Crítica de 3 corazones, dirigida por Benoît Jacquot | Cine maldito

3 corazones (Benoît Jacquot)

Hola. Bienvenido/a. Siéntese y relájese. Está asistiendo a la primera reunión de la agrupación de ayuda Cine de Aburguesados Malditos Anónimos (CAMA), ¿le gustaría eliminar la dependencia que tiene del amor, que le acompaña desde que sus hormonas explosionaron descontroladamente? Hágase las siguientes cuestiones: ¿sufre porque no se siente amado/a y es el mayor problema en su vida? ¿No ama a su pareja, pero no es capaz de dejarla hasta que ya tiene otra nueva? ¿Su vida gira en torno al amor, hasta el punto de que en lugar del amor usted hace el daño (esto es de Nacho Vegas), incluso a los hijos que ha traído al mundo? ¿El amor es una selva, sus parejas son lianas y usted se cree Tarzán? ¿Cree que le ayudan los libros de autoayuda? Ha venido al lugar indicado. Desde aquí, vamos a apoyarle para que pueda enfrentarse a su incapacidad para estar solo/a (un tiempo) y a procurar que no sea usted tan afectado/a. Veamos cómo afrontar estos problemas: resolución de conflictos.

3 corazones

Para ello, vamos a ayudarnos de 3 corazones, la última película de Benoît Jacquot, el director y guionista de Villa Amalia (2009) y Adiós a la reina (2012), que aquí se rodea de grandes actores para suplir la falta de empaque y el exceso de pretenciosidad de su historia. Historia, por cierto, que es desvelada de cabo a rabo si se lee cualquier sinopsis al respecto; suerte que yo la he leído ahora (precisamente para saber hasta dónde no dar detalles de más). Los 3 corazones a los que hace referencia el título son Marc Beaulieu, interpretado por el actor Benoît Poelvoorde —Nada que declarar (2010), Tímidos anónimos (2010), Astérix en los Juegos Olímpicos (2008)—, Sylvie Berger, a quien pone rostro(s) Charlotte Gainsbourg —Nymphomaniac (2013), La ciencia del sueño (2006) y sus pinitos en la música— y por último Chiara Mastroianni en el papel de Sophie Berger. Acompaña al reparto principal una desaprovechadísima Catherine Deneuve haciendo de madre de Charlotte Gainsbourg y de Chiara Mastroianni, ésta también hija en la vida real y otrora esposa de Benjamin Biolay, cantautor conocido en sus inicios como el nuevo Serge Gainsbourg, padre de Charlotte.

Casualidades de la vida que nos unen a todos, ¿no? Bien, pues sobre esta premisa se sustenta 3 corazones. Marc es un inspector de Hacienda que pierde el último tren con dirección a París y tiene que quedarse a dormir en una pequeña ciudad de las afueras, allí se fijará en Sylvie, durante esa noche entablarán una relación basada en silencios y cigarros y el amor surgirá tras unas pocas horas. No se dan nombres ni teléfonos, a pesar de lo cual presuponen que ambos están hechos el uno para el otro, que son una luz de esperanza en sus vidas, por eso, antes de decirse adiós desde el andén, deciden volver a verse en París, pero una suerte de infortunios devienen en un plantón y la decepción se hace patente. Pocos días después, el azar hará que Marc y Sophie (hermana de Sylvie) se encuentren en el edificio en que el primero trabaja; ella llora, él respira con dificultad; están hechos tal para cual. Una ayuda contable que enamora, luz al final del túnel, ruptura con el presente, el futuro ya está aquí y en él se encontrarán todos, inseparables.

3 corazones

Un relato imperfecto y falto de verdadera emoción en el que la alegría no interesa, por eso cuando ésta se da, una voz en off nos explica lo obvio para así poder regresar al drama romántico con premura. La tensión se busca de forma constante durante toda la cinta, enfatizada por una repetitiva y afligida melodía, un tanto machacona, que cada vez que suena parece que vaya a ocurrir un asesinato. 3 corazones no funciona, y no porque los dos principales personajes sean unos egoístas —está en nuestra naturaleza—, ni porque un hombre de 47 años se enamore en menos de cuatro días de dos mujeres y de la segunda mientras aún busca a la primera —nos gusta enamorarnos—, sino porque las situaciones que se dan, tanto positivas como negativas, en sus vidas, parecen escritas con demasiada prisa; lo que le interesa al director es el conflicto, los corazones rotos (siempre que sea de los tres primeros, a los demás personajes que les zurzan). Lo aceptamos, pero además pretende que nos interesen y nos caigan bien personajes que rompen con sus parejas en mitad de una película en el cine —eso no tiene perdón, salvo que estés viendo Transformers 4—, o las abandonan sin mediar palabra. No me he creído a estos atormentados y dependientes corazones, no me he creído sus encuentros y desencuentros imprevistos, su pasión, pero sobre todo, no me he creído que Sophie no piense que su marido es un psicópata, porque si se presta atención, siempre que le mira, él hace una mueca (ni llega a sonrisa) con la que intenta ocultar sus verdaderos pensamientos. A mí me daba miedo (más con esa banda sonora).

Pero no nos olvidemos de lo más importante, lo que mencionábamos al inicio de esta reseña. Usted ha venido a la CAMA para encontrar la solución a sus problemas amorosos y gracias a 3 corazones, aquí la tiene: si es usted un hombre, pierda trenes, pero sea puntual; en cambio, si es mujer, si conoce a alguien porque pierde trenes, procure no impacientarse porque sea impuntual. Corolario: quédese con la madre y véase Bella de día, de Luis Buñuel y Secretos de un matrimonio, de Ingmar Bergman.

3 corazones



One Comment

  1. De psicotico nada un neurotico un pelotudo que somete a la persona (su esposa) que lo ama que lo idolatra a su mentira. Y. Tarado que filman y justifican como dramasu cobardía. Reconozco que un hombre culposo es ms amoroso pero más cobarde. Un hombre que no acepta equivocarse y ubicar como tarada a la mujer que lo ama. Es obvio lógico que el drama, la catrastofe es inevitable.
    La víctima entra en locura y el personaje (el estúpido) toma el lugar del incomprendido

Deja un comentario