Bolivia (Adrián Caetano)

Bolivia

Si algo caracteriza el cine sudamericano es su notoria connotación política y social. Esto no es la excepción en la película argentina Bolivia, dirigida por Adrián Caetano, pues allí se realiza una dura descripción de la discriminación y la xenofobia.

Caetano traza un filme sencillo y, a su vez, espléndido, pese a estar producido en formato de 16mm y en blanco y negro, debido a su bajo presupuesto. Su argumento enfoca a un inmigrante ilegal boliviano (Freddy) que encuentra trabajando de parrillero en un bar común y corriente de Buenos Aires, a donde acuden personajes —igualmente comunes y corrientes— a contar u olvidar sus problemas.

En el filme se puede apreciar que el director uruguayo se ciñe a un proceso de rodaje en donde deja que la historia fluya por sí misma, pues las conclusiones resultaban ser obvias y solo había que colocarlas en un contexto determinado. En este sentido, la película se limita a mostrar hechos cotidianos que suceden en un mismo espacio, sea que éstos abarquen al dueño del negocio, a sus empleados o a sus clientes.

Aparentemente, Bolivia debería concentrarse en la historia del inmigrante, pero evita caer en un centralismo protagónico, y da su atención a cualquier aspecto llamativo que surja de las conversaciones de los actores que intervienen en este filme que, por cierto, son pocos pero suficientes para configurar un mensaje crítico.

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Hábilmente, Caetano juega con el rol del personaje de Freddy y, en ocasiones, lo coloca en un nivel secundario, intentando crear un parangón con la realidad de un extranjero ilegal, a la que éste prefiere mantenerla oculta. Serán determinados hechos simples los que pondrán al descubierto el desprecio y la discriminación hacia él.

La película es una especie de experimento neorrealista, la mayoría de actores no son profesionales y esto les permite, con una adecuada dirección, ser más convincentes en sus representaciones, pues no saben de sobreactuación o interpretación forzosa para dar más dramatismo a alguna escena, simplemente son naturales en su expresividad. Una muestra de esto es cuando Freddy se logra comunicar telefónicamente con su familia en Bolivia y la cámara tratará, con un zoom hacia su rostro, de encontrar esa emoción del momento, pero será incapaz de captarla, confirmando que el sufrimiento de un inmigrante sin derechos es interno y que en su semblante y voz solo dejará notar una especie de resignación, mezclada con resistencia y rebeldía.

El filme se presta para hacer una disección completa en aspectos costumbristas y sociológicos, no sólo de la situación de los trabajadores foráneos ilegales, sino de los propios habitantes del país anhelado por ellos, y que también tienen problemas, la mayoría relacionado con lo económico y lo sentimental. Escenas, personajes o diálogos de Bolivia resultan así ser muy útiles para explicar determinadas conductas.

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En este filme se muestra que la dificultad de convivencia para un inmigrante no sólo se da por su raza u origen, sino también por su género. Así, el personaje de Rosa, compañera de labores de Freddy, se verá envuelto en continuos hostigamientos por su condición de mujer extranjera, será difícil no relacionar las miradas y palabras que se dirijan a ella con la idea de que es un objeto sexual.

Además, la cinta no se olvida de enfocar, aunque sea fugazmente, a otro símbolo de sectores discriminados: un joven desempleado (Héctor) que acude al bar buscando alguna oportunidad laboral, pero que por su condición de homosexual será visto de mala manera.

Al inicio de la película se ensaya una analogía de situaciones cuando se muestran imágenes reales de un partido de fútbol donde la selección de Argentina se encuentra derrotando a la de Bolivia, y el relator del encuentro afirma que el equipo del altiplano está desesperado y desorientado; es decir, de entrada se advierte la situación en la que estará el inmigrante boliviano en el resto del filme.

En conclusión, Bolivia, que usa la imponente música de Los Kjarkas como sustento sonoro, nos muestra a esos seres olvidados y excluidos, y que ni siquiera un desenlace fatal los reinvindicará ante una sociedad excluyente, cualquiera que esta sea, pues la situación de Freddy, Rosa y Héctor es un ejemplo generalizado y aplicable a muchas partes del mundo.

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