Pablo Trapero a examen. Crítica de Mundo Grúa | Cine maldito

Pablo Trapero… a examen (II)

Pablo Trapero es uno de los más reconocidos cineastas argentinos. Al inicio de su carrera, se caracterizó por abordar realidades cotidianas de las clases bajas o desposeídas de su país. Luego, optó por adentrarse en otros géneros como la comedia, el thriller y dramas sociales.

En su primera etapa, en un intento por encontrar un estilo cinematográfico que le diera identidad propia, generó un par de relatos cortos para adentrarse en el día a día de personajes comunes y corrientes de una familia o de una sociedad. Una de estas realizaciones fue Negocios, en 1995, cinta que dio las pautas a Trapero para sustentar su concepción fílmica y emprender en 1999 su primer largometraje Mundo Grúa para mostrar, más a fondo, las costumbres de vida de una persona de clase popular cuya gran preocupación es encontrar un “laburo” estable.

Mundo Grúa se centra en la historia de Rulo, un personaje ya entrado en años como tantos puede haber en la urbe baja de Buenos Aires. Conoce sobre el funcionamiento de algunas máquinas y anhela encontrar un trabajo manejando grúas en una construcción, pero un médico le detecta una enfermedad que impide que lo contraten así que le tocará migrar al interior de su país, a un lugar que no le exijan requisitos sobre su salud.

Esta película emerge como uno de los grandes ejemplos de lo que se denominó, en su momento, el Nuevo Cine Argentino que asumió como una de sus características la ruptura con la estética fílmica tradicional, tanto en lo técnico como en lo temático, y se adentró en aspectos relacionados con el realismo social.

En el caso de Mundo Grúa, elementos tan cotidianos como ver televisión, comer con una persona y conversar, rescatar objetos embodegados, conducir un vehículo, regar plantas o hablar por teléfono con un familiar adquieren un significado esencial en la construcción de la historia porque son parte de ese grupo de cosas que conforman el entorno e inciden en la personalidad de una persona y en su cosmovisión.

Fiel a los códigos establecidos por la corriente del neorrealismo, este filme está direccionado en enseñar una serie de hechos tal como son en la realidad, ubicarlos en un contexto sociológico general y evitar tener un hilo conductor narrativo rígido o estructurado.

En el campo actoral, Pablo Trapero mantiene los mismos postulados y ubica a personajes salidos de las propias entrañas de las clases bajas de una ciudad. Es así que el actor que hace las veces de Rulo, Luis Margani, no hace más que interpretarse a sí mismo, pues en la vida real fue un electricista de autos y músico de una banda de rock. De este modo, el actor no profesional interactúa con su propia gente, mantiene su manera de ser y su aspecto físico para sostener un concepto fílmico preestablecido.

Dentro del argumento de la película, se aprecia el quiebre psicológico que puede ocasionar la alteración de una rutina de vida. Cuando Rulo se aleja de su casa a otra ciudad para poder trabajar, los códigos que conformaban su entorno doméstico ya no existen. Tendrá que compartir habitación con muchos de sus compañeros, a veces no habrá comida, ya no puede ver sus programas televisivos, ni cortejar a la dueña de una tienda con la cual pensaba formalizar alguna relación. Paradójicamente, su retorno no contribuirá a su estabilidad emocional pues la situación de falta de trabajo lo afectará.

Trapero sustenta también su deseo de llegar al realismo fílmico con esta película, al dotar a la imagen de una fotografía cruda en su tonalidad de blanco y negro y con constantes movimientos de cámara que pueden captar cualquier ángulo de las escenas. El sonido ambiental también es eficaz para englobar una estética cinematográfica que se asemeje a un documental.

No hay un final concreto en Mundo Grúa, como buen ejemplo del realismo cinematográfico dejará que éste sea abierto y contribuya a la reflexión del espectador sobre la situación social en la que vive Rulo, su hijo que no trabaja, su tradicionalista madre, su novia, sus amigos, sus compañeros, en definitiva, toda la gente que compone un espacio en una urbe que, en esa época, se debatía en la pobreza, el desempleo y la crisis social.

A partir de este filme, muy bien receptado por la crítica, Pablo Trapero evolucionará en su técnica y empezará a ser reconocido no solo en Argentina sino en el resto de Iberoamérica.



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