Slimane (José Ángel Alayón)

Ópera prima en el campo del largometraje de José Ángel Alayón, Slimane parece recoger el testimonio previo del cineasta canario, implicado tanto en producciones documentales incluyendo tareas de dirección, donde ya había realizado hasta cuatro títulos, como en cine de ficción antes de iniciar su primera aventura en una parcela a la que llega previo paso por otro formato como el del cortometraje, erguido más como una necesidad imperante en un país como el nuestro que como una vía de escape artística para muchos cineastas que a buen seguro querrían dar sus primeros pasos dirigiendo un largo.

Slimane

Ese testimonio lo marca lo que bien podríamos denominar mixtura genérica entre un terreno ficcional en el que parece necesario entrar y el ya consabido carácter documental, que otorga si cabe un acercamiento más fidedigno y (en cierto modo) palpable al relato de Slimane, protagonista, y Moha, su inseparable amigo con el que vaga por territorio tinerfeño sin cobijo ni aparente rumbo. En ese marco, Alayón realiza un retrato que no parece tener tanto de introspectivo como de lúdico, y es que el realizador se centra más en ese aspecto de la relación y convivencia entre sus personajes que en uno que nos lleve a un escenario marcadamente social.

Ello resulta un acierto que deviene en arriesgada decisión por el trazo que adquiere una cinta como Slimane, exponiéndose en cierto modo a que una propuesta llevada hasta las últimas consecuencias como es esta pueda obtener el rechazo de un sector que no aceptará una obra tan adecuada en el marco de Márgenes como es esta. Ese acierto radica básicamente en palpar una libertad que es precisamente la que (en parte) refleja Alayón en su cinta, dejando dudas —que sobresalen de modo muy ligero—, impresiones e incluso sentimientos acerca de su situación en un segundo y adecuado plano.

La cámara del canario se mueve de forma intrépida entre los cimientos que componen el universo de esos dos jóvenes, y por lo general en ambientes que manifiestan una marginalidad muy acorde con la situación retratada en Slimane, deslizándose de este modo entre parajes del todo inhóspitos, de los que destacan terraplenes donde se reúnen para charlar, casas abandonadas en las que se alojan furtivamente y algún que otro local nocturno teñido de luces y altos decibelios que sirve de contraste con los lugares habitados normalmente por Slimane, Moha y sus compañeros.

Slimane

El cromatismo de la imagen, de líneas más bien apagadas excepto cuando abandonan sus quehaceres habituales para sumergirse entre las cuatro paredes de esos recintos en los que trasnochar, contrasta en cierto modo con una situación de la que se podría destacar esa condición social, pero lejos de hacer hincapié en ese aspecto, Alayón lo emplea más bien para realzar ese acercamiento documental, que reproduce sus vivencias sin filtro alguno, más bien haciendo patente al espectador del tipo de vida que llevan lejos de las penurias o problemas personales que pueda haber tras esos jóvenes cuerpos arrojados a un terreno desconocido.

La habilidad de un trabajo como Slimane, más allá de saber exponer en el entorno de los protagonistas esos pequeños detalles que constituyen una forma —en cierto modo— fiel de reflejar su día a día, es el hecho de no buscar rezagarse constantemente en el conflicto como parapeto de algo que contar o, mejor dicho, de algo con que desviar la atención del relato central, y buena prueba de ello son algunos diálogos entorno a la acción que termina quebrando el film: esa despreocupación —no entendida como un resquicio de apatía o indiferencia— revela en algún sentido la propia naturaleza del retrato.

El hecho de complementar todo ese conjunto con secuencias en ocasiones estudiadas, en ocasiones surgidas fruto de la improvisación, otorga a Slimane precisamente el carácter en el cual Alayón apoya todas sus bazas. Sólo ese final que parece sostenerse en un plano ficcional que nos aleja del estrato documental en el que se mueve mayoritariamente el film, y que termina suponiendo un acercamiento a la aceptación/redención del protagonista, rompe con esas características, y ni siquiera afecta al devenir de una obra tan interesante como necesaria en el panorama de un cine español independiente creciente y en busca de nuevas fronteras.

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