Half (Samjad)

Un problema de gestión

Una de las dificultades máximas de una premisa sencilla es, paradójicamente, cómo sostenerla para que siga siendo interesante. No basta, pues, con la tentación —y más cuando hay acción desbocada de por medio— de estirar el chicle hasta la saciedad. Puede que sea un caso no comparable por presupuesto y ambición, pero un ejemplo claro de ello sería Mad Max: Fury Road, o cómo George Miller convierte una narrativa lineal en forma de persecución continua en una obra maestra de lo que podríamos denominar una huida literal hacia delante.

Un inicio prometedor en el desierto indio

Justamente eso es lo que plantea Half. Una especie de ‹neowestern› vampírico de venganza que empieza bajo una premisa interesante: en una carretera perdida de la India, una banda de maleantes se dedica a saquear y matar a cualquier incauto que pase por ahí. La mala suerte es que se toparán con una pareja de hermanos vampíricos.

Y con este inicio prometedor empiezan los problemas. Fundamentalmente, en la absoluta ausencia de ‹lore› tanto de los saqueadores como, sobre todo, de la pareja protagonista. Sabemos que son vampiros por un simple plano bucal. Más allá de eso, no sabemos nada de sus poderes regenerativos, su tolerancia al sol o su origen. Eso sí, lo que sí sabemos es que tienen un máster en artes marciales varias.

Coreografías sin alma ni historia

Y esto es básicamente lo que ofrece el film. Una persecución lineal donde las secuencias de acción se suceden a base de ritmos musicales que quieren ofrecer dinamismo y acaban por convertirse en algo realmente molesto. No es que las coreografías estén mal —más bien lo contrario—, pero no hay nada más detrás. Ni una historia sostenible, ni una profundización de los personajes en cuanto a su personalidad. Lo que hay es nada: un desierto de ideas equivalente al paisaje donde sucede el film, y que deja en manos de la espectacularidad el único sostén motivador para seguir visionándola.

Es cierto que hay una querencia en la dirección de Samjad por su dúo protagonista. Los mima y los retrata resaltando su amor fraternal a pesar de sus riñas. Algo que, por desgracia, tampoco funciona. Se ve superfluo, sin aportar realmente valor a la trama a través de dicha relación. Al final todo resulta bastante plano, tanto estética como argumentalmente, y ni tan siquiera hay un villano a la altura que aporte algo de carisma o intención.

El lastre de la ópera prima

Se podría decir, pues, que estamos ante el caso de un film que podría ser notable por sus ideas y su poca vergüenza en su despliegue sangriento explícito, pero que se queda como el título: a medias. Son defectos bastante habituales en un debut pero que, partiendo de un planteamiento bastante apetecible, acaban por lastrar una obra que —o bien con más capacidad de síntesis en su metraje o bien con una exploración del ‹lore› vampírico expuesto— podría haber sido no solo un ‹exploit› de género destinado al ‹fandom› festivalero, sino una notable ópera prima a disfrutar y ampliar en el futuro. Lo dicho: disfrutona y salvaje, pero solo en parte.

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