Dovlatov (Alexey German Jr.)

Sergei Dovlatov fue uno de los escritores rusos más importantes de la segunda mitad del siglo XX, pese a contar con una corta obra publicada y haber sido vetado sistemáticamente en su país natal. Libros como La zona o Los nuestros forman parte sin duda de un corpus literario que busca retratar la vida cotidiana en la Unión Soviética.

Centrada en la vida del escritor unos años antes de su exilio a Estados Unidos, Dovlatov, última película de Alexey German Jr., nos acerca la biografía del autor ruso con un estilo diferente al de los biopics tradicionales. German basa su puesta en escena en conseguir un clima de opresión sutil, una especie de neblina que ahoga a los protagonistas —artistas sin éxito— y los hace desfallecer. Esa atmósfera está construida desde la fotografía (magnífico trabajo de Lukasz Zal, cinematógrafo de Ida o Cold War) y el vestuario (premiado en el Festival de Berlín), pero también a través del privilegio de planos secuencia donde el tiempo se alarga, se hace pesado y surge el tedio y la desesperación.

El serbio Milan Marić compone un Dovlatov poco transparente, abstraído, pero que mantiene la ironía y el sentido del humor hasta en los peores momentos. Se trata de una interpretación contenida, que no se fundamenta tanto en transmitir las emociones del personaje sino en hacer ver lo que él ve. En este sentido, el personaje de Dovlatov actúa más como un ‹flâneur› que como un protagonista al uso, tal como demuestran algunos “descentramientos”, en los que la cámara del director se olvida de su protagonista y se focaliza, durante unos segundos, en las conversaciones y miradas de otros personajes.

Hay en la figura de Dovlatov un vaivén, un deambular por las calles y apartamentos de San Petersburgo que no busca sino retratar a una generación perdida de artistas, vetados por el régimen. Pintores, poetas y escritores que malviven con encargos insulsos, conscientes de su fracaso, desesperados por no existir. Dovlatov se pasea por ese purgatorio, en el que todos esperan, aunque no saben el qué. La cámara de German transita entre lo trágico y lo absurdo sin inmutarse, suspendida en un vacío sin salida.

Si bien hay momentos de emoción verdadera —la escena de la mina, o algunas del protagonista con su familia— Dovlatov es una película con la que cuesta conectar, como cuesta conectar con el tedio y el pesimismo. Sus toques de humor, escasos, consiguen aportar unas pinceladas del universo del escritor y dotar de algo de interés a una película demasiado plana, demasiado gris, plagada de conversaciones deshilachadas y escenas que nacen y mueren en sí mismas. Seguramente, el film de German sea un biopic “perfecto”, en tanto que transmite la vida cotidiana de un personaje sin la grandilocuencia típica de este subgénero. Sin embargo, esa perfección se logra por una carencia de interés, una frialdad y un tedio difíciles de contener en muchas ocasiones.



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