Ninjababy (Yngvild Sve Flikke)

«¡Muerte y destrucción!»

Rakel, protagonista de Ninjababy, hipermotivada por la situación.

Llega Yngvild Sve Flikke e intenta romper mis esquemas. No todas las ‹coming of age› son sobre adolescentes y tampoco todas las ‹coming of age› actuales son realizadas por directores debutantes. Pero la directora de Ninjababy ha decidido romper unas cuantas barreras extra con esta comedia desacomplejada, irreverente y apasionada. Todo tremendamente nivelado.

Volviendo a ese tema de la falsa madre perfecta fanáticamente feliz con su recién adquirida condición materna que se sigue vendiendo desde las redes sociales de ‹influencers› o en las entrevistas a doble página realizadas a ‹socialités›, hechos que son espejo de lo que siempre se ha dicho/oído en el cine, la televisión y el corrillo de la frutería, no dejan de levantarse mujeres en esos medios para aclarar que no, para nada, lo idílico es improbable y agotador. Centrándonos en el cine, nuevas voces deciden experimentar con el drama ligero que se relaciona con los pasos en falso de las primerizas, como también encontramos a quien decide tratar lo del miedo literalmente y lo transforma en puro artefacto de género. Pero está bien esto de aglutinar el terror y el paso en falso en una comedia. Este es el germen de Ninjababy: una mujer que no quiere ser madre y ya no lo puede evitar.

Rakel, una chica joven sin un futuro claro que disfruta dentro de su pequeño caos, dibujando su propio punto de fuga, con relaciones esporádicas y sin nada que le ate, que comparte piso, dice las cosas tal como le vienen a la cabeza y ha encontrado a alguien que huele a mantequilla. Una joven muy especial, específica y con la que fácilmente muchas se sentirán conectadas, pero que ya comparte hilo umbilical con alguien, y no somos nosotras, y ella no lo sabe. Ninjababy tiene el placer de presentar a alguien que todavía no ha decidido madurar en su plenitud enfrentándose a un problema con el que ni siquiera jamás imaginó encontrarse, y para ello decide romper una lanza en favor de la absoluta ausencia de instinto o deseo maternal. Rakel tiene un sprint por delante difícil de superar.

Sin grandes dramas ni alardes moralistas, la película se mueve en el día a día de una joven perdida en su propio abismo, que antes de romper a llorar o desesperarse, busca una salida aceptable tanto para ella como para la criatura que viene. Madurar a hostias también se podría decir. Para ello nos encontramos al verdadero ninja-bebé, ese al que dibuja y va interaccionando con ella, en una conversación entre una mujer hecha un lío y una especie de adolescente rebelde que todavía no tiene siquiera pañales. Aunque a estas alturas cualquier película te convencería del innegable vínculo maternofilial, o del futuro súcubo diablesco que saldrá de entre sus piernas, Ninjababy encuentra otro camino, donde se amplía el rango de opinión y podemos disfrutar de la sociedad noruega y sus filias y fobias sobre los hijos, desde la terapia grupal de futuros padres adoptantes, donde se afila el cuchillo con un discurso en contra del esnobismo de quien quiere elegir, o las clarividentes experiencias casi religiosas que se asocian a la maternidad, así como la figura del padre, que vive inesperadamente (y la vez porque es la perorata más veces oída) un camino diametralmente opuesto al de Rakel ante esta nueva vida que viene al mundo. Aunque en cierto modo a quien le cogí cariño es al ¿posible nuevo novio? de ojos tiernos que sabe estar ahí sin juzgar lo que no se le pregunta para que la protagonista también aprenda a respirar.

Ajena a complejidades y con una gran actuación por parte de Kristine Kujath Thorp, Ninjababy se sale de la zona de confort y sabe tratar un tema archiconocido desde una perspectiva vital y atronadora, resaltando necesariamente ese mantra que deberíamos escuchar más a menudo, y es que nadie deja de ser un absoluto desastre de un día para otro, y que lo ideal no es siempre lo deseable. El film afronta un final valiente que pasa de ñoñerías pese al drama, al mismo tiempo que ignora lo bucólico y clarificador en favor de la naturaleza de cada uno, siendo Ninjababy un alegato de franqueza y madurez adquirida, sin que por ello lo preestablecido sea lo adecuado, reflotando simpatía donde muchos se echarían las manos a la cabeza.

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