La alternativa | Annie (John Huston)

Este fin de semana se ha estrenado en nuestros cines, un nuevo «remake» de Annie (2014, Will Gluck, Estados Unidos), célebre musical de Broadway y del West End, creado en 1977 por Thomas Meehan (libreto), Charles Strouse (música) y Martin Charnin (letra), y que ha sido llevado al cine y la televisión en varias ocasiones. De igual modo, la obra original se ha representando en muchos países; en España se estrenó, por ejemplo, una versión del musical en 1981. Las diferencias más destacadas de esta adaptación con respecto a otras versiones, mucho más fieles al original, se centran en un reparto principal compuesto por actores y actrices de color —el rol de la huérfana Annie está interpretado por Quvenzhane Wallis, la pequeña que se hizo mundialmente famosa entre la cinefilia mundial por su entrañable papel en Bestias del Sur Salvaje (2012, Benh Zeitlin, Estados Unidos), y su “papá” adoptivo por el inefable Jamie Foxx—; también en la ambientación de la historia, que cambia la América de los años 30 del original por la época actual. Además, el rapero Jay-Z interviene en la banda sonora. Como alternativa a este nuevo estreno, presentamos en esta ocasión la adaptación que realizó el cineasta John Huston en 1982 de este musical: Annie (1982, Estados Unidos).

Annie

Los años 80 no fueron demasiado buenos para los grandes directores del cine clásico, que se sentían fuera de lugar o simplemente elegían proyectos para continuar haciendo cine con resultados, tanto en el ámbito de la crítica como del público, no demasiado positivos o atinados. Muy pocos consiguieron reciclarse a los nuevos tiempos —el resto, terminó dirigiendo obras mediocres o por debajo de su talento o simplemente se retiraron—; sin embargo, John Huston fue de los pocos realizadores que todavía a finales de los 80 era capaz de regalarnos films espléndidos como Dublineses: Los muertos (1987) o El honor de los Prizzi (1985), sumamente arriesgados como Bajo el Volcán (1984) o Sangre Sabia (1979). Sin renunciar al cine “palomitero” o de entretenimiento nos ofreció además (con mayor o menor fortuna) títulos de culto tan celebrados entre la cinefilía más militante como Evasión o Victoria (1981) o Phobia (1980), uno de los pocos films como actor de Paul Michael Glasser, el famoso Starsky televisivo y una auténtica “rareza” dentro de la filmografía de Huston.

Sin embargo, por su versión de Annie, Huston recibió en su momento no pocos varapalos. Considerado como uno de sus films más malditos o poco apreciados, ocupa un lugar destacado por tanto en esa pequeña colección de excentricidades del maestro como La Burla del Diablo (1953), El último de la lista (1963), Casino Royale (1967) o Sólo Dios lo sabe (1957), films que no recibieron el favor del público y/o de la crítica, pero adorados por un pequeño grupo de galos… perdón, de cinéfilos.

Tengo que confesar que mi recuerdo de la película era nefasto de cuando la vi por primera vez proyectada en un cine; sin embargo, tras una reciente revisión tengo que decir que, sin parecerme para nada una de los mejores películas de Huston, mi opinión sobre el film en cuestión ha dado un giro de 180 grados: no sólo me parece una película realizada con esmero y cariño por el Maestro sino que además se me antojó como un bonito homenaje al musical clásico norteamericano, desde La Melodia de Broadway (1929) pasando por el cine de Fred Astaire o Gene Kelly y por supuesto por las películas de Shirley Temple. La puesta en escena (ambientación, decorados, fotografía, movimientos de extras) de los números musicales me pareció espectacular, tanto los grupales como los interpretados por un sólo actor/actriz, como es el caso del estupendo monólogo de la gran Caroll Burnet (que interpreta a Miss Hannigan, dueña del orfanato: una desaliñada mujer, borracha, mezquina, amargada y ninfómana frustrada a lo Thelma Ritter) en la que confiesa lo poco que le gustan los niños. Para una generación de niños de los 70, Caroll Burnet nos hizo gozar y reír con su fabuloso show televisivo, que fue emitido con gran éxito por Televisión Española, programa de atinados e hilarantes sketches de humor; inolvidable en su personaje de limpiadora de los estudios de televisión, muchísimos años antes que Doña Paca (Miguel Caiceo).

Annie

También está maravillosa Ann Reinking, que en algunas ocasiones recuerda bailando a las grandes “piernas” del musical americano como Cyd Charisse o Eleanor Powell; una actriz no demasiado conocida y muy desaprovechada en el cine que protagonizó algunas discretas comedias de los 80 como Miki y Maude (1984) con Dudley Moore y estaba también espléndida en All That’s Jazz (1979) de Bob Fosse. Y en un rol bastante secundario un dúo formado por Tim Curry y Bernadette Petters, que también se lucen bastante, aunque de nuevo nos encontramos con un par de actores desaprovechados por el cine. En el caso de Curry, ha hecho bastante films por debajo de su talento —siempre será recordado por su rol en The Rocky Horror Picture Show— y en el de Petters, protagonizó un año antes un musical maldito de Herbert Ross, Pennies for Heaven, un film a reivindicar y que os invito a descubrir ya que os asombrará; con el tiempo se ha convertido en una película de culto no sólo por fans del musical sino del cine en general. Sin embargo, la Petters no ha hecho demasiado películas y las pocas que ha realizado no demuestran su amplitud de registros o la gran actriz que es.

Quizá uno de los grandes problemas de Annie resida en que es un musical en el cuál hay muy pocas partes dialogadas, es decir tiene muchas canciones y bailes, algo que obligó a subtitularlas o, como sucedió en España, que fueron dobladas por parte del reparto de la versión teatral española para hacerla más “accesible al público”, algo que no suele dar buenos resultados (véase por ejemplo la versión doblada de El fantasma de la ópera (2004) de Joel Schumacher ). Aunque el trabajo de doblaje es bueno y esforzado, ver la película en versión original potencia muchísimo el interés y la calidad del film, ya que todo el elenco actoral (encabezado por un espléndido e inspiradísimo Albert Finney, como Oliver Warbucks, un poderoso multimillonario, a medio camino entre Don Limpio y Kiko Matamoros, cascarrabias, egoísta y siempre muy ocupado) está sencillamente genial. Es posible que el mal recuerdo que tenía del film se deba a que lo vi doblado.

Algo parecido me ha sucedido con Aileen Quinn, la cría que interpreta a la pelirroja huérfana, protagonista de la película; tenía el recuerdo de una niña estomagante, absolutamente insoportable; y sin embargo, en esta nueva revisión me pareció que la niña estaba realmente bien y muy adecuada a su papel. Por supuesto, no llega a desprender el encanto de una Shirley Temple pero la cría canta muy bien y cumple perfectamente con su rol, resulta bastante convincente y soportable.

Annie

Sí es cierto también que la trama del musical original, y por tanto de la película, no nos permite demasiadas sorpresas; es muy convencional y sobre todo bastante previsible. Inspirada en unas tiras cómicas, Little Orphan Annie, creadas por Harold Gray, se trata de una copia más o menos descarada del clásico de Dickens Oliver Twist o en su defecto de la mayor parte de los films de Shirley Temple, es decir la pequeña pizpireta, rebelde pero con buenos sentimientos, que consigue que un adulto (puede ser un abuelo, un anciano general, un padre o una familia entera) egoísta y gruñón se convierta en un corderito por la influencia de la niña, que con frecuencia suele ser huérfana, adoptada, la nieta/hija de la hija repudiada, etc. Por lo tanto, el film se soporta bien debido a los números musicales, las canciones y algunos momentos de humor, pero es cierto que la trama va perdiendo fuelle e interés conforme avanza ya que resulta previsible y convencional, aunque la persecución final está narrada con buen pulso y mano maestra por parte de Huston.

Annie de John Huston no es un film para nada desdeñable, pero en la que éste no aporta nada nuevo, ninguna visión personal de la historia; se limita a adaptar con la escrupulosa fidelidad el original teatral, y en la que sólo se aprecian destellos de ingenio a la hora de la puesta en escena de los números musicales (o en alguna secuencia de acción), que funcionan como un sincero y bonito homenaje al musical clásico norteamericano, en los que Huston echa el resto: I Think I’m Gonna Like It Here (en el que Annie celebra con todo el servicio de la casa cuánto le gusta su nuevo hogar), We Got Annie (en el que todo el servicio de la casa se congratula de lo bien que se sienten todos con Annie en la casa) o Let’s Go To The Movies (espectacular número en el que Annie va con su nueva familia al Radio City Music Hall para ver una película de Greta Garbo, Camille/La dama de las camelias); estos dos últimos fueron creados especialmente para la película, ya que no aparecían en la versión teatral y se nota especialmente la mano maestra de Huston en ambos y el homenaje es más que evidente a ese cine de antes.

Por lo tanto, y como consecuencia de todo lo anterior, ese aire de musical clásico «avant la lettre» terminó jugando en su contra ya que en plena movida ochentera, Annie resultaba anacrónica y pasada de moda. Nada que ver con Grease (1978) o con Flashdance (1983), los grandes éxitos musicales de los 80. El tiempo ha puesto quizá a Annie (1982) en su justo lugar.

Annie

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