Mope (Lucas Heyne)

Que Mope, debut del estadounidense Lucas Heyne, resulte una película más desconcertante que satisfactoria, debe entenderse por lo dubitativo e incierto de su tono. Pese a contar con unos ingredientes tan anómalos y potentes (una grotesca y sangrienta historia real ambientada en el sórdido contexto de la industria pornográfica contemporánea), su director no acierta a combinarlos de un modo coherente y cohesivo prácticamente en ningún momento, haciendo que la narración bascule de un registro al opuesto para incomodidad del contrariado espectador, que no termina de decidirse si debe tomarse en serio o no a unos personajes marcados por un patetismo tan extremo y doloroso. Infiero que la principal guía de Heyne apuntaba al cine de los hermanos Coen, maestros, como han demostrado a lo largo de su filmografía, a la hora de ilustrar las debilidades y miserias humanas mediante tramas criminales atravesadas por un sutil humor negro, y en las que el factor humano nunca dejaba de resultar primordial y verosímil. En Mope, el tono de farsa cáustica del inicio (a ratos excesivo e ineficaz) choca con la deriva psicológica y nihilista de su tercer acto, como si Heyne se hubiera percatado tarde de las implicaciones dramáticas de la historia que tiene entre manos.

No obstante, en la escena de apertura, turbia e intrigante, estaba la clave de hacia dónde tirar: un espacio en el que la filtración del elemento cómico no mermara el potencial perturbador de la propuesta. Sin embargo, pronto cede a un dibujo de los arquetipos y figuras de la industria pornográfica que bordea la caricatura, pese a que se adivina un trabajo de documentación notable detrás. En este sentido, y si de lo que se trata es de hacer humor con todo lo que rodea a este tema, mejor recuperar la vitriólica Orgazmo. El elemento más perjudicado en esta mencionada indecisión tonal es el retrato humano de los dos protagonistas, que desfilan por la pantalla luciendo una estupidez tan supina que se diría descabellada, y cuya filiación a ultranza al mundillo del porno no termina nunca de entenderse o, simplemente, de creerse, especialmente en lo que atañe al personaje que interpreta Nathan Stewart-Jarrett. Cuando la película se decide a ahondar en la naturaleza humana de los susodichos (en su dolor y aspiraciones), ya es un poco demasiado tarde para terminar de conectar con ellos.

Dicho esto, sería injusto negar que Mope funciona, si bien no de modo muy sutil, como ilustración de ese Sueño Americano tornado en pesadilla, en este caso desnudando, por una parte, la misoginia, el racismo y la violencia que subyacen en la industria pornográfica (o pornotrágica, en el caso que nos ocupa) de hoy en día, y, por otro, la naturaleza materialista y enfermiza de una sociedad que cifra el éxito en base al sexo, el dinero y el poder (y cuya mercantilización del cuerpo femenino arrastra la concepción de lo sexual hacia presupuestos cada vez más denigrantes y deshumanizadores). También, en una vertiente que la película de Heyne se esfuerza por abordar, aunque nunca llegue a redondearse, nos encontramos ante una extravagante historia de amistad traicionada, que en sus mejores momentos sí logra reflejar con cierta emotividad convulsa la unión afectiva de dos perdedores abocados a pudrirse en los márgenes de la sociedad, sin lograr que sus anhelos y aspiraciones lleguen a cumplirse.

Mope es, por todo ello, una película extraña. Cómica en su apariencia, pero enormemente triste y deprimente en su fondo, uno siente que hubiera funcionado mejor como documental, o acaso como thriller sórdido sin asomo de comedia, tal como hizo recientemente un true crime espléndido como la miniserie El asesinato de Gianni Versace, en la que también se ponía el foco en un personaje consumido por sus sueños de grandeza y completamente enajenado de la realidad. Sin embargo, el producto final, por desigual que sea, tampoco es desdeñable. Lo singular del entorno retratado (en el que prima lo desagradable), así como ciertos hallazgos expresivos y la conciencia de estar asistiendo a la crónica ficcionada de unos hechos que ocurrieron realmente, bastan para hacer de Mope un filme lo suficientemente interesante como para que su discurrir resulte siempre ameno y distraído. Además, deja constancia del estado de pobreza espiritual en el que nos hallamos, por lo que, pese a las dudas suscitadas, es un debut que consigue llegar a un lugar relevante, haciendo que entre tanta parafilia sexual y tanta conducta aberrante se deslice una capacidad de diagnóstico del presente que merece tenerse en consideración.

Puedes ver Mope en Filmin:

https://www.filmin.es/pelicula/mope

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