Enjambre (Óscar Bernàcer)

El enjambre de abejas sirve no pocas veces como metáfora de estructuras organizativas humanas, y Óscar Bernàcer recurre a esta imagen en su nueva película para partir de una paradoja fundamental: un enjambre es una forma de inteligencia colectiva y descentralizada, que al mismo tiempo está regida por la presencia central de una abeja reina. Eixam (Enjambre) parte del tropo ‹a stranger arrives in town› y nos sitúa en el punto de vista de Lluc (Pablo Molinero), un hombre separado y endeudado que aparece en una comunidad rural autogestionada que vive en la clandestinidad. Pese a las optimistas declaraciones democráticas de sus integrantes, no tarda en revelarse el dominio que ejerce desde la sombra Alba (Cristina Fernández Pintado), más conocida como “la Doctora”, que lo ha llevado hasta allí sin que él recuerde bien cómo.

La oscuridad que subyace en este lugar se establece desde el primer momento. Lluc despierta en una casa que no reconoce. Cuando sale al exterior, se encuentra en lo que podría ser un paisaje montañoso bucólico, pero se nos muestra con un asfixiante ‹travelling› circular, que orbita alrededor del personaje y le muestra rodeado de obstáculos. Está, literalmente, en un perímetro sin salida. La gran pregunta dramática de la trama emerge de manera evidente: ¿podrá Lluc escapar? A lo largo de todo el metraje, Bernàcer prioriza la claridad emocional frente a la sutileza, y construye un thriller de ritmo efectivo, administrando la información en el momento exacto que exige la dramaturgia clásica y manteniendo en equilibrio los numerosos personajes y sus conflictos.

El amplio elenco sirve para representar la diversidad de posiciones frente a la comunidad y a los conflictos (colectividad versus autonomía, libertad versus orden) que la atraviesan. Eixam es pura trama, fibra dramática, pero esta exploración la dota de un cierto interés temático. Afina al retratar a esta comunidad como personas vulnerables, expulsados de un Estado que no sabe cómo reintegrar a los que habitan en los márgenes, y cuyo proyecto de sociedad fracasa precisamente al reproducir los mismos errores e imponer un régimen único, incapaz de atender a la diferencia y que abandona a sus miembros más frágiles. Sin embargo, la mayor limitación del largometraje es que los personajes no son más que eso: posiciones, actantes narrativos. Esta funcionalidad casi estricta limita su impacto; de hecho, para sostener la implicación emocional del espectador, la película necesita de elementos externos al guion y se apoya con fuerza en la (excelente) banda sonora de Raquel Sánchez.

De alguna manera, si “la Doctora” ve a sus compañeros como meras piezas de ajedrez en su tablero, Eixam reproduce esta misma mirada reductora sobre sus personajes, y renuncia a construir su interioridad al ponerlos al servicio de la trama. Aún con todo, es loable cómo toma los componentes del género de thriller y los traslada a un entorno novedoso, equilibrando los códigos tradicionales con un imaginario visual y temático menos trillado. Si el objetivo aquí es el entretenimiento, lo logra y con creces.

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