Not a Hero (Rima Das)

Nos vamos acomodando cada vez más a las ‹coming of age› con problemas del primer mundo, donde la banalidad forma parte de lo cotidiano, como un avance de lo que nos depara con las pretensiones de toda una nueva generación de cineastas. En ocasiones aparecen otras voces como la de Rima Das, que ha acomodado su mirada a la infancia en India con historias positivas y enriquecedoras en escenarios más precarios, con todo un universo por descubrir. Si ya ha convertido en saga sus Village Rockstars, ahora se acerca a un protagonista masculino en Not a Hero donde, evidentemente, el niño tiene que cantar.

Es fácil asumir la energía que desprende Mivan, un niño de once años que va a un colegio inglés, tontea con los amigos, participa en el coro y disfruta de tener al alcance de la mano todo tipo de aparatos tecnológicos. Pero la opulencia solo es un inicio con el que encontrar un contraste cuando Mivan debe marcharse al pueblo donde nació su padre y quedarse con su tía.

Sin necesidad de grandes explicaciones, la directora desvía la historia para poder moldear al personaje ante los cambios que va descubriendo en su vida. Afianzando esa mirada al primer mundo y su banalidad encorsetada, Rima Das busca una forma de conectar con las raíces y dar un valor extraordinario a la vida sencilla, para nada reñida con el avance. O al menos esa es su intención. Nos encontramos en Not a Hero una historia muy neutra, que busca el humor y se apoya en el desparpajo de sus actores más jóvenes. La cámara se desenvuelve entre niños y su forma de comportarse en la escuela, con amigos y en la intimidad, y apenas deja espacio para que los adultos formen parte de su descubrimiento. Es más, su interacción no suele ser lo más positivo para ellos, como una forma de expresar lo pesadas que son las responsabilidades de los adultos que les impiden contemplar la vida con la ilusión infantil.

Se podría decir que la directora obliga a Mivan a adaptarse al medio para sobrevivir, aunque lo hace con un personaje que en cierto modo está encantado de hacerlo. Quizá no parece tan puro el modo en que consigue congeniar en ese nuevo entorno, cuando todos se fijan en él porque habla mejor el inglés, les puede invitar a chuches o soluciona problemas ajenos gracias a su acceso a la internet, porque claramente es el chico de ciudad que primero impacta por ser la nota discordante. Pero en la vida todo se supera tropezando constantemente con la misma piedra, así que quizá lo que se puede valorar de Not a Hero es cómo, desde la perspectiva de niño mimado, un modernísimo crío indio que no soporta el ‹downgrade› que implica vivir en el pueblo, pasa por fases como la negación, mimetización con el medio y abrazo hacia la naturaleza para convertirse en un futuro adulto empático que valora la amistad por encima de todo. Para congraciarse con el estilo de la directora, a lo largo de la película el protagonista va cantando canciones en inglés de las que se puede sacar también una lectura, convirtiendo este pequeño divertimento en el que Mivan no tiene más remedio que crecer y ser consciente del mundo que le rodea bajo un halo de amabilidad y disfrute donde hasta los momentos más dramáticos parecen tener una resolución asegurada para no romper la tonalidad que aporta el film.

Not a Hero realmente no va de héroes, pero sí intenta dialogar con los más pequeños y proponer una reflexión para los adultos, solo que esta canción no está compuesta para todos los oídos.

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