Sesión doble: Nordvest (2013) / Wolf (2013)

Los bajos fondos llegan a nuestra sesión doble con dos títulos actuales que continúan poniendo en debate los límites del ‹neo-noir›, ambos debuts, el primero (en solitario) del danés Michael Noer con su Nordvest, llevándonos a los entresijos de los barrios bajos daneses, y el segundo del neerlandés Jim Taihuttu con una Wolf que bebe de la esencia de algunos de los clásicos del género.

 

Nordvest (Michael Noer)

Los bajos fondos siempre han sido un terreno fértil para desarrollar los vericuetos de un género, el ‹noir›, que ha ido tomando consciencia y, en especial, adaptándose a las nuevas formas y las nuevas texturas de un universo en constante cambio: así, aquello que antes eran gánsteres de poca monta en ascensión que terminaban cambiando su atuendo de días laborables por elegantes trajes y sombreros, ha derivado en chavales de barrios marginales enfundados en chándales de marca cuyo único sustento es delinquir y robar imponiendo su amenazante mirada, algo que ha tomado desde tintes más cómicos (véase la fabulosa y recomendable El mundo es tuyo de Romain Gavras) a una aspereza que Michael Noer (quien anteriormente ya había rodado R con Tobias Lindholm) no sólo explicita por momentos en su primer largometraje en solitario, esta Nordvest, además convierte en un tono, como si fuese un estado perpetuo en el que convivir no únicamente con las propias decisiones, asimismo con la circunstancia de un entorno social no del todo favorable.

Sin embargo, Nordvest no indaga en las causas: el cineasta danés se dedica a realizar un retrato que la mayor parte del tiempo se siente palpable, y no tanto por cómo expresa los vericuetos familiares del joven protagonista, Caspar, o la forma en como este induce a su hermano a sumergirse de pleno en ese sub-mundo, sino por esa imagen vivaz y directa de un universo en el que todo son condicionantes e incluso no dar señales de vida puede ser un modo de alertar a un presunto superior que te ofrece encargos de vez en cuando.

Noer arma así un film por momentos afilado como el filo de una navaja, donde una cámara en mano que se mece al ritmo de sus bamboleantes cuerpos toma partido haciéndonos partícipe de cualquier pequeña acción e inmiscuyéndonos en todos los rincones, por desapercibidos que puedan pasar, imprimiendo una sequedad que se aferra a la ausencia casi total de banda sonora: solo las fiestas nocturnas a las que accede Caspar rompen esa asepsia que incluso en ocasiones desplazan los disparos o las persecuciones.

Nordvest nos sume en un universo que no ofrece tregua, y que si bien se aferra a las convenciones narrativas sobre el (supuesto) auge y caída —aquí tan indivisibles de su condición, debido al propio contexto al que están sujetas ambas palabras, que casi se antojan insignificantes— de un personaje que buscará escalar en su estatus, para el caso simple y llanamente como forma de mejorar una situación vital que se antoja un tanto desalentadora por más que en el pequeño microcosmos familiar el protagonista encuentre pequeños instantes de sosiego, tiene muy claros sus objetivos, que no estriban sino en construir una crónica desalentadora desde los parámetros de un thriller que no cede ante los conatos de violencia que pudieran pervivir en ese mundo criminal. De hecho, Noer aparta inteligentemente las situaciones más violentas —como en ese último plano que bien podría glosar la tenacidad con que el cineasta afronta la película— dando paso a una exposición, si bien cruenta, un tanto más humana de lo que se podría esperar dado el contexto, haciendo de Nordvest una de esas piezas a tener en cuenta siempre que se quiera continuar indagando en las extensiones de un género que, de un modo u otro, aún pervive con fuerza en nuestro presente.

Escrito por Rubén Collazos

 

Wolf (Jim Taihuttu)

Wolf, el segundo largometraje del neerlandés Jim Taihuttu, es un drama criminal en el que seguimos las andanzas de Majid, un joven violento y temperamental que vive en un barrio conflictivo de Utrecht. Acaba de salir de la cárcel en régimen de libertad condicional y necesita mantener un perfil alejado de sus hábitos anteriores, pero vuelve de manera casi natural a la delincuencia junto a su mejor amigo y compañero de fechorías, Adil. Lidiando con el repudio de su padre y la cada vez más complicada relación con su familia, así como con la enfermedad terminal de un viejo amigo, la vida de Majid no parece tener ninguna salida fácil; hasta que un día se le presenta la oportunidad de progresar a través de su talento para el kickboxing.

Pero Majid no es una persona con la cabeza fría, capaz de tomar decisiones inteligentes. Una y otra vez va a tropezar con la misma piedra, condenado a vivir la emoción del momento, regresando a sus andadas criminales e incluso obstaculizando en buena parte la carrera deportiva que le podría alejar de todo ello. Su multitud de defectos —su violencia desmedida, sus celos patológicos— y su rabia acumulada contra lo que le rodea hacen de él un tipo peligroso, que vaga eternamente al margen de la ley y que se siente más cómodo participando de todo tipo de robos y asaltos con su mejor amigo. De este modo, la cinta deja preparada una suerte de camino a la redención para él; pero pasará mucho tiempo hasta que la idea comience a tomar forma, porque su protagonista no es, en términos clásicos, una buena persona; es decir, no quiere, no pretende y no busca redimirse. Para él la delincuencia, la intimidación violenta y las palizas son una forma de vida plenamente naturalizada. Si acaso, su interés en el deporte es principalmente económico; al principio como un mero complemento a sus otras actividades, más tarde tomando forma como una posible vía de escape de las mismas, a medida que las consecuencias de su forma de vida comienzan a desbordarle.

De estructura clásica y sin innovar demasiado ni en contenido ni en forma, incluido un blanco y negro que ya parece un sello de distinción estilística del subgénero bastante socorrido, Wolf es un drama criminal al uso, en el que cada paso sigue una lógica que se siente ya explorada anteriormente. Pero no es la novedad lo que busca esta película y no la necesita para atrapar y encandilar. Es su pulso narrativo sólido y su destreza en el uso de los giros y golpes de efecto dramáticos lo que termina haciendo de ella una experiencia más que recomendable. Y, sobre todo, es la magistral interpretación de Marwan Kenzari, un actor capaz de transmitir al mismo tiempo la rudeza inescrutable y antipática de Majid y la emoción vulnerable y desesperada que parece a punto de generarle un quiebre traumático; configurando un personaje que es un clásico “chico malo”, intimidante y violento, pero que en su expresión, en algún punto de esa fachada, esconde una fragilidad cercana y empática.

La ejecución contundente y hábil de sus elementos, la progresiva tensión dramática de los actos criminales del protagonista, y el fatalismo derivado de su nula capacidad para sentarse a reflexionar y tomar decisiones que realmente le beneficien y ayuden a salir del pozo, generan una narrativa muy atractiva, que atrapa de principio a fin. No se siente que esté contando algo nuevo o un giro de tuerca que proporcione otra perspectiva a este tipo de historias; pero al fin y al cabo no requiere de ello, porque lo que cuenta aquí es la enorme convicción con la que lo hace.

Escrito por Javier Abarca

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *