How to Talk to Girls at Parties (John Cameron Mitchell)

John Cameron Mitchell es uno de esos autores que entiende el cine como artefacto vehicular para dotar de cuerpo (y alma) ya no tanto a ciertas inquietudes propias, sino a la visión de un universo particular matizado a través de temas recurrentes en su obra, como pudieran ser la aceptación propia o la liberación mediante el constante contraste entre distintos modos de percibir esas realidades relatadas. En ese sentido, se podría observar al responsable de Hedwig and the Angry Inch como un autor distinto, que afronta la discursiva de su obra con una determinación y libertad características; una discursiva que, si bien esconde alegatos ciertamente poderosos comprendiendo el microcosmos fomentado por el cineasta en cada uno de sus trabajos, establece la autonomía del mismo a partir de esa espontaneidad que sabe forjar espacios propios. La sensación, pues, es de hallarnos ante un autor que no está tan pendiente del subtexto en sí como del modo de trasladar un ideario rabioso rebosante de frescura, que va más allá de cualquier disertación y entronca con la construcción de un escenario imprescindible para la consecución de ese cine tan irreverente como los personajes que circundan la obra del tejano.

Es a través de la presencia de esos individuos que alimentan el universo Cameron Mitchell, mediante los cuales recoge la propia naturaleza de una personalidad indómita. Si tal carácter estaba representado en su debut a en la misma figura del cineasta —quien encarnaba a aquella Hedwig que revolucionó el musical trans a principios del siglo que nos ocupa—, en How to Talk to Girls at Parties redirige nuevamente su mirada a un estrato musical que se extenderá cuando el protagonista del film, Enn, y sus dos compañeros de fatigas, se encuentren ante el genuino microcosmos surgido del espacio exterior en el cual se alza la figura de Zan, una muchacha rubia de aspecto inocente que encontrará en el joven el espejo a un ambiente desconocido para ella. Alejada de las consignas del marco punk anterior a la escena ‹Madchester› en el que se nos sitúa, Zan se erige como símbolo de ese ideario presente en un cine en el que la diferencia no queda marcada por la distancia entre perspectivas, siendo este el acercamiento que genera una mirada ante la que descubrir nuevas formas, actitudes que huyen de retóricas y convenciones en pos de la autenticidad de un mundo que crece desde el interior de sus personajes.

John Cameron Mitchell encuentra en el rostro —y talento— de Elle Fanning el eje sobre el que articular tanto las constantes de su cine como el discurso adecuado a un contexto que, si bien posee ecos de su mundo en esa fuerza tan anexionada a un género como el punk, queda constituido en torno a la relación establecida entre sus dos protagónicos. Fanning captura esa esencia en la creación de un personaje que manifiesta en su aprehensión y autodescubrimiento el mecanismo idóneo para trasladarse a un nuevo planeta: de las formas sintéticas e inquisitivas de la dimensión en la que se mueve, al espíritu agitador que proyecta el punk. Una propuesta que, sin embargo, no halla reflejo alguno en la figura de Enn, y es que si bien el autor de Shortbus busca un encuentro entre dos ambientes que sugieran cierta evolución, en ningún momento propone tal categoría musical como forma de entendimiento, sino más bien como elemento colisionador a partir del cual volver al acto liberador que ya proponía en su ópera prima. En ese aspecto, la mirada distraída de Zan encuentra con Enn el complemento ideal, algo que tanto Elle Fanning como Alex Sharp revelan gracias a una química muy particular capaz de encajar ambos universos en una conexión que va más allá del proceso y búsqueda emprendido por sus personajes. Un proceso del que también participa Queen Boadicea —una portentosa Nicole Kidman—, reflejándose en ella una fiereza y una espontaneidad que otorgan mayor perspectiva, si cabe, al ideario expuesto por Cameron Mitchell.

How To Talk To Girls at Parties se destapa como una genuina locura punk desplazada a escenarios ajenos al cine de su autor, pero en los que descubre de nuevo una estética divertida, juguetona, para reproducir esa disertación a través de la que resulta necesaria una aceptación; una válvula de escape que es la que parece proclamar Zan ante sus semejantes, pero que a su vez maquilla con el alborozo y sinceridad de quien no se dirige al cine para reproducir una identidad, sino para encontrarla en su más puro estado.



3 Comments

  1. Cedjed wrote:

    Hola.
    Creo que tu artículo se queda un poco cojo si no se menciona que esta película está basada en un relato corto de Neil Gaiman.

    • Ruben Collazos wrote:

      Buenas, lo cierto es que no conozco la obra de Neil Gaiman y resultaría (por lo menos para mi) absurdo citar que la película está basada en un relato corto suyo sin poder aportar más al respecto acerca de como el ideario de Gaiman influye (o no) en el cine de Cameron Mitchell. Creo que si es un dato que no puede aportar nada a aquello que pienso sobre la película, es mejor que esté reflejado en una noticia acerca de la misma que en mi texto.
      Saludos

  2. […] How To Talk To Girls at Parties se destapa como una genuina locura punk desplazada a escenarios ajenos al cine de su autor, pero en los que descubre de nuevo una estética divertida, juguetona, para reproducir esa disertación a través de la que resulta necesaria una aceptación; una válvula de escape que es la que parece proclamar Zan ante sus semejantes, pero que a su vez maquilla con el alborozo y sinceridad de quien no se dirige al cine para reproducir una identidad, sino para encontrarla en su más puro estado. (Ruben Collazos – CineMaldito.com) […]