Vindicare | Nueve semanas y media (Adrian Lyne)

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Acaba de despertar un nuevo y rutinario día en el Nueva York de mediados de los ochenta. El incipiente amanecer hace saltar de sus madrigueras a una extraña fauna de personajes: desde una señora ataviada con una roída bata de andar por casa que saca a pasear a su perro, hasta basureros acostumbrados a trabajar con la inmundicia y los excrementos generados en las grandes urbes cosmopolitas, pasando por los yuppies acicalados con trajes de Armani y perversas ensoñaciones (eróticas, económicas, morales, familiares, laborales, homicidas, culturales…) que acuden raudos a sus estresantes puestos de trabajo para salvaguardar el capitalismo feroz, carente de valores metafísicos o solidarios, en el que se basa el sueño americano.

Como una brisa de aire fresco que perfuma la pestilente jungla en la que se ha convertido la ciudad, brota una ninfa de cabellos rubios llamada Elizabeth. Esta diosa de asombrosa presencia camina entre la muchedumbre conocedora de su deslumbrante presencia.  Marcha con paso firme con dirección a la galería de arte en la que ejerce labores de marchante de arte, aparentando ante sus compañeros de trabajo una feliz existencia causada por la enorme belleza que adorna su cuerpo. ¿Es posible que una princesa tan preciosa pueda estar triste? Pero en realidad la felicidad que demuestra Elizabeth no es más que una máscara impostora que tapa sus más íntimas penas y miserias infundidas por su reciente divorcio, el cual ha convertido a la reina de corazones en un triste espectro que únicamente halla placer en su aburrido trabajo y en las sesiones onanistas que calman la ausencia de esos cunnilingus que apaciguaban su fuego interior.

Pero la rutina existencial en la que se ha convertido la vida de Elizabeth muta súbitamente tras conocer en una tienda de ultramarinos del barrio chino de Manhattan a un broker llamado John, dueño de una mirada cautivadora, elegantemente vestido y perfumado y peinado con un tupé que acanalla su pose. El choque de ambas miradas provoca una explosión atómica de atracción sexual  que prende a la velocidad con la que una chispa de fósforo alimenta la combustión al contacto con la gasolina. La gran ciudad se convierte en un pequeño pañuelo en el que se entrelazan los caminos de John y Elizabeth. Después de un primer contacto desafortunado debido a la excesiva apetencia de John que no es entendida en un principio por una insegura Elizabeth, los profundos deseos de encontrarse, tocarse, penetrarse inducen a derribar las barreras de los convencionalismos sociales, de modo que una vez destruida la muralla de la desconfianza, John y Elizabeth se abandonan a sus instintos más primitivos desatando la excitación degenerada que todos tenemos escondida en el lado oscuro de nuestro cerebro.

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Bajo la apariencia de un responsable y millonario corredor de bolsa John encierra una personalidad auto-destructiva, guiando hacia el cataclismo a todo aquel que ose compartir con él sus perversiones. Así John, un solitario que carece de amistades conocidas y en cuyo armario solo hay lugar para el mismo tipo de ropaje, introducirá a Elizabeth en el mundo del masoquismo y de las artes libidinosas del marqués de Sade, arrastrando de esta manera la existencia de la bella marchante a un universo en el que solo hay lugar para la práctica de sensuales striptease, juegos homo-eróticos en restaurantes de lujo, polvos clandestinos ejecutados en angostos edificios en proceso de demolición, recreos placenteros en los que se comparte la degustación de unas cerezas caramelizadas, pasatiempos de hielo en carne viva (o mejor dicho en teta viva) y fiestas pecaminosas en compañía de una prostituta de los bajos fondos de la ciudad de los rascacielos. La personalidad absorbente y posesiva de John inducirá el lento aislamiento de Elizabeth, que casi sin darse cuenta cae en las pegajosas e inmorales garras de un voraz depredador de almas.

