Deathgasm (Jason Lei Howden)

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Deathgasm es como el sueño húmedo de cualquier metalero. Pero, al igual que la introducción de la película, antes de decir nada sobre ella, hagamos un rewind argumental a la proposición expresada al inicio. Death metal, demonios, invocaciones a Satán, tías buenas, nerds, splatter sin concesiones y una buena dosis de humor (negro). Todos ellos ingredientes de un plato que puede sonar a arquetipo y que efectivamente lo es. Pero lo bueno del guiso es precisamente la asunción consciente de dicha condición y su nula pretensión de ir más allá de ser un mero divertimento, casi autoparódico, para consumo tanto de los amantes del género como para los presuntamente parodiados.

Y es que en Deathgasm anida sin duda el espíritu del primer Peter Jackson, de Braindead esencialmente (de la que homenajea sin ninguna vergüenza escenas y planos enteros) en cuanto al tono, a la mezcla desenfadada de horror y cachondeo. En realidad estamos ante un film que evidentemente poco o nada aporta al género, y que, en cuanto a estructura, no deja de ser un calco de tantas otras. Sí, no sería desacertado hablar de film fotocopia y criticar su ausencia de originalidad, pero ante el material expuesto la pregunta que surge es: ¿acaso importa?

La respuesta es un claro y rotundo no. No solo no importa, sino que se aprecia como producto pensado y realizado buscando un público muy concreto que consigue ofrecer y, en buena mesura, satisfacer a dicha audiencia. Y eso es fundamentalmente no solo por la buena mezcla de sus elementos, o porque los gags en menor o mayor medida funcionen, sino por el respeto mostrado.

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Sí, no nos engañemos, centrar la temática del film en una tribu urbana como los metaleros (y más en su subgrupo grindcore deathmetalero) daba para la parodia de trazo grueso, de la falta de respeto y la burla más descarnada. En su lugar encontramos una cinta donde dicha parodia existe pero desde el amor hacia la estética, los valores y la música. Sí, se nota que el director, Jason Lei Howden, conoce y es amante del mundillo (y si no lo es lo disimula perfectamente, lo que aún le da más mérito) y ese amor traspúa por cada uno de los fotogramas. Sí, no importa humillar, denigrar o sacar lo peor de cada uno de los protagonistas ya que, en el fondo, no son más que pequeñas puyas lanzadas para resaltar con más fuerza lo positivo de ellos.

A partir de aquí, de presentar a cada uno de los personajes, el film va directo al grano, sabiendo que lo que interesa no es la psicología sino el festival de metal, sangre y vísceras que va a ofrecer. En este sentido no puede haber queja alguna: el film da lo que promete y más, por momentos rozando el rizo de la exageración. Nada malo teniendo en cuenta que esto no es cinema verité sino splatter y que por tanto el realismo es sobrero. Aquí de lo que se trata es de armar la marimorena de ver quién la lía más parda en pantalla y a ello se dedica con fruición cada uno de los planos del film.

Lo decíamos al principio, Deathgasm es el sueño húmedo de cualquier metalero hecho realidad y ello de por sí ya es un mérito remarcable al saber satisfacer a su target objetivo, pero más allá de eso Deathgasm funciona (dentro de su modestia) por querer “universalizar” su humor y llegar más allá. Sí, Deathgasm funciona porque es aparentemente un film de, por y para freakys pero que consigue trascender y llegar mucho más allá. Un triunfo pues en toda regla.

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