Comportarse como adultos – Adults in the Room (Costa-Gavras)

«Vamos a destruir la base sobre la que se ha construido, década tras década un sistema, una red que roba con saña la energía y el poder económico de todo el resto de la sociedad.»

Yannis Varoufakis

Enero de 2015, la Coalición de la Izquierda Radical (SYRIZA) gana las elecciones parlamentarias en Grecia. Es la primera vez que, en Europa Occidental, llega al poder un partido surgido directamente de los diferentes movimientos postcomunistas que se mantienen en nuestro continente tras la caída de la URSS. La causa de este histórico triunfo es la llamada Crisis del Euro que ha llevado a los países de la zona a implementar unas medidas radicales de contención del gasto y de recorte de derechos sociales, una política que ha sido especialmente gravosa en el país heleno, consumido por la deuda externa y su falta de viabilidad económica.

SYRIZA, el partido que acaba de conseguir la presidencia del país, ha prometido oponerse a la política de la Troika (un organismo supranacional que representa a la Unión Europea y que dicta las medidas que debe seguir cada país miembro) y abandonar la senda de la austeridad y los recortes en busca del crecimiento económico. Las dos cabezas visibles del Partido son Alexis Tsipras, el nuevo Primer Ministro, y su responsable de la cartera de Economía, Yannis Varoufakis.

Es, precisamente, Varoufakis el que después de solo unos meses en el puesto de responsable económico, será el autor de las memorias que ahora adapta Costa-Gavras para la gran pantalla en su nueva película. Una crónica del desencanto, el de un hombre y el de un país, que creyeron poder hacer frente a los inamovibles poderes fácticos responsables, en cierto sentido, del statu quo de esta Europa que nos ha tocado sufrir y que terminaron sufriendo una derrota estrepitosa en su momento de mayor triunfo, el día después del referéndum que movilizó a buena parte de la sociedad helena para decir “no” a esos mismos poderes tenebrosos y nunca bien ponderados.

De todos es conocido que Constantin Costa-Gavras ha sido la voz de la conciencia de la sociedad europea desde la década de los sesenta hasta nuestros días: temas como los abusos de poder por parte de los regímenes totalitarios (Z, Estado de sitio, Missing) o la configuración social de nuestros Estados, siempre transigentes con los poderosos (Edén al Oeste, El Capital), han sido algunos de los temas descritos por sus imágenes. Unas imágenes que están trabajadas por el realizador siempre desde la convicción personal con las causas sociales que defiende, siempre desde la depuración de ornamentos a la búsqueda de transmitir gráficamente en la pantalla la pureza de dichas causas. Incluso los zooms, tomados como elemento arquetípico de los primeros momentos de su cine, son utilizados de una forma tan naïf que no repercuten, desde nuestro punto de vista, en esta descorporización autoral que es, en cierto sentido, la firma autoral de Gavras.

La confluencia entre estas dos personalidades, Costa-Gavras y Varoufakis, no podía tener otro resultado que una película absolutamente convencida de estar en posesión de la verdad. En las imágenes del director ateniense, en las palabras del economista, no hay lugar a las dudas sobre la división hemisférica de la sociedad, en la justicia de la causa por la que luchan. Ni siquiera hay dudas acerca de los medios por los que se perdió esta pequeña-gran batalla contra la globalización capitalista o espacio para reconocer la existencia de errores propios. No se confundan, no pensamos que Constantin y Yannis, Yannis y Constantin eludan conscientemente el análisis global de esta contemporánea tragedia griega, simplemente son hombres de fe. Y puede que, además, tengan razón en lo importante. A fin de cuentas, la rabia y la impotencia es un sentimiento colectivo: no necesariamente griego, no necesariamente radical.