El lugar del hijo (Manuel Nieto)

En una época llena de diversas crisis es fácil buscar historias que tengan esta como causa o telón de fondo. No todas tienen por qué ser la actual recesión que parece vislumbrar la luz al final del túnel. Ha habido varias malas épocas a lo largo de la historia y todas ellas con sus propias y particulares penurias para los implicados.

Es el caso de El lugar del hijo, una película ambientada en la crisis uruguaya de 2002. Una historia simple y llana que trata de ir un poco más allá de los elementos tópicos de la misma, aunque con controvertido resultado.

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Y eso que los prolegómenos son buenos. Aunque la obra de Manolo Nieto busca un elemento clásico, como es la dicotomía entre campo y ciudad lo hace a través de una curiosa perspectiva. Un estudiante universitario en Montevideo, maravillosamente interpretado por Felipe Dieste, sobre el que recae prácticamente todo el peso del film, tiene que volver a su lugar de origen por la muerte de su padre para formalizar su legado, su herencia y los asuntos que su progenitor deja en el mundo.

Dieste deja su vida cotidiana, que transcurre entre los estudios y la política, pues está muy metido en el movimiento universitario de apoyo a los trabajadores, para volver al lugar que lo vio nacer. Lo que encuentra allí no es muy alentador. Como, a veces, es tristemente usual, mucha gente intenta hacerse con lo que sea posible de la herencia de su padre. Una amante mantenida, un amigo y socio acreedor… problemas legales y burocráticos a los que uno no está acostumbrado a enfrentarse.

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El muchacho busca seguir con su actividad política y concienciada tomando parte del movimiento estudiantil de la ciudad en la que se encuentra, y pronto aprenderá que las diferencias con el sistema al que está acostumbrado son más grandes. Además, tendrá que bregar por mantener todo lo que recibe por el deceso paterno.

Si bien, como decía, el planteamiento es bueno y el actor protagonista nos regala una interpretación magistral, a la película le falta algo, lo que se nota por momentos. Esto probablemente se deba a su ritmo despiadadamente lento. Tan lento que a veces se tropieza con si mismo. Los metrajes tan lentos y reflexivos son más adecuados para las ideas un poco más abstractas.

Da la sensación de que queda en tierra de nadie. Tiene, por ejemplo, potentes elementos neorrealistas, al hablar de la gente que sobrevive en un medio rural y retratarlos bastante bien, pero al mismo tiempo la película es una evolución del mismo personaje. Quizá el otro gran fallo sea la falta de contexto, pues hay que documentarse minimamente sobre la política uruguaya de hace diez años para entender la parte más idealista de ese viaje interno que tiene el protagonista.

El lugar del hijo

En cualquier caso, sin duda se trata de una película con muchos elementos aprovechables. La introducción del mundo animal, que da nuevos brios y descarga algo de la tensión y la lentitud que desborda la primera parte de la cinta, es también sublime, el poder de cambio de los animales y la celebración de la misma vida.

Definitivamente, si Nieto se hubiera decidido por desarrollar hasta el final uno de tantos temas que toca (La política, el campesinado, la diferencia entre ricos y pobres) quizá hubiéramos estado ante una película aun mejor. Lo que queda es bueno, si no brillante. Disfrutable.

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