Noche (Leonardo Brzezicki)

¿Tuvieron la suerte de escuchar a Andrés Montes? Aquel locutor que tanta emoción llegó a transmitir con sus comentarios tenía el don de definir estilos de una forma tan gráfica como hilarante.

A mí siempre me pareció que los motes de Montes podían aplicarse a la vida. Y cuando el otro día tuve la oportunidad de ver Noche, lo primero que se me vino a la mente fueron aquellos jugadores que el comentarista llamaba “el club se dejaba llevar”. Esos tipos que con talento y calidad para aburrir, defraudaban en cierta forma pese a sus buenos números porque les faltaba actitud, garra, voracidad.

Ese club, formado por míticos como Derrick Coleman, Chris Laettner o Michael Olowokandi tiene ya un nuevo miembro: Leonardo Brzezicki. El director argentino ultima su opera prima y nos deja con un sabor agridulce. Y no es porque sea una mala película, todo lo contrario. Es porque con el potencial del guión y la maestría que demuestra el cineasta detrás de la cámara nos queda la sensación de que la cinta podría ser mucho, muchísimo más potente.

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La premisa de la que se parte es tan sencilla como inquietante: seis personas se reúnen en una especie de finca rural para dedicar un particular homenaje a un amigo común de todos ellos que se ha suicidado. Los personajes, que tienen un distinto grado de relación con el fallecido y, en ocasiones, tienen sus propias relaciones entre ellos, que se modifican en un momento de estupor como es el período de duelo.

El caso es que Brzezicki enmarca toda esta historia en un territorio campestre y juega mucho con la luz y el sonido, a toda luz recursos técnicos. En el primer caso, las imágenes, que en muchas ocasiones aprovechan la iluminación natural y una soberbia dirección fotográfica, aprovechando mucho la belleza de los paisajes exteriores, y lo pequeños que se ven los actores en ellos, haciendo gala de un cuidado minucioso en cada secuencia, muy al estilo de El aura, de Bielinsky.

O no. Porque ya hemos dicho que el segundo pilar de la película tiene que ver con el apartado sonoro. Y es que la particularidad del amigo que elige acabar con su vida es que se dedica a realizar grabaciones. Momentos cotidianos, sonidos de su día a día que le llaman la atención. Descubrimos, poco a poco, que los amigos se han reunido en ese lugar precisamente para escuchar las últimas grabaciones dejadas por su amigo, que se suicidó allí. Por tanto tendremos continuamente de fondo las grabaciones de Miguel, que así se llama el difunto, para intentar aportar un poco de luz a su suicidio.

No siempre serán las cintas grabadas, pero esto cristaliza en que el sonido tiene también una parte fundamental. Tendremos que estar tan atentos a lo que veamos como a lo que escuchemos (Un consejo particular: que nada se escape en las escenas dominadas por la música) para no perdernos ni un detalle.

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Pero a estas dos patas tan bien construidas les falta una tercera para completar el trípode: el propio guión. La historia. Una narración como es el suicidio de un veinteañero y el misterio que lo acompaña. El tratar de comprender el por qué mediante su propio legado sonoro. Una trama que ya de por sí es oscura, el director argentino se empeña en hacerla aun más opaca.

No hay prácticamente contextualización sobre los personajes, que se mantienen planos gran parte del largometraje, como si fuesen una parte más del paisaje. Si bien es cierto que está muy conseguido el efecto de cómo cada uno vive el dolor de la pérdida a su manera no hay una evolución, un crecimiento, un significado. Ellos también se limitan a escuchar, y echamos de menos una mayor implicación.

Al final los planos se funden unos con otros, literal y metafóricamente. Este recurso, el favorito del director, se puede aplicar también a su libreto. Si no fuese por pequeños detalles, las secuencias que nos presenta podrían ir casi en paralelo en lugar de ser lineales.

Y ese fallo, el no armar el tercer trípode para hacer un auténtico peliculón dejan a Noche tan solo como una película interesante y hacen que el espectador, al encenderse las luces, suspire mientras dice “Se dejaba llevar”.

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