que me he dejado llevar también por el momento que estamos viviendo, conociendo cada vez más casos de abuso sexual en los que las víctimas a menudo son maltratadas por la opinión pública hasta el punto de considerarlas culpables en casi cualquier circunstancia.

La Mif es una historia sobre las consecuencias de un incidente que desencadena una cadena de reacciones que dan como resultado un examen de conciencia sobre los impactos del abuso en las niñas, chicas y mujeres, y que entronca a su vez con la moral y la ética del cuidado social que confronta esta realidad prácticamente cada mes. Una realidad, por otra parte, que es deformada por cientos de personas dedicadas a opinar de todo, lo que nos lleva, posiblemente, a uno de los logros más importantes de esta película suiza: una forma no tan manida de contarlo. Porque si a algunos les cuentas que La Mif gira en torno a niñas huérfanas, adolescentes de familias rotas o disfuncionales y jóvenes maltratadas, igual responden que no quieren dramas o, sin decirlo abiertamente, demuestran que están insensibilizados casi por completo como para tener interés en verla. Pero la realidad es casi siempre muy compleja, tanto, que son muchas las razones por las que una menor acaba en una estructura de este tipo. Una realidad, como decía, bastante compleja, pero también muy lejana a la mayoría de nosotros, desconocedores de lo que supone en general.

En La Mif, Baillif aprovecha la excusa de una convivencia obligada entre tantos personajes distintos y frágiles para hablar también de la familia (como concepto) que se crea, a la vez diferente y parecida a la tradicional. El cariño y las peleas entre hermanas, las disputas con los trabajadores sociales que tratan de mantener el orden y, sobre todo, la intención de vivir una nueva realidad tranquila, a pesar de estar constantemente en cambio. Según cuenta el propio Baillif, tuvo la idea de interesarse por una casa de acogida donde había trabajado como educador hacía veinte años y allí encontró a Claudia Grob, la directora del hogar, quien le abrió las puertas y le permitió realizar una serie de entrevistas y reuniones con jóvenes y educadores que le contaron muchas historias diferentes. Todas ellas mezcladas y convertidas en algo coral, con una narración dividida como una serie en base a sus protagonistas, y que permite conocer sus perspectivas como si fuera un documental. De este modo, nos sumergimos en ese lugar y nos creemos a sus habitantes, aunque todo siga siendo ficción.

En cuanto a la frescura de las actuaciones y las propias relaciones entre los personajes, cabe señalar que, antes del rodaje, las actrices y los actores de La Mif pasaron dos años en talleres de improvisación. Según cuentan los propios protagonistas, esta relación de confianza que se teje se traslada a la pantalla, siendo en las tomas más largas cuando el director les lanza indicaciones gradualmente. En resumen, estamos ante una película llena de diálogos, aunque ninguno escrito previamente, donde la personalidad de los actores y sus emociones priman sobre el resto, también sus palabrotas, dando como resultado final una película íntima, honesta y dura.

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