El efecto Marcus – Los casos del Departamento Q (Martin Zandvliet)

Cada cierto tiempo, aparece por FilmTwitter (y aledaños de la red social) alguna historia que hacer arder los teclados de los que comentan lo que sienten cuando ven películas, series o tras conocer determinadas noticias de películas o series. Los temas que parecen provocar mayor actividad cerebral entre los cinéfilos y seriéfilos (aunque no sabemos en qué áreas) y que generan más movimiento en los dedos de las masas enfurecidas para quejarse suelen tener que ver con el denominado nuevo orden mundial, el cambio de sexo de los protagonistas o el color de personajes previamente heterosexuales blancos, aunque no debemos olvidar la siempre clásica crítica a una adaptación hollywoodiense de una película europea u oriental. El último ejemplo de indignación que hemos visto en las redes ha estado dedicado a Masters del Universo: Revelación, cuya segunda crítica mejor valorada en FilmAffinity propone títulos alternativos junto a la nota que le ha dado a la primera temporada (un 2). Véase:

— «He-Man el hombre más estúpido del Universo.»

— «Berrinches de feminista frustrada.»

— «¡Por el poder de la Vagina! Ejem. Pensé que ya estaba SHE-RA para eso.»

— «Otra gran oportunidad perdida.»

Más allá del desprecio que desprenden opiniones que afirman que “el hombre más poderoso del Universo (ha sido) opacado por una ideología que ya harta”, o de lo que lloran porque su serie estrenada hace 38 años haya sido ultrajada ahora que ellos están ya más cerca de los 50 que de los 40 y no pueden soportar dicha traición por algo que llevan sin ver o revisitar al menos 30, me quedo con una cosa: voy a intentar hablar sobre El efecto Marcus, la quinta película de Los casos del Departamento Q, intentando no fliparme y evitando ser un cretino dentro de lo que mis posibilidades cretinas me permitan.

Porque si Los casos del Departamento Q se hubiesen estrenado en los 80, ya os digo que El efecto Marcus estaría generando hoy un enorme debate entre algunas personas que se meten a internet con la intención de discutir por lo que han hecho a sus recuerdos. Aunque tampoco sería una cosa muy agresiva, porque los protagonistas por lo menos seguirían siendo hombres (y el musulmán ya lo habría sido en los 80, me supongo, saltándonos el debate sobre el nuevo orden mundial). Afortunadamente (por el tema de las broncas, digo), la primera película de la saga se estrenó en 2013 y parece que no está dando para tanto, aunque para algo dará, ya que todo ha cambiado, desde los actores que encarnaban a nuestros queridos personajes hasta el propio espíritu de la saga, que intenta mantener el nivel habitual del thriller nórdico, pero con un resultado algo más descafeinado y carente de la acción y el nervio visto en anteriores episodios.

Y la verdad es que todos estos cambios son interesantes. Quizá no a un nivel precisamente positivo, pero interesantes, al fin y al cabo. El efecto Marcus parece algo así como un experimento realizado por guionistas, montador y director; una película que da por hecho que hemos visto todas las películas anteriores o leído todos los libros de Jussi Adler-Olsen en los que se basan. O, en otras palabras, una película que comienza sin presentar personajes, porque ya están todos presentados en anteriores películas, pero, y he aquí la parte experimental, obviando que nos han cambiado a todos los actores e incluso su personalidad. Así, aquel que se enfrente de nuevas a la película del más que solvente realizador danés Martin Zandvliet, puede que se pregunte a qué se dedican en concreto esos policías que trabajan en un sótano (si es que ese espectador intuye que trabajan en un sótano), o quién es o qué relación une al protagonista con el hombre con lesión medular que visita tres veces en el hospital, o, ya que estamos, quiénes son las personas que acompañan de vez en cuando a su protagonista en la investigación del caso y le dicen que se calme un poco. Básicamente porque todo el inicio y el desarrollo de la trama dan por hecho que conocemos a todos los personajes, pero siendo completamente distintos.

Eso, por una parte; si, por otra, quien se enfrente a esta quinta película ya conoce la saga y ha seguido las aventuras y desventuras de los inspectores Carl Mørck y Assad, entre otros, seguramente eche de menos, sobre todo, la química y la personalidad que transmitían ambos personajes juntos, a pesar de que el actor que sustituye a Nikolaj Lie Kaas como protagonista sea Ulrich Thomsen y no lo haga mal, pero es que como el resto son más bien inexistentes. Está claro que también echará de menos otras cosas, otros caracteres de los personajes, el mayor protagonismo de alguno de ellos, volver a ver sus patologías y hasta sus encuentros y desencuentros personales desarrollados como eran y no como los han descrito ahora, o incluso los toques de humor derivados de la complicidad propia de haber aparecido todos juntos en cuatro películas, pero ya he dicho que en eso no me iba a meter (demasiado).

Lo que sí puedo decir es que resulta difícil hablar de El efecto Marcus como película independiente. Su propio resultado final parece querer que llenemos todos sus huecos a través de los libros o las películas que la preceden. Algo medio aceptable si existiese continuidad entre cada producto, pero como no la hay… Después de verla, sobre todo al intentar separarla de las precuelas, queda la sensación de que estamos viendo el capítulo de una serie policiaca de televisión con capítulos auto conclusivos que nos entretienen sin más, pero con un caso poco desarrollado, sin apenas acción y con una música incidental que no ayuda demasiado a generar tensión cuando parece que la vamos a tener (la acción). Y si la queremos ver como película dentro de la saga, la pérdida de carisma de todos los personajes, la oscuridad de cada caso y la pérdida del humor nos hacen añorar a Nikolaj Lie Kaas y a Fares Fares, pero también a secundarias como la interpretada en el pasado por Johanne Louise Schmidt.

Consejo de He-Man: Ni caso a esta reseña. Ved la peli y opinad (a ser posible sin enfadarte demasiado y manteniendo un buen sentido del humor), que mucha gente ha trabajado en ella y seguramente la gran mayoría se ha esforzado para ofrecer lo mejor, incluyendo a la distribuidora que me ha permitido tener en blu-ray las 4 partes anteriores manteniendo un diseño cuidado para que mi alma friki esté feliz con su continuidad (lo cual agradezco). ¡Hasta pronto, amigos!

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