Vindicare | Yo soy la justicia – El vengador anónimo 2 (Michael Winner)

Yo soy la justicia

Lo bueno de una página como Cine Maldito es que nos da espacio suficiente para hablar de cualquier cosa que nosotros consideremos precisamente “maldito”, de esa manera podemos hablar tanto de la ola negra yugoslava influida por los nuevos cines de los 50 y 60 como de esa película de los noventa con aroma a independiente que nos llegaba desde Estados Unidos u otras cintas que no tienen o no tuvieron la aceptación que consideramos que deban o, por qué no, para hablar del nuevo subproducto de una productora tan maravillosa como casposa cuando se trata de Asylum (Titanic II, Megapiraña y un sinfín de desternillantes despropósitos del trash cinema). Hecha la ley hecha la trampa, que dicen. Así que hoy voy a hablar de un tipo de filme que no suele ser apreciado ni considerado como relevante, siempre con la etiqueta de “fascistoide” a cuestas, despreciado por todos y olvidado. Cine maldito, vaya (sí, aceptamos barco como animal acuático).

Yo soy la justicia, la película en cuestión, habría que enmarcarla como una de las primeras muestras de un tipo de cine que causo furor en los años 80 (pero nacida antes, y precisamente con Charles Bronson, protagonista de esta, al frente) y que sería impensable encontrar hoy en día en la muy correcta y autocensurada Hollywood. Los seguidores de gente como Chuck Norris, Steven Seagel, Van Damme, Schwarzenegger, Sylvester Stallone o más recientemente y salvando las distancias Bruce Willis y Jason Statham, pueden reconocer a esta película o en su antecesora, El justiciero de la ciudad, como uno de los pilares de aquel filón ochentero cuya máxima representación fue precisamente la del justiciero (o la del soldado de élite que mata árabes terroristas como aquella Delta force que a fuerza de ser tan irrisoriamente anti-árabe acaba siendo peligrosamente anti-israelita).

Yo soy la justicia

Tachada siempre de cinta fascista, lo cierto es que sin ser una buena película sí que es cuanto menos harto interesante analizarla. Con el británico Michael Winner como director, quien hizo varias obras decentes en las décadas anteriores y fue responsable de The Mechanic, recientemente de actualidad por su remake con Jason Statham, Yo soy la justicia es una cinta tan simple que asusta. Pero aquí tiene uno de los recursos más interesantes que sostendrán todo el metraje y a todas sus secuelas. Tras una breve presentación y tras algunos actos terribles hacia seres queridos, Charles Bronson se enfunda el traje y comienza a cargarse a los responsables. Directo al grano. De hecho, no llevamos ni media hora cuando ya ha ejecutado al cabecilla de la pandilla que asaltó su casa. Y sí, aquí tenemos otro elemento que visto hoy en día, sorprende; la crudeza de algunas imágenes, desde las violaciones a las que asistimos (¿desnudos totales por parte de mujeres en la muy conservadora América de los ochenta de Ronald Reagan?) a la violencia ejercida por nuestro héroe. Porque si hay algo que no se le puede achacar a la cinta es hipocresía o falsedad, no es una de esas cintas donde la violencia ejercida por el prota está enmascarada. Lo curioso es que hasta lo glorifica, pero al menos no lo esconde. Así que tenemos a un Charles Bronson ejecutor, liquidando sin pestañear a gente desarmada y con los brazos en alto en más de una ocasión. La pregunta que surge ante todo esto es si en nuestra actualidad, en la época de lo políticamente correcto, una película como la presente y sus formas serían aceptadas. Y claro que no, porque Yo soy la Justicia es una cinta que rápidamente pondría el grito en el cielo por parte del personal y sería acusada de fascista (de lo que se le lleva acusando 30 años, vaya) por su uso de la violencia. Esa violencia es mala. Es mejor, parece ser, enmascarar los sentimientos primarios, de crear artilugios para llegar a las mismas conclusiones sin pagar el peaje de lo políticamente correcto, de  esconder la violencia y de quitar litros de sangre de por medio y un par de tetas para que sea para acto todos los públicos, aunque el mensaje final sea de hecho el mismo.

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No defiendo la cinta. Tal vez no sea fascista, pero desde luego éticamente es repugnante. Pero va a las claras, se quita la máscara y los adornos que este tipo de pelis suele pagar como peaje y nos muestra una violencia chocante, dura y seca. Las primeras ejecuciones de nuestro “héroe” son auténticos asesinatos a sangre fría, con frases lapidarias y repugnantes que dejan en todo momento a las claras cual es la intención de la obra, que ante la pasividad de los elementos estatales (ya sea el cuerpo de policía como el poder judicial o político) y el desmoronamiento de nuestra sociedad, más vale limpiar las calles por tu cuenta, que la justicia sólo llega mediante la venganza.

¿Fascista? Dudo que fuera la intención de sus responsables, pero sin quererlo, viéndola en los tiempos actuales que nos toca vivir, sí que es una opción presente que nos lleva al fascismo.

La dirección sufre de bipolaridad, regalando algunas buenas escenas de acción y otras deplorables, sobre todo cuando no hay tiros de por medio. La estructura simplona, llegando a cansar. La actuación de Bronson es magistral… si fuese una pared. Las ideas subyacentes dan asco y miedo y la subtrama de la novia es un intento tonto e inútil por crear cierto debate o reflexión ante los actos de nuestro héroe.

Yo soy la justicia

Pero su uso de la violencia es algo que ya no vamos a ver muy a menudo en una sala de cine, o al menos desde Hollywood. No es una violencia tan exagerada que resulte distante, ni está bañada del humor negro de muchos cineastas actuales, ni desde luego lleva consigo una reflexión a lo Haneke (pero sin embargo sí que me da para reflexionar sobre ella): es dura y seca, sin concesiones.

Dentro de todo este filón de cine, siempre recordaré con cariño Cobra (Cobra, el brazo fuerte de la ley, 1986, George Pan Cosmatos), un ejercicio de acción magistral y que sabe mantener el interés en todo momento, algo de lo que adolece a todas luces esta Yo soy la Justicia. El resto de las cintas del mencionado filón, poco a poco fueron marginándose tras una etapa de esplendor y muchas acabaron pagando aquel peaje de mostrar una violencia “positiva”, “buena”, “justa” y «lógica” por parte del bando de los buenos contra el bando de los malvados. Yo soy la justicia, al menos no nos muestra eso, aunque aún así sus intenciones sean, sino defender esa misma violencia, sí que la compartamos sin más reflexión de por medio.

Yo soy la justicia