Red Army (Gabe Polsky)

Cualquiera que posea mínimas nociones sobre el hockey sobre hielo, se dará cuenta de que es uno de los deportes colectivos más atractivos que existen. La cima internacional a nivel competitivo se encuentra en la NHL, la liga profesional de Norteamérica; más o menos como sucede con el baloncesto y la NBA, el sueño de todo jugador del mundo es formar parte de esa competición. Pero, como sucede también en otros deportes, aunque la mejor liga del mundo sea norteamericana, eso no significa que los mejores jugadores provengan de allí. Al contrario, si existió alguna vez una escuadra que se pudiera calificar como “mejor equipo del mundo”, se encontraba en la Unión Soviética de los 80.

Red Army es un documental a cargo del estadounidense de origen ruso Gabe Polsky, que pretende narrar el auge del hockey sobre hielo en la URSS y su evolución hasta la desaparición del Telón de Acero a través del quinteto que revolucionó este deporte, los que serían conocidos como «Russian Five»: Vladimir Krutov, Igor Larionov, Sergei Makarov, Alexei Kasatonov y, por encima de ellos, Viacheslav Fetisov, alma máter del equipo y protagonista de este documental. En efecto, la obra tiene como indiscutible eje la figura de uno de los más importantes jugadores de hockey que haya habido en la historia, ya no sólo por su calidad en la pista sino por lo que significó a nivel sociopolítico.

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La cinta nos desgrana los comienzos de Fetisov en el deporte y, por extensión, el germen del que sería un equipo de leyenda. Una evolución que siguió los pasos del país, desde el orden de los 60 y los 70 pasando por la crisis de los 80 hasta acabar en Gorbachov y el derrumbe definitivo del bloque soviético. Pero Polsky no pretende dedicarse a hacer política, sino que se centra en el desarrollo del mencionado equipo. Para que alguien lo entienda, la URSS en los años 80 era al hockey algo muy parecido a lo que recientemente vimos con el Barça de Pep Guardiola en el fútbol: unos hombres que se compenetraban de maravilla, que mascaban la jugada con virguerías y pases frente a la portería dejando atónitos a los rivales hasta que alguno decidía anotarse el tanto, un grupo que evitaba el contacto físico y se dedicaba exclusivamente a practicar el deporte de la manera más bella posible. Eso sí, la diferencia entre ambos equipos a nivel de dominio es apabullante, ya que la hegemonía de ese dream team soviético en el hockey duró una década.

Sin embargo, es inevitable para Polsky mencionar el peso que la esfera política tuvo sobre el deporte. En esa época, era muy goloso disfrutar de cualquier apartado que significara una victoria sobre el otro bloque, por muy apartado del terreno militar que estuviese. El KGB pronto se metió en el hockey hasta llegar al banquillo, lo que endureció sobremanera las condiciones de vida de los integrantes del equipo hasta provocar mucha división entre un grupo que parecía cohesionado hasta la muerte.

A nivel cinematográfico, Red Army se nutre de muchos recursos documentalistas que enriquecen su calidad. Combina entrevistas a protagonistas que vivieron la acción de cerca (jugadores, entrenadores, familiares, periodistas, hasta un ex miembro del KGB) con muy buen material de archivo (sospecho que con alguna reconstrucción de por medio, lo cual no le quita un ápice de validez) y algún recurso visual copiando la estética tradicional rusa. El resultado final se merece una ovación, ya que Polsky sabe armonizar todos esos elementos para que la historia avance de forma certera, sin que ningún espectador se pueda perder por el camino por mucho desconocimiento del hockey que tenga, con momentos de risa y momentos de emoción, que enseña a la vez que entretiene, con un valor histórico considerable.

Antes de ver Red Army, parecía que los 76 minutos se iban a quedar muy cortos. Pero Polsky sabe sintetizar todo su material de tal manera que el metraje se puede calificar como óptimo. No hay ningún instante de receso, en todo momento se palpa que la narración evoluciona. Parecía tan fácil para cualquier amante del deporte quedarse prendado de este documental que la línea entre complacencia y decepción era muy fina, pero finalmente se termina confirmando como un trabajo más que satisfactorio. Por supuesto, también es recomendable para aquellos que no disfrutan tanto viendo deporte, ya que la historia de cómo unos hombres supieron extraer belleza de un país que sólo les otorgaba oscurantismo trasciende cualquier consideración deportiva.

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