I tempi felici verranno presto – Happy times will come soon (Alessandro Comodin)

Dos tipos atraviesan un bosque a la carrera en medio de la oscuridad e increpándose uno a otro su incapacidad para seguir con el ritmo. Cuando por fin llega la calma, es el momento de recuperar fuerzas. Nacen entonces los instintos más primitivos de supervivencia, que hace a estos hombres practicar la caza y recolección de animales salvajes. Preparar trampas y descuartizar al animal se convierte en tarea indispensable para engullirlo después y seguir garantizando a los humanos un día más de vida.

Este es el comienzo de I tempi felici verranno presto (Happy times will come soon), una película dirigida y coescrita por el italiano Alessandro Comodin, autor del largometraje L’estate de Giacomo en 2011. La brevísima sinopsis esbozada en el primer párrafo sirve para hacerse una idea de los primeros minutos pero no de la cinta en su totalidad, ya que esta se compone de uno o dos (según la interpretación de cada uno) relatos adicionales. Entre ellos, el que posee más fuerza es el de Ariane, una chica residente en un pueblo repleto de leyendas sobre lobos y sucesos fantásticos que parece rememorar por sí misma tales cuentos.

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La propia materia argumental de la cinta y su división en dos/tres relatos a priori diferenciados, ya dan una idea de que la obra de Comodin no va a ser sencilla de ver y mucho menos de analizar. El realizador, además, opta por encuadrar la película en un ratio de aspecto 4:3. Por si fuera poco, la fotografía de Tristan Bordmann se nutre de unos planos oscurísimos que hacen difícil la visibilidad de ciertas escenas y propician que el espectador tenga que tirar de lógica e imaginación a partes iguales.

Sin embargo, todo lo que rodea al uso de la luz es precisamente el mayor punto positivo de I tempi felici verranno presto. Por un lado, contribuye a acentuar esta atmósfera narrativa de tintes metafóricos que de otra manera se habría quedado en una burda pretenciosidad. Por otro lado, el desasosiego del espectador al perderse en esas secuencias oscuras es una consecuencia plenamente intencionada por parte del cineasta y no un defecto de forma. La elección de planos, como sucede en ese inesperado final del primer acto y el curioso inicio del segundo, también arroja detalles de calidad que es necesario valorar.

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En cuanto al análisis argumental del film, la lectura final podría ser la de dos fábulas con similar temática pero ambientadas en distintas épocas y repitiendo actores. Pero claro, echándole mucha imaginación también podríamos mirarla desde otra perspectiva y decir que I tempi felici verranno presto usa el mismo conjunto espacio-temporal en sus dos/tres relatos y juega con un montaje no lineal en el que las últimas tomas serían las primeras y la historia inicial sería el desenlace de la trama. Un cacao en el que no termina de encajar alguna pieza y que además perdería por el camino ciertos detalles de ambientación, por lo que seguramente la conclusión más válida sería la descrita en primer término.

Lo que resulta evidente es que I tempi felici verranno presto no es una película fácil de digerir. Más que requerir atención o habilidad para discernir los entresijos argumentales, lo que el film verdaderamente le pide al espectador es que mantenga una mente abierta y no se deje amedrentar por el aspecto visual del mismo sino, más bien, que este se convierta en la parte más interesante de la cinta. Un servidor se queda con esa sensación y, aunque sea imposible obviar que la narrativa cojea en no pocos tramos de la película, la impresión final es que su visionado está lejos de ser una pérdida de tiempo. Pero se trata de una obra cinematográfica muy peculiar, en la que cada miembro del público verá algo distinto y sacará conclusiones diametralmente opuestas, por lo que intentar sentar cátedra en este aspecto sería una gran absurdez.

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