Ixcanul (Jayro Bustamante)

A las faldas de un volcán en una pequeña región de Guatemala se alza una localidad dedicada a trabajar con los cafetales. Entre sus habitantes se encuentra María, una chica prácticamente recién salida de adolescencia que ahora debe afrontar un nuevo paso en su vida: casarse con un hombre al que no quiere, sólo por propia conveniencia de sus padres. Una terrible noticia que choca con el deseo de su joven amigo El Pepe por probar la unión de sus respectivos cuerpos.

Ixcanul, película guatemalteca que dirige y escribe Jayro Bustamante, fue una de las sorpresas de la Berlinale, circunstancia perfectamente entendible una vez contemplamos el poderío de sus imágenes y el acierto que desprenden sus escasos diálogos. Bustamante sabe mantener el pulso narrativo a lo largo de los 100 minutos de film, lo cual no sería tan reseñable si no fuera por lo inhóspito del escenario, que en un principio no parece invitar a realizar demasiadas maniobras desde un punto de vista puramente argumental.

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Aunque Ixcanul no es una cinta basada especialmente en los silencios, sí es cierto que mantiene una clara predilección por no resultar cargante con burdos diálogos y contar lo máximo posible a través de la imagen, siendo de especial ayuda una fotografía que no da lugar a grandilocuencias pero resulta efectiva y muy acorde a los acontecimientos que se narran; véase aquí la escena de la borrachera, perfectamente enmarcada en una situación que requería ser tratada con suavidad. Mediante este tipo de técnicas, Bustamante va dando forma a personajes que están muy marcados (a excepción del pretendiente, cuya malicia se expresa sólo a través de sus pretensiones y no en su propio carácter) pero cuyas motivaciones son atrayentes.

Lo que no resulta tan excepcional es comprobar una excesiva frialdad por parte del cineasta a la hora de afrontar los decisivos giros en el argumento. Ixcanul hace gala de una sobria puesta en escena, eso es indudable, pero resulta más que difícil terminar penetrando en esa atmósfera que nos propone, especialmente cuando toca comprender la evolución que experimenta el personaje de María, en exceso lineal pese a tocar una temática tan cruda. En este sentido, Bustamante abusa un poco de su preferencia por lo conciso, quiere alejarse tanto de cualquier sobreexplicación que al final lo que hace es librar a su película de un componente emotivo que seguramente habría sido capaz de poner la guinda a un pastel excelentemente presentado.

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De esta circunstancia también participa un recelo por lo explícito que queda bien reflejado en un desenlace plausible, pero al que se llega por la vía de un cierto desconcierto que, en cualquier caso, está claramente buscado por parte de su director. Es imposible no mencionar aquí lo bien filmadas que están aquellas escenas teóricamente duras, evitando los planos cortos que pudieran enturbiar el seco ambiente que se refleja; aquí Bustamante sí acierta de pleno al separarse lo máximo posible del apartado más profundo de sus personajes, ya que ello da pie a construir un escenario que goza de un carácter tan realista como cercano al espectador.

Con todo lo dicho, no es ninguna mentira afirmar que Ixcanul es de esas películas que sin duda mejorarían con un segundo visionado, el cual ayudaría a captar no los detalles argumentales que la obra presenta (cuyo guión no es nada enrevesado), sino la pericia de su director para transmitirlos, una vez despojados de la sensación de frialdad que nos acomete su estilo en un primer visionado. En cualquier caso, también es una cinta disfrutable al verla sin un bagaje previo, al saber introducirnos en un escenario tan peculiar como atractivo, que se convierte en el verdadero protagonista de la película.

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