A diferencia del cine de terror gore de casquería fina, el cine de acción de ultra-violencia sádica o los nauseabundos melodramas lacrimógenos,  el cine erótico goza de pocos defensores capaces de alzar la voz frente a una jauría de voceros acomplejados (dicho esto con todo el cariño e ironía que impera en mis comentarios) que no cesan de emitir blasfemas afirmaciones en contra de este estimulante género. Mientras que en los géneros anteriormente mencionados resulta sencillo encontrar una metáfora que arroja una avispada crítica contra la sociedad de nuestra era (si bien yo en la mayoría de las ocasiones soy incapaz de detectar tales observaciones en este tipo de cine), en el erótico sospechosamente no se ve más allá de unas bonitas tetas, de los enroscados y húmedos movimientos de lengua o de los rítmicos meneos pélvicos capaces de acomplejar al más experto en las artes amatorias (únicamente El último tango en París de Bernardo Bertolucci y alguna otra obra puntual como puede ser La mano de Wong Kar-Wai cuentan con el respaldo unánime de crítica y público). Quizás la maniobra de despertar nuestros más íntimos instintos censura la visión del elemento crítico que acompaña a ciertas películas de este género, minusvalorando la excelente técnica cinematográfica que ostentan los grandes clásicos de este género. Siempre he creído que surte más efecto a la hora de lanzar cualquier crítica contra un estamento o injusticia social rodar una escena que muestre al público unos bellos genitales en lugar de filmar una violenta secuencia plagada de balas violentamente lanzadas a través de un colt calibre 45. Resulta cristalino como el agua más pura que la sociedad sigue sin estar preparada para disfrutar con naturalidad de una buena escena erótica, en contraste con el agrado con el que contemplamos un degollamiento salvaje en una cinta gore o a una escena en la que el héroe de acción acribilla a balazos al malvado de turno que pone en peligro nuestro estilo de vida.

He de confesar que no comprendo la cantidad de epítetos negativos que escucho versar continuamente en contra de esta obra de referencia de la cultura de los ochenta. Que si es una película solo apta para pajilleros amantes del videoclip y la música estridente, que si es una obra degenerada y tramposa, que si es un brindis al sol de la obscenidad y el mal gusto, que carece de argumento lógico optando por el mero sensacionalismo moral e ideológico, que si Lyne es un guarro solo interesado por los aspectos pornográficos y sexuales de la sociedad etc etc etc. Puedo entender que ciertos cinéfilos encuentren en esta obra ciertos aspectos que les incite un visceral rechazo a lo que representa (el vicio, el sexo desenfrenado, la sórdida visión de una sociedad que solo se mueve por el sexo y el dinero, etc). Pero de ahí al machaque sistemático carente de argumentos sólidos va un cierto trecho. Porque guste o no, Nueve semanas y media es un perfecto lienzo en el que se reflejan todas las imperfecciones que poblaron esa década de desvarío cultural, económico y moral que fueron los ochenta.

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Porque la película que con pulso firme dirige el británico Adrian Lyne no trata exclusivamente sobre el sexo y las inmorales consecuencias que puede acarrear su uso incontrolado —que también—, sino que para mí la cinta de Lyne lanza una sutil y compleja metáfora sobre el carácter depredador del capitalismo y del propio ser humano expresado en la personalidad destructora de voluntades de John – interpretado por un hipnótico Mickey Rourke en uno de esos papeles que marcan una época-, un individuo sin amigos y sin ganas de relacionarse con el resto de la humanidad que tal como destruye empresas en su trabajo como especulador de títulos valores igualmente se encarga de devastar la aquiescencia de una inocente Elizabeth incapaz de atisbar que ha cruzado su destino con el de un incruento caníbal que la ha adoptado como su principal trofeo.

Y es que si alguien me preguntara que le describiera como fueron los años ochenta, sin duda le indicaría que visualizase este documento histórico que es Nueve semanas y media, dado que a lo largo del discurrir de la epopeya protagonizada por John y Elizabeth se atisban todos los tics y tejemanejes que definieron esta idealizada década. A saber: la des-humanización presente en las grandes urbes que convierten a los hombres que las habitan en meras hormigas trabajadoras que agotan su existencia entretenidos en trabajos que enriquecen a las grandes corporaciones multinacionales sin que ello depare una satisfacción interior en el alienado trabajador, la presencia del sexo como motor que mueve las relaciones humanas (sexo sin condón, desaforado, irracional generador de enfermedades venéreas para las que no está preparada la inconsciente sociedad ochentera), unas relaciones basadas en las apariencias en un ambiente de salvaje capitalismo generador de miserias económicas y morales y finalmente la descripción de una sociedad borracha de su falso éxito despilfarradora y corto-placista que dio lugar a la denominada cultura del pelotazo en la que cualquier referencia al esfuerzo genera unas ardientes nauseas. Nos guste o no esto es lo que realmente fueron los ochenta por lo que no encuentro ninguna película que describa con tanto acierto esa atmósfera de demolición y depravación moral como la cinta de Lyne.

Desde el punto de vista de la concepción cinematográfica, igualmente Nueve semanas y media ocupa un puesto privilegiado entre las películas que modificaron los esquemas de ilustrar el arte cinematográfico. Es de sobra conocido que los ochenta significaron una transformación en la forma de concebir la captación de imágenes y en los paradigmas de narración, de forma que a partir de entonces se hace notar la influencia de la MTV en la noción fotográfica, adoptando los esquemas de los video clips que saturaban las pantallas televisivas. Cierto es que nos topamos con una fotografía próxima al video musical, pero no solo la fotografía, sino que en la narración juega un papel primordial la constante presencia de la música techno pop que sirve de instrumento acompañante en el discurrir de la historia. El cine abandona el realismo para irradiar irrealidad respaldándose en una iluminación ficticia que busca hipnotizar al espectador incluso a través de la planificación de las escenas de sexo que parecen arrancadas de los calenturientos sueños de un paciente de Freud. Las drogas y la irreflexión presente convierten a la vida en un paso tan efímero como los videoclips que plagan los programas televisivos juveniles. Esta ocultación lisérgica de la realidad por medio de impactos impresionistas se percibe profundamente relacionada con la forma de interpretar  la vida que triunfaba en los ochenta: sexo, drogas y música techno pop.

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Musicalmente hablando Nueve semanas y media es sin duda una de las mejores bandas sonoras de los ochenta en la que no solo localizamos grandes éxitos del techno pop como el Euroasian eyes de Corey Hart, el I do what I do de John Taylor, el  Best is yet to come de Luba o el This city neves sleeps de Eurythmics, sino que atinamos a escuchar temas del pop más cool de la mano de Bryan Ferry y su Slave to love para culminar con el legendario y caliente tema blues/jazz de Joe Cocker You can leave your hat on, una pieza imprescindible en cualquier ejercicio profesional o amateur de desprendimiento de ropa.

No hace falta reseñar que la explosiva pareja integrada por Kim Basinger y Mickey Rourke desborda la pantalla de pasión segregando química como nunca ha generado una pareja en el cine. Sus miradas, sus contactos, su animal forma de interactuar elevan la temperatura ambiente provocando un sudor caliente que abre el apetito sexual incluso a los animales más sumisos. Asimismo forman parte del imaginario cultural —no solo cinematográfico— las famosas escenas del striptease acompañado por la sugerente You can leave your hat on de Joe Cocker e igualmente la escena gastronómica en la que unos desinhibidos Rourke y Basinger no dudan en compartir sus labios colmados de alimentos carnosos para dar envidia al personal, escena del mismo modo adornada con la sensual melodía Bread and Butter de Devo.

Puede que las líneas que he escrito en defensa de esta película que tanto me gusta se deban únicamente al éxtasis personal que me provoca el visionado de esta cinta, quizás motivado por el hecho de haber contemplado esta maravillosa pieza de arte pop en mi más tierna infancia, lo cual seguramente haya influido para exagerar mi apreciación personal. No obstante creo que una vez liberada mi más que infundada parcialidad, queda ante el aficionado un himno generacional que explica con un determinante cinismo la alocada y despreocupada forma de ver la vida que dominaba aquellos años en los que triunfaban Mecano, Alphaville, Spandau Ballet y el desenfreno irracional e inconsciente.

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2 Comments

  1. day wrote:

    queria dejar un comentario,para decir que por favor no te excuses al final! jaja… el resto de tu review es de lo mejor que he leido.de hecho venia leyendo otras por la web y me estaba frustrando ya la cantidad de gente que o da por sentado qu es malisima y no tiene reparos hasta el punto de reirse de todo(forma en que fue filmada,plot,director,actores,banda sonora,dicen que paso de moda porque el soundtrack suena ochentoso,como va a sonar si es de los ochenta? gente!).las criticas mas usuales son que le falta plot(que no es asi porq se trata de un estudio de personaje,ese es el plot),que el sexo es mas bien light(a decir verdad yo estoy viendo en las peliculas actuales el sexo presentado de una manera tan “directa” pero no realista que me deja hecha un hielo!,ademas q se suele usar para llamar la atencion,o como relleno de la vida diaria de los personajes,lo contrario de este film donde el estudio de caracter tambien se muestra a travez de sus encuentros sexuales).la fotografia me parece de lo mejor que he visto y tambien otra vez el plot se deja ver en cada detalle,como lei por ahi que la camara enfoca tres pezcados en tres oportunidades diferentes,las dos primeras es un pez fuera del agua que se nota que “sufre” por lo mismo, y en la ultima la muchedumbre en la exhibicion de arte se da un festin con el “pez fuera del agua”, que estarian representando posiblemente al artista,john y elizabeth(lo que me parece ambiguo aca es quienes son los que se alimentan de sus huesos, por decirlo de alguna manera,pero creo q seria la sociedad con sus represiones,normas y excesos,pero se me ocurren otras ideas que tengo menos desarrolladas)..y debo decir q uno de los puntos mas importantes de la pelicula me parece que son los multiples subplots,y distintos desarrollos del tema principal que podemos ambiguamente deducir de todas estas metaforas.. por suerte,y esto en serio yo lo veo como una virtud si hablamos de cine como arte.. esta no es una pelicula para evangelizar(hay gente que cree que el final es una decision moral que toma elizabeth como que elige “una relacion mas personal” y su propia dignidad por encima del sexo ocacional,o tambien en este caso semi-sadomasoquista,pero yo creo que considerando los varios motivos que llevan a la separacion el unico punto que quiere dejar en claro el final es una mujer decidiendo por si misma lo que quiere y en el momento en que lo quiere,yo no creo q a la protagonista la quieran mostrar como arrepentida o como que se ha vuelto a encaminar sino que ha aprendido a ser quien es y que las cosas por mas lindas que parezcan no duran para siempre porque al final todo incluso la vida misma es efimera,solo queda disfrutrar sus momentos,que separados cada uno puede ser un instante de perfeccion como elizabeth le comenta al artista sobre su facinacion por sus trabajos.y volviendo al tema de la ambiguedad,la pelicula da para hablar sobre lo que vos haces referencia sobre la vida en los ochenta,sobre (como lei por ahi) la exageracion de los estereotipos de masculinidad y femeninidad marcados en la estetica de sus ropas,departamente y trabajos,asi como tambien de la relacion de poder basica y fundamental que se da en todo tipo de relacion humana no solo de pareja y no solo en relaciones de dominacion y sumision,y que se hace mas directamente perceptible en el acto sexual,la relacion biologica entre placer y dolor,la soledad en las grandes ciudades o directamente en la singular mente de individuos mas avispados(como yo creo que eran estos dos,de hecho por eso creo que conectan,mientras los demas estan en el frenesi ochentoso creyendose su felicidad,estos dos saben que a su vida les falto algo,llegan a ser concientes de eso,y yo creo que en la pelicula por eso terminan relacionandose y usando el sexo como medio de llegar a sensaciones que los hagan sentirse vivos al fin) que se encuntran aislados en este enjambre social( que ya no es solo ochentoso sino mas bien,un sentimiento universal mas alla de las epocas),el rompimiento de convenciones sociales que se meten hasta en nuestra habitacion en el modo en que estos dos personajes confian en el otro y yo esto lo veo hasta en la parte en que john dice no querer conocer a los amigos de elizabeth,porque si bien a lo largo de la pelicula se deja ver que ella quiere saber mas de la vida de john,me parece que ella en ese momento lo invita solo por inercia siguiendo costumbres sociales,y lo que el dice lo veo mas como la realidad:no, no le importa conocer a sus amigos porque sale con ella y no con un grupo de gente,con las que ademas considerando su trabajo no debe tener ganas de lidiar.ah por ultimo otras dos cosas que vi como positivas es que cuando ella lo ve rumbo al trabajo y decide pasar a verlo,muchas mujeres nunca toman la iniciativa de nada en una relacion y pienso que en estos tiempos de mas igualdad podriamos romper tambien ese molde cultural que establece que los hombres deben hacer todo el trabajo y el hecho de que ella vaya lo veo como parte de su caracter de segura, no ya una niñita preguntandose me quiere no me quire,quiere algo,va y lo hace.y por otro lado, la total libertad que el le da de no seguirlo en los juegos y cortar si ya no le gustan,aunque parezca cohercitivo no lo es.. el busca una relacion asi y es lo que tiene para ofrecer y lo deja en claro,si a ella no le gusta puede dejarlo,el no va a tratar de presionarla y menos con artimañas del estilo: te amo,no volvere a actuar asi,etc para luego no cumplir con lo prometido.el personaje de john es claro,sincero y confiable en ese punto.saludos!

    • Rubén Redondo wrote:

      Qué gran comentario. Es una reseña más que un comentario. Agradezco que hayas incluido la misma en la web. Como bien dices la película crea por lo general más recelos que alabanzas. Creo que en parte se debe a que seguimos siendo un poco hipócritas con referencia al sexo: sigue existiendo el tabú para cierta gente que no puede aceptar que una historia cargada de crítica y denuncia centre su espina dorsal alrededor del sexo. La película fue y sigue siendo un retrato perfecto de los años ochenta y todos los fantasmas y monstruos soterrados que existieron en esa época y en la actualidad como bien dices también. La soledad, el miedo a experimentar juegos desconocidos, el amor incomprensible más allá de convencionalismos, la individualidad… Una obra genial que quien no la quiera disfrutar… allá él. Un saludo!

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