El hombre que sorprendió a todo el mundo (Aleksey Chupov, Natalya Merkulova)

El hombre que sorprendió a todo el mundo, segundo largometraje a cuatro manos de la pareja de realizadores rusos Chupov y Merkulova, es ciertamente una película sorprendente tal como profetiza su título. No sólo por contar una historia compleja, con algún que otro toque surrealista, pero que se digiere de manera fácil y amena (por tanto sin apoyarse en desvaríos e idas de pinza varias tan habituales de alguna que otra obra primeriza), sino que igualmente por profundizar en algunos de los problemas sociales más arraigados en la Rusia contemporánea (el odio al diferente, a quien no sigue la corriente marcada por las directrices del poder, la homofobia, la destrucción de la estructura familiar tradicional, etc.) con una fina ironía y humor negro que enfatiza la ambición de los dos directores del film por construir una epopeya tan profética como poética a través de una línea narrativa muy valiente y arriesgada.

Todo ello hilvanado con un hilo muy fino y elegante que sabe explotar la belleza natural de los paisajes por donde discurre la trama gracias a una fotografía espectacular trazada a la vieja usanza de los viejos artesanos del arte cinematográfico. Así, la conjunción de estos ingredientes mezclados en una coctelera muy precisa y planificada hasta el último detalle consigue no solo exaltar nuestros sentidos superficiales sino que logra acariciar esos sentimientos escondidos en lo más recóndito de nuestro ser, conquistando en este sentido nuestro esquivo corazón.

La cinta arranca mostrándonos a un guardabosques llamado Egor navegando por uno de esos interminables ríos que escoltan las orillas de la abisal taiga siberiana. Egor es un hombre respetado por sus vecinos. Fiel padre de familia, poco hablador y alma introspectiva que está casado con Natalia, una mujer de su casa que se encuentra embarazada de su segundo vástago. Hombre valeroso y audaz que no duda en ningún momento arriesgar su vida para salvaguardar el ecosistema que le ha sido encomendado para su protección haciendo frente a cazadores furtivos y gente de mal vivir sin ningún tipo de miramientos ni huidas. Sin embargo algo atormenta a Egor, y es que en un reconocimiento médico rutinario la analítica desprende que nuestro héroe se halla afectado de un cáncer terminal e insalvable que ha segado su esperanza de vivir a tan solo los dos o tres siguientes meses.

La desesperación de su familia ante tal noticia les llevará a visitar a una vieja chamana que hará una cura de espíritu a Egor. La cura no ofrecerá ninguna mejora en el estado de salud de Egor, pero la vieja contará a éste una vieja leyenda de un lugareño que logró esquivar a la muerte mutando de identidad. De esta manera Egor se refugiará en el almacén anexo a su hogar ataviándose con ropa y maquillaje de mujer. Dejará de hablar a su mujer, a su suegro y a su hijo, con quienes comparte refugio y hogar. No dará por tanto ninguna explicación de su radical cambio de talante. Tan sólo se ocultará en un oscuro habitáculo encerrado en su silencio e introspección con la esperanza de zafarse de la muerte como en la leyenda explicada por la hechicera. A raíz de esto, la familia de Egor será calumniada. Su hijo será tildado como el descendiente del maricón del pueblo, el propio Egor será rechazado por sus amigos e incluso por su esposa que observará con pavor los pasos de su marido.

Egor está desesperado. Quizás este cambio se explique por una huida hacia adelante debido a la cercanía de la guadaña. Pero quizás también sea la manifestación de la única opción de salvación: la de dejar de tapar la irrealidad y expresar su verdadera identidad. Una expresión no entendida por sus homófobos e intolerantes vecinos que humillarán, vejarán y violarán la quietud de un anacoreta ansioso por sortear su deceso.

Aleksey Chupov y Natalya Merkulova no caen en ningún momento en la demagogia barata y sensacionalista, moldeando una fábula hermosa y trascendente acerca de la maldad imperante en el alma del ciudadano medio ruso, lanzando así una crítica muy afilada y acertada alrededor del fanatismo e intransigencia inherente en la sociedad rusa. Sirviéndose de la sátira no exenta de ciertas gotas de humor muy negro, (de hecho la apuesta por el tedio y el silencio regado de buenas gotas de ironía me hace recordar levemente al cine del pirado de Tsai Ming liang), pero prefiriendo sobremanera trenzar su historia con un lápiz muy prudente y sereno capaz de pintar con total nitidez un cuadro dantesco, patético y lacerante alrededor de los padecimientos y martirios sufridos por aquellos que han decidido dar un paso al frente y ponerse en contra de lo establecido, siendo relegados a una exclusión consentida por la mayoría y silenciada por los cobardes que no se atreven a defender a la parte más débil del estrato social.

Sirviéndose de un aura onírica absorbida merced a la mágica atmósfera que envuelve a la taiga siberiana y de un guion basado en un relato que impregna el ambiente de un surtido entre cósmico y real, El hombre que sorprendió a todo el mundo es uno de esos ejemplos que demuestran el perfecto estado de salud que goza el cine ruso actual. Un cine que arremete contra los dictámenes y arquetipos clásicos, pero que igualmente suele ser sembrado con una semilla robusta y poderosa, construyendo de esta manera un mar de imágenes impactantes gracias a una belleza visual que explota de forma sublime la majestuosidad pictórica de unas estampas que salpican y humedecen nuestros sentidos. Una obra entretenida, divergente y magníficamente dirigida que esconde una inteligente metáfora sobre los sufrimientos que acarrea mostrarnos tal y como somos.

2 comentarios sobre “El hombre que sorprendió a todo el mundo (Aleksey Chupov, Natalya Merkulova)”

    1. Hola. La vi en filmin creo recordar que con subtítulos en inglés, si bien no veo que haya subtítulos disponibles. Un saludo.

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