Un toque de violencia (Jia Zhang Ke)

Hay películas que tienen el curioso poder de atraparte desde la primera escena, ya sea por estar muy bien filmada, por resultar sorprendente o, mucho más simple, porque sea algo que te impresione. Como por ejemplo, cuando un hombre de mediana edad, ataviado con una gorra de los Chicago Bulls, va en moto por una carretera china y de repente es rodeado por tres ladrones ataviados con armas que le “solicitan” su dinero. La clara indefensión del hombrecillo hace pensar que acabará sin dinero, sin moto e incluso sin ropa, pero inmediatamente algo cambia y el teórico vencido pasa a ser el vencedor. En un parpadeo fulmina a sus tres adversarios, arranca la moto y tira millas como si nada hubiera pasado, cruzándose en su camino con un hombre que porta una gabardina marrón y que inmediatamente reconocemos por ser el personaje que aparece en el cartel de la película.

Una vez terminada de ver Un toque de violencia (Tian zhu ding), la última película del alabado cineasta chino Jia Zhang Ke, es fácil darse cuenta de que esa primera escena resume perfectamente lo que nos podemos encontrar en los 130 minutos de cinta. Y eso no es únicamente violencia, como algunos podrían pensar tras ver el título de la película y echando un poco la vista atrás a otros productos que han llegado desde el lejano oriente. Sí, es verdad que la esencia de la obra es retratar una sociedad venida a menos en cuanto a su moralidad, fruto de la evolución económica del país chino que está ampliando la barrera entre ricos y pobres, y que éstos no tienen más remedio que recurrir a ciertos actos violentos para hacerse notar, pero el tratamiento de la violencia en esta película dista bastante de ser gratuito o desagradable, ni siquiera en plan fanservice (salvo cierta escena en el recinto hotelero), sino necesario y acorde a lo que se quiere contar.

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La película sigue ese peculiar esquema de historias cruzadas, que a menudo resulta tan gratificante como frustrante, en el sentido de que es un recurso que aporta más variedad a la obra pero que tiene la desventaja de perder de vista a algún personaje al que le pudieras haber tomado cariño. Sin embargo, es evidente que en este caso no había otra forma de filmar esta historia (recordemos aquí que el guión proviene de una novela de Su Tong) que echando mano de cuatro personajes bastante diferentes en cuanto a su personalidad pero cuyo hastío respecto de la gente con más poder es muy similar. Especialmente interesante es la historia de Dahai, al que hacíamos referencia anteriormente por ser la imagen promocional de la película y que es encarnado por Jiang Wu. Dahai es un minero de un modesto pueblo chino que está cansado de la corrupción entre  los jefes de la localidad. Insiste una y otra vez a sus conciudadanos para que se unan a él, trata incluso de buscar ayuda en Pekín, pero una vez que sus esfuerzos caen en saco roto, tiene que cambiar de estrategia. Su relato está bastante bien complementado con los otros tres, siendo más típico pero no menos atractivo el que se hace de Xiaoyu, recepcionista en una sauna-hotel y que también aúna buena parte del espíritu de la obra.

Pese a ser por razones obvias una película centrada en el desarrollo de sus personajes, Un toque de violencia no muestra ningún signo de flaqueza al mostrarnos los diferentes parajes de China, tanto por la limpia fotografía escogida para tal menester como por el contraste que se establece entre unas zonas y otras, sobre todo con la dualidad campo-ciudad que adquiere una especial relevancia en ese país, si tenemos en cuenta tanto el marco histórico como el actual, en medio de ese cambio de escenario social que señala perfectamente la película. Hay que insistir en este punto porque realmente la película va más allá de lo que nos ofrecen las imágenes, y si bien la obra no pierde un ápice en su vena más lúdica, es necesario dejar claro que tampoco estamos ante una película centrada única y exclusivamente en la violencia por mucho que ciertas escenas puedan hacer pensar lo contrario.

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No se puede añadir mucho más sin caer en el terreno del spoiler, así que basta con concluir que Un toque de violencia es una buena y más que recomendable película tanto en el sentido puramente cinematográfico como por el lienzo que pinta sobre un país inmerso en los prolegómenos de una revolución social que esperemos no lleve implícita una escalada de violencia. Aunque, como bien analiza la obra de Jia Zhang Ke, la realidad es la que es y por mucho que ciertas personas quieran escapar a ella, acaba siendo imposible.

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