Gummo (Harmony Korine)

Gummo es la primera película de Harmony Korine, obra que rodó a la ridícula edad de 24 años.

Es habitual que llegue a Gummo el espectador en busca de experiencias fuertes. El buscador de gore y violencia extrema probablemente sea decepcionado. Contrastará esta decepción con el asombro del que busque una película perturbadora en otros aspectos: es probablemente lo que llevaba años solicitando.

No se suelen ver debuts tan agresivos como el de Gummo —aunque viene a la mente Begotten (E. Elias Merhige, 1991)— y a veces uno tiene la tentación de preguntarse por qué. ¿Por qué no todos los films de jóvenes debutantes pueden mostrar la rabia y el ruido de Gummo? Es probable que la respuesta se encuentre en algo tan aburrido de analizar como es “la industria”. Abandonemos el tema y tratemos la cinta que nos ocupa.

Gummo se emplaza ficticiamente en Xenia (Ohio) aunque fue rodada en Nashville (Tennessee). Xenia es popular por sus tornados y asistimos a los devastadores efectos que el último que por allí arrasó tuvo en su pequeña sociedad. O por lo menos tienta culpar al tornado de lo que estamos viendo: una comunidad degradada moralmente hasta el extremo. El insultante concepto ‹poor white trash› queda débil y casi amigable para describir el panorama de sociedad que Korine presenta. Nuestros dos adolescentes semiprotagonistas ganan dinero para esnifar pegamento a base de… cazar gatos.

En muchas películas tenemos que empeñar nuestra mente en la penosa tarea de olvidar que las cámaras están allí: en Gummo nos encontraremos (como en el mejor cine de terror) tratando de romper el pacto de ficcionalidad de forma nerviosa, ya que una de sus grandes virtudes es su realismo, su desagradable realismo. Siempre enfatizado por un uso de la tecnología analógica: secuencias llenas de grano, colores muy saturados, contrastes fuertes. Interminables y abrasivas secuencias de home video. Una entre lasciva e inocente (!) Chlöe Sevigny (durante el rodaje, pareja del propio Korine) relamiéndose ante la cámara con sus cejas decoloradas. ¿Es esto desagradable o sexualmente excitante?

¿Es Gummo cine experimental? Si nos llegamos a plantear esto es por su estructura desvinculada del corsé introducción, nudo y desenlace. Funciona a base de secuencias que no siguen ninguna trama definida con fuerza. Algunas de ellas son directamente ajenas al resto. ¿Qué está intentando hacer Korine? ¿Está intentando retratar? ¿Puede ser esto un canto, una alabanza? ¿Está mirando donde no queremos mirar? ¿Está provocando gratuitamente?

Habrá quien diga que sí (al fin y al cabo tenemos una escena en la que vemos al propio Korine tratando de ligarse a un enano negro) que no es más que la obra de un joven con ganas de sobresalir a base de mostrar puntos bajos. Pero ese mismo joven es el que se detiene y simplemente observa a nuestros dos cazadores de gatos rodar cuesta abajo en sus bicis a ritmo del ‹stoner metal› de Sleep (la banda sonora incluye iconos del metal como Burzum o Bathory). Es una secuencia bellísima en el que los dos chavales se adelantan tranquilamente el uno al otro. Cierto que Korine puede decirse que aquí hasta acaba provocando técnicamente pues parece saltarse el eje de acción, pero es una secuencia llena de armonía y belleza.

La película se encuentra repleta de historias que son, a todas luces, una patada en nuestro sentido de la moralidad. Por ejemplo, el padre que prostituye a su hija deficiente. Es absurdo, pero realza la ya marcada inmoralidad, como si siempre se quisiera sumar un pequeño punto de sordidez a los mil ya acumulados con suculentos detalles: el padre abre su hogar a torso desnudo con un pantalón corto de deporte donde guarda el dinero que los clientes le proporcionan. Esto acaba por no ser irrelevante.

Pero el aura mágica de Gummo, su resplandor enfermizo reside en gran parte en las secuencias que no son explícitamente perturbadoras pero acaban provocando el temido y buscado esguince mental. Es grande el impacto —¿Por qué?— de ver a un hombre en una “fiesta”, en una cocina, practicando lucha libre con una silla. Sí, en Gummo se matan gatos… y aquí entramos en terreno personal, pero ¿no resulta igual de desagradable (o más) la chica albina vendiéndose a cámara en busca del amor? ¿y qué hay de la escena que encandiló a Werner Herzog (lo suficiente para actuar en Julien Donkey-Boy y para tener un pequeño papel en Mr. Lonely), la de nuestro nada agraciado protagonista comiendo spaghetti en la bañera? ¿Por qué es esto tan provocativo?

Quizá tenga que ver el hecho de que estamos contemplando un entorno conocido (la ciudad occidental, el barrio residencial estadounidense, generalmente asociados a cierto acomodamiento) en el que nuestras reglas conocidas ya no funcionan ni tienen ninguna utilidad. Las reglas de la narrativa resultaron bastante inútiles también para que Harmony contara lo que quería contar.

Korine siguió explorando la misma senda en la menos conocida todavía Julien Donkey-Boy en la que examina la vida de un esquizofrénico deficiente, basando este personaje en su tío, encontrando de nuevo mucha fealdad, sordidez y, una vez más y contra todo pronóstico, belleza. Luego siguió su carrera hasta nuevos terrenos y, francamente, de su próximo proyecto, Spring Breakers, con Selena Gómez y James Franco, comprenderéis que no me apetezca mucho hablar.

A pesar de la ligereza con la que pasamos de una secuencia a otra y de cierto sentimiento de gratuidad o improvisación, cuando uno examina el conjunto tiene la sensación de estar ante una obra producto de la más milimétrica de las planificaciones, de la pura magia o el azar o… de la fuerza de la juventud.

Un comentario sobre “Gummo (Harmony Korine)”

  1. En mi opinion esta pelicula busca con tanto esmero ser transgresora que termina por ser poco realista y desde my punto de vista demasiado exagerada,no hay ni una escena donde no se busque perturbar al espectador,y creo que esto es un arma de doble filo.A pesar de lo ya mencionado el film cuenta con momentos bastante memorables como en una de las escenas finales cuando dos hermanos tocan a la puerta de la madre del menor de los protagonistas con el fin de venderle un chocolate,estos dicen que el dinero es para los niños con cancer,pero en la secuencia siguiente se ve como los niños fantasean con las cosas que van a hacer con dicho dinero.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